lunes, 18 de mayo de 2009

5 de febrero 1917

ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCION
Su antecedente, el Plan de Guadalupe. El 26 de marzo de 1913, cuando se discutía el contenido del “Plan de Guadalupe”, encabezando a un grupo de jóvenes oficiales, Francisco J. Múgica le espetó a Venustiano Carranza el carácter exclusivamente político del documento, se le encaró y le preguntó: “¿Dónde están los puntos concretos acerca del problema de la tierra, de los obreros y de la educación?”, es decir, el contenido social, y no simplemente vengar la muerte de Madero o restaurar el orden constitucional. Y luego, cuando el Primer Jefe trató de explicar que más importante era en ese momento conseguir el derrocamiento de Huerta, argumentando que una revolución del corte de la que le pedía necesitaba, al menos, de una guerra de dos a cinco años, pues “los terratenientes, el clero y los industriales son más fuertes y vigorosos que el gobierno usurpador”, Múgica le respondió: “¡Hay aquí, señor, suficiente valor y juventud para dilapidarla, no sólo cinco años, sino diez si es preciso, para llegar al triunfo!”.
Al final, no se aprobaría el proyecto de Plan elaborado por Carranza; se haría otro, que redactaron entre Múgica y Aldo Baroni, y este sí fue firmado por todos los oficiales presentes, con la promesa de don Venustiano de formular el programa social al triunfo de la causa.
Fueron las adiciones al Plan que Carranza adicionó en Veracruz al texto original. Porque esa fue la condición que le puso el grupo Sonorense, que empezaba a formarse, para apoyar la revolución constitucionalista.
Carranza dijo textualmente, en su famoso discurso pronunciado en Hermosillo el 24 de septiembre de 1913: “El Plan de Guadalupe es un llamado patriótico a todas las clases sociales, sin ofertas ni demandas... Pero sepa el pueblo de México que, terminada la lucha armada a que convoca el Plan de Guadalupe, tendrá que principiar formidable y majestuosa la lucha social, la lucha de clases; queramos o no queramos nosotros mismos y opónganse las fuerzas que se opongan, las nuevas ideas sociales tendrán que imponerse en nuestras masas... No es el sufragio efectivo... es algo más grande y más sagrado: es establecer la justicia, es buscar la igualdad, es la desaparición de los poderosos... Tendremos que removerlo todo. Crear una nueva Constitución cuya acción benéfica sobre las masas nada ni nadie pueda evitar”.
Esto era un vuelco en las metas de revolución iniciada por Madero, hecha en nombre del sufragio efectivo, y una reivindicación de la revolución magonista.
De hecho todos los que impulsaron estas adiciones al Plan de Guadalupe primero y que integraron la corriente radical del Constituyente después, fueron miembros del Partido Liberal Mexicano o por lo menos lectores de Regeneración. A ellos se deben los primeros repartos agrarios, las primeras leyes del trabajo, la cláusula social del “Pacto de Torreón” entre Francisco Villa y Venustiano Carranza, las iniciativas avanzadas de la Convención de Aguascalientes, así como las decisivas adiciones que se le hicieron al propio “Plan de Guadalupe” en diciembre de 1914, que derivaron, a la postre, en varios decretos y leyes carrancistas y en la incorporación de muchas de las causas que animaron el magonismo, del programa del PLM, en la Constitución del 1917.
Ni un solo día de la contienda dejaron de insistir en lo mismo. Por eso, cuando estuvo comisionado en Tamaulipas, Múgica fue el ejecutor, junto con Lucio Blanco, del primer reparto agrario en el norte del país. Y por eso en 1938 fue el principal impulsor, si no es que el autor real de la expropiación petrolera.

