lunes, 18 de mayo de 2009

4 de Marzo de 1929


Creación del Partido Nacional Revolucionario

Los priístas festejaron su aniversario, reclamaron su crédito histórico en la preservación de las instituciones nacionales y censuraron a quienes dicen que su posible triunfo en los comicios de este año significaría un regreso.
La verdad es ue su tradición los condena. Iniciaron con un fraude contra sí mismos.
La asamblea del PNR arrancó el 1 de marzo de 1929, se iba a discutir su programa, estatutos, sus principios, y desde luego la candidatura presidencial. El candidato favorito, el más popular era el obregonista Aarón Sáenz. Todo Querétaro estaba tapizado de su propaganda. Pero faltaba la consigna de Calles, y ésta llegó y de un día para otro cambió el voto de los delegados. El saenzismo se volvió minoría. El 2 de marzo la propaganda saenzista fue sustituida por la de Pascual Ortiz Rubio y la asamblea se declaró ortizrubista. Esto provocó que Sáenz y sus partidarios se retiraran y el levantamiento escobarista que estalló el 3 de marzo.
Pero faltaba la elección nacional y a la candidatura de Ortiz Rubio se opuso la de José Vasconcelos. Toda la campaña vasconcelista fue una sucesión de eventos represivos (disolución violenta de mítines, asesinato y persecución de partidarios, sabotaje de reuniones, etc.). Y al final, se declaró el triunfo de Ortiz Rubio, el primer fraude del PRI. Todavía algunos meses después de consumado el fraude, el 14 de febrero de 1930 se produjo la matanza de Topilejo contra partidarios de Vasconcelos.

Recordar que con el PRI, antes PRM y antes PNR nació: la cuota obligatoria de la burocracia para sostener el partido. La cláusula de exclusión de los sindicatos. El dedazo, el tapado y el sobre lacrado. Los acarreados, la cargada, en fin... la tradición antidemocrática del porfirismo, institucionalizada. Dos libros para conocer ese período, el de Gonzalo N. Santos, sus "Memorias", y el de Mario Guerra Leal, "La Grilla".

Otra fecha es el 6 de julio de 1940, la sucesión de Lázaro Cárdenas. El general Juan Andreu Almazán amenazaba la hegemonía del PRM, pero se puso todo en juego para que ganara Manuel Avila Camacho.
Como la ley electoral vigente entonces determinaba que el partido que llegara primero a las casillas era el que se quedaba con el control de éstas, y como los almazanistas realmente se movilizaron para madrugar, grupos de pistoleros bien organizados se hicieron presentes en todo el país a lo largo de la jornada, recuperando por la fuerza los lugares de votación, provocando enfrentamientos a balazos, y finalmente, robándose las urnas.
Recordaba el general Donato Bravo Izquierdo: “A las 10 de la mañana, 90% de las casillas estaban en poder de almazanistas, pero a las 12 del día, los avilacamachistas tenían 90% de las urnas en su poder”.
Cárdenas mismo, cuando intentó votar, se encontró con que la casilla que le correspondía estaba llena de almazanistas. Entonces ordenó su desalojo a Gonzalo N. Santos, y apenas si dio tiempo de limpiar el lugar de sangre con mangueras para que saliera la foto de él votando "democráticamente".

Escribió Santos al respecto:
"Me encaminé a las calles de Juan Escutia, habiendo convenido que yo atacaría la casilla donde estaban los almazanistas. En esta acción había yo concentrado las viejas ‘Thompson’ que empleé en varias luchas contra los cristeros y vino el agarrón. Pronto sobraron muchos sombreros de los almazanistas que defendían la casilla. La Cruz Roja cargó con muertos y heridos, luego que llegaron los bomberos les di instrucciones para que ‘cañonearan’ a manguerazos pisos y paredes hasta que no quedara una sola mancha de sangre... Tan luego como terminó el aseo... llegó el presidente Cárdenas, y solemnemente depositó su voto. Me dijo: ‘Qué limpia está la calle’. Yo le contesté: ‘Donde vota el presidente de la República no debe haber basurero’. Se sonrió, me estrechó la mano y subió a su automóvil.
“Ordené a los improvisados miembros de la casilla que llenaran la nueva ánfora de votos, pues iba a ser inexplicable que en la ‘sagrada urna’ electoral solo hubiera un voto: el del general Cárdenas. Yo les dije a los escrutadores: ‘A vaciar el padrón y rellenar el cajoncito y a la hora de la votación no me discriminen a los muertos pues todos son ciudadanos y tienen derecho a votar’.