Esa fue también la causa del conocido el antagonismo entre Carranza y Alvaro Obregón, y la división del Constituyente en liberales “renovadores” y socialistas “radicales” o “izquierdistas”. Obregón fue el primer caudillo de la izquierda. Para hacer evidente su liderazgo, y aunque no participó en la redacción de los artículos constitucionales, Obregón fue muy obvio en hacer ostentación de su apoyo personal al grupo “radical”, haciendo frecuentes y estratégicas visitas a Querétaro durante el Constituyente.
Su vínculo más directo con los diputados era el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), formado en 1916 por él mismo y por un grupo de civiles y militares. Y se asegura que fue Obregón, incluso, el autor de ese nombre: que recomendó lo de “liberal” para crear una cierta afinidad con la época de Benito Juárez y para identificarlo con el movimiento magonista, el del Partido Liberal Mexicano.
Los "radicales" eran los diputados sonorenses Luis G. Monzón, Juan de Dios Bojórquez y Rafael Martínez de Escobar, para informar del curso que seguían las discusiones. Y en cuanto a la presencia de Obregón en Querétaro, se sabe que viajó a ese estado por lo menos en tres ocasiones: cuando se discutió el contenido del artículo 3º, el 5º y el 27.
“Sin la influencia de Obregón –llegó a decir Bojórquez- y sin su apoyo decidido a los diputados radicales de Querétaro, otra hubiese sido la suerte de la Constitución. No hubiéramos tenido ni artículo 27, ni artículo 123, ni 115 ni 130. Es decir, se habría perdido lo fundamental de las reformas revolucionarias”.
El fuego entre unos y otros se abrió el primer día de las sesiones y duró hasta el último día del Congreso. Quisieron evitar la aprobación de las credenciales de los "renovadores", entre ellos las de Félix F. Palavicini y José Natividad Macías, pretendiendo excluirlos del Constituyente acusándolos de tibieza durante el cuartelazo contra Madero. Pero los apoyó Carranza y se quedaron.
La lucha fue dura. A causa de ella, fue cesado el ministro de Gobernación, por obregonista, Jesús Acuña, y hasta amenazó con renunciar el propio Obregón, en protesta. Sin embargo, Carranza rechazó.
Luego, cuando trascendió una carta que Obregón había enviado a los diputados, recomendándoles una actitud “intransigente” con respecto al artículo 3º, el presidente del Congreso, Luis Manuel Rojas, lo acusó de conspirar contra el Primer Jefe y contra la Revolución.
Obregón le respondió casi de inmediato a Rojas, negando los cargos, y se dio un conato de debate entre Obregón y Carranza, el primero cuestionando el papel de los “renovadores” durante el cuartelazo contra Madero, y el segundo, defendiéndolos, que finalmente y por fortuna, no pasó a mayores en ese momento.
Se ha dicho simplistamente que la Constitución fue la primera socialista o socialdemócrata y que los artículos más avanzados fueron obra del grupo radical.
Pero la lucha era entre dos visiones de liberalismo: una, representativa del criterio anglosajón en la política, que nos venía de la Reforma, y otra, ligada como hemos visto, a la experiencia revolucionaria francesa, incluidos los movimientos más radicales del período 1830-1871, cuyos antecedentes son a veces afiliados a un socialismo incipiente y hasta romántico.
Y tampoco es cierto que los artículos avanzados sean sólo de los "radicales".
No hay que olvidar que la iniciativa de protección a los obreros fue en buena medida obra de un “moderado”, de José Natividad Macías, uno de los más allegados a Carranza. Y fue Alfonso Cravioto, otro “renovador”, quien llegó a identificarse a sí mismo, y a los de su grupo, como “liberales por muchas influencias socialistas”.
Y Múgica, el verdadero inspirador de los artículos sociales, no pertenecía a ninguno de los dos grupos. Ni recibía instrucciones de Carranza, ni perteneció al grupo llamado “jacobino” que seguía las consignas de Alvaro Obregón.

Algo interesante y que casi no se sabe, es que en un momento dado, ambos quisieron sacarlo de los debates del Constituyente, pero acabaron dando marcha atrás.
En el caso de Carranza, según cuenta Magdalena Mondragón, enviándole una orden, en plenas sesiones, para que se fuera a Tabasco “a hacerse cargo de la entidad”, a lo que Múgica respondió encarando al Primer Jefe, poniendo a su amigo Jacinto B. Treviño por testigo, diciéndole: “Recibí su orden para que me traslade al estado de Tabasco. Como militar, inmediatamente cumpliré. He querido despedirme de usted antes de salir de Querétaro e invité al compañero Treviño, porque quiero que sea testigo de que yo le manifiesto a usted que la verdadera razón para alejarme del Congreso es que usted teme que yo derrote su proyecto de Constitución”. Con lo que provoca que Carranza, rompiendo el oficio con la orden de traslado, rectifique aseverando: “Puede usted volver a ocupar su curul, general”.
En el caso de Obregón, era tal su animadversión hacia Múgica, que le envió un telegrama también durante las sesiones, el 22 de noviembre de 1916, amenazándolo con procesarlo por “chismes” que le habían llegado, de que había “insultado públicamente a autoridades civiles y militares de Michoacán”. La respuesta inmediata de Múgica fue una reclamación. Le escribió a Obregón diciéndole no querer “que se juzguen mis actos de hombre serio y de general del Ejército” como chismes, y pidiéndole que se le abriera un proceso “en el que sabré poner las cosas en su debido lugar”. Obregón puso entonces punto final al incidente, enviándole otro telegrama asegurándole que eran “inexactitudes” los informes que previamente había recibido y que consideraba “absolutamente innecesario” abrir una averiguación.
Por el contrario, cuando Rafael Martínez de Escobar, por instrucciones de Obregón, lanzó su ofensiva para expulsar del Constituyente a los diputados llamados “renovadores” (Palavicini, Rojas, Macías, etc., que habían sido miembros de la Cámara maderista y a los que Obregón acusaba de “debilidad” frente al cuartelazo de Victoriano Huerta, pero que Carranza defendía), Múgica reclamó imparcialidad: “Proceder –dice- con entera independencia... porque nosotros, señores, antes del parecer de nuestros caudillos, muy respetables para nosotros y muy dignos de confianza, deben estar sobre todo nuestros principios, debemos ser hombres libres”.
Por eso Félix Palavicini, cabeza del ala carrancista, llamada “moderada”, lo llegó a reconocer como “el verdadero gran líder de la Constitución de 1917”. Y Juan de Dios Bojórquez, del grupo obregonista, dijo que “fue, sin lugar a duda, la figura más conspicua del Congreso... Ninguno lo superó en la tribuna defendiendo los más altos ideales del pueblo”. Y relataba cómo, al término de las sesiones, fue llevado en hombros hasta su domicilio por los constituyentes.