El hecho es que ese 7 de julio, el centro de la Ciudad de México se convirtió en un verdadero campo de batalla.
“Los balazos se escuchaban por todas partes –recordaba tiempo después Jesús M. Lozano, reportero del periódico Excélsior-. Los quirófanos y camas repletos de heridos; muchos agonizantes. En el patio, en el suelo, heridos y cadáveres. Espectáculo inenarrable e inolvidable. Sangre, mucha sangre.
“Quienes podían hablar, informaban: ‘Nos balacearon frente a La Nacional’. Otro: ‘A mí en Bellas Artes’; el siguiente: ‘A mí en El Caballito’, y otro más: ‘En La Villa’. Era un abanico de muerte sobre la ciudad” (Excélsior, 4-VII-85).
Sólo en el Distrito Federal hubo ese día, según estimaciones oficiales, 30 muertos que, sumados a los que hubo en la provincia, llegaron a los 200 muertos.
Recordaba Gonzalo N. Santos que después de sus "hazañas", después de haber estado "arrebatando las ánforas, volteando las mesas electorales patas arriba y dispersando a los dirigentes de las casillas a como diera lugar", se dirigió a hablar con Avila Camacho y le contó lo que había hecho, sin omitir detalle ni siquiera de la orden a los miembros de la casilla para que votaran ‘los fieles difuntos’. Don Manuel sonrió francamente y se veía muy contento (...) y dirigiéndose al general Jara, le dijo: ‘Aquí están en la antesala los reporteros de la prensa, hágales usted una declaración, a nombre mío y de usted, de que el senador Santos no ha salido en todo el día del Partido, donde nos ha estado acompañando a mí y a usted’”.

Habida cuenta de las elecciones del 29 y 40, las de 1946 fueron más sofisticadas en las formas. Para empezar se aprobó por los priístas una ley electoral que les daba el control de las elecciones, su organización, calificación y vigilancia. Luego Avila Camacho llamó a todos los precandidatos y les dijo que el candidato era Miguel Alemán, y les pidió retirarse. Al único candidato opositor de ese año, Ezequiel Padilla, se le descalificó de todas las maneras, y después de las elecciones, como él se fue a los Estados Unidos, se compró a sus partidarios. "Fraude con orden" le llamó Padilla.
Las elecciones de 1952 no fueron la excepción. Fueron candidatos Miguel Henríquez por la oposición al PRI, y por éste Adolfo Ruiz Cortines. Infinidad de incidentes para impedir la campaña de la oposición. Les ponían tachuelas en las carreteras para impedir el paso de los carros, inundaban las pistas aéreas para que no pudiera aterrizar Henríquez. En Nayarit el Gobernador ordenó la suspensión de todos los servicios, y en Oaxaca se metió a la cárcel y se impuso cuantiosa multa a los campesinos que se declaraban henriquistas. Desde luego hubo muertos y heridos. El colmo, el ferrocarrilero Francisco Mercado, lo mataron los priístas, se robaron el cuerpo y lo enterraron con honores diciendo que eran un "mártir" priísta. De nada sirvió que los henriquistas mostraran su credencial de militante, ni la foto mostrando a Corona del Rosal y a Jesús Yurén disparando contra la multitud antigobiernista.
Tan pronto se efectuaron las elecciones Alemán habló con Henríquez, le propuso un cargo en el siguiente gobierno, la mayoría del Congreso y recursos para su partido si aceptaba su derrota. No aceptó, y entonces se desató la represión. El 7 de julio, cuando los henriquistas estaban festejando su triunfo en la avenida Juárez, frente a la Alameda, una carga de caballería, tanques y tanquetas, soldados, agentes y todas las policías, arremeten contra la masa inerme dejando un saldo de poco más o menos 500 muertos e infinidad de heridos y detenidos... Y a partir de ahí, la persecución se recrudeció. Se llegó al extremo de proscribir la militancia henriquista. Sr les quitó su registro en 1955.

Luego de esas elecciones, todo marchó sin problemas. El PRI creó dos partidos satélites, el PARM y el PPS, para aparentar democracia, y el PAN no representaba ningún problema porque siempre votaba "a modo" del PRI. Luego crearon los diputados de partido para que entrara una minoría opositora al Congreso, se corrompía a los líderes "opositores" y a los que se negaban se les reprimía y se les encarcelaba.
Por los años 60, en el gobierno de Díaz Ordaz, contaba el general Juan Barragán que siendo candidato del PARM a diputado por San Luis Potosí, perdió la elección. Muy decepcionado regresó de allá, con el acta del cómputo que arrojaba solo 600 votos en su favor, y fue a mostrársela a Luis Echeverría, en ese entonces secretario de Gobernación, el que cuando tuvo el documento enfrente, al tiempo que sacaba la pluma y le añadía un cero, tranquilamente le dijo: “Está usted equivocado mi general; no ha visto bien, usted tiene 6 mil votos, no 600”. Y lo hizo diputado.
Mario Guerra Leal, relata en sus memorias que le propuso a López Mateos crear el Partido Nacional Anticomunista, obviamente para ayudarlo. Le gustó la idea y le fijó un subsidio.
Poco después, dice que formó otro partido, el Demócrata Cristiano, a petición del entonces secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, quien temía que los sinarquistas crearan un partido con ese nombre que fuera de verdadera oposición.
Y dice que luego, cuando Díaz Ordaz fue destapado candidato, en 1963, lo volvió a llamar y le pidió ser candidato para obligar al PAN a lanzar candidato y contrarrestar al del Frente Electoral del Pueblo, que era izquierdista.
“Yo no tengo la edad que exige la Constitución, y además mi mamá era guatemalteca", le advirtió.
"Los impedimentos de que me habla no tienen nada que ver, nadie se va a ocupar de averiguar eso, y por otra parte, no va usted a ser presidente, a menos que piense ganarme", y soltó la risa.
Sólo unas cuantas anécdotas.

1 comentario:

Celso Noval dijo...

La Verdadera historia de México.
Que bueno que los buenos escritores no se venden y no alteran los hechos.