Más que la lucha entre “obregonistas” y “carrancistas”, lo relevante pues, en el Constituyente del 16-17, fue eso: el debate que se suscitó entre unos y otros sobre el cómo hacer realidad el liberalismo. Su discrepancia era en las formas. Una, la de los “clásicos” u “ortodoxos”, planteaba el liberalismo como fin y como medio, llegar a él de manera inmediata, sin que mediara un proceso, de golpe. Más cultos y más ilustrados, curiosamente fueron ellos los que citaron a Marx en sus discursos y los que acuñaron el término de “liberales socialistas” que decíamos arriba, para describirse. La otra corriente, la de los jacobinos o “radicales”, luchaba por el liberalismo como fin, pero planteaba que para llegar a él había que construir primero las condiciones para tenerlo, así fuera con medios no liberales. Partían ellos de la realidad mexicana: una sociedad controlada por el clero y los terratenientes necesitaba arreglar muchas cosas para entrar de lleno al liberalismo, porque de otro modo, las libertades beneficiarían, no a la mayoría ni a los más pobres, sino a una élite, a los privilegiados, a los ricos.
Por eso, el gran debate en el Constituyente no fue el agrario ni el obrero. Fue el del artículo 3º . Y las discusiones de aquellos días son interesantes porque explican en mucho, lo que nos pasó después.
Venustiano Carranza y los “ortodoxos”, defienden la libertad de enseñanza a secas. Francisco J. Múgica, que lleva la voz cantante en el grupo de los “radicales”, se pronuncia categóricamente por la enseñanza controlada por el Estado: “La enseñanza es indudablemente el medio más eficaz para que los que la imparten... engendren, por decirlo así, las ideas fundamentales en el hombre; y, señores diputados, ¿cuáles ideas fundamentales puede el clero imbuir en la mete de los niños?... No señores, haríamos una mala obra, una mala obra de inconscientes si no pusiéramos remedio desde hoy para evitar en lo futuro que nuestros asuntos se resuelvan por medio de las armas, sino que nuestras disensiones intestinas se resuelvan en la tribuna, en los parlamentos, por medio del libro, por medio de la palabra, por medio del derecho” .
Su argumento de fondo es que sin liberales, no puede haber liberalismo: hay que formar liberales pues; y hay que defender al liberalismo, aunque para conseguirlo se empleen medios que no sean ortodoxamente liberales.
José María Truchuelo defendió la posición “radical”, así: “La revolución constitucionalista se ha hecho en nombre del pueblo para combatir a los enemigos del pueblo... El clero, el ejército pretoriano y la aristocracia. El ejército pretoriano... fue destruido, fue desarmado y fue aniquilado por el constitucionalismo, como se extirpa un elemento contrario a las libertades públicas; la nobleza, representada por los científicos, fue también sepultada para siempre... y al clero, ¿qué se le ha hecho señores? Al clero, que aún cuando tenía sus restricciones, abusaba precisamente en nombre de la misma libertad, ahora vamos a permitir que tenga libertinaje, que oponga obstáculos y dentro de poco mate todas las libertades públicas?... Si la libertad no tiene restricciones, ¿a dónde llegamos? A hacer cada quien lo que le parezca... Ese es el concepto de la libertad del clero, de la libertad de instrucción clerical".
El debate fue intenso, apasionado. A veces hasta rudo. Desfilaron por la tribuna Luis G. Monzón, quien propuso que más que laica la educación debía de ser “racional”. Luis Manuel Rojas, que fungía como presidente de la asamblea y a la vez era la más alta autoridad masónica en ese momento, quien subrayó el carácter mayoritariamente católico del pueblo mexicano y se pronunció en contra del “jacobinismo”.

Al final, la mayoría votó por la tesis de Múgica. 99 en pro, contra 58. Y lo mismo fue con respecto a los artículos 5º, 27, 123 y 130, asignaturas que había dejado pendientes el Constituyente de 1857.

2 comentarios:

Elia dijo...

Tremendamente interesante. Gracias por compartirlo.

Don Librero dijo...

Te reto, cuando fue enviado el original de esa constitución al AGN?