lunes 18 de mayo de 2009

17 de Julio de 1928




Asesinato de Alvaro Obregón, presidente electo 1928-1934.

El asesinato de Alvaro Obregón se contextualiza en el tiempo de la guerra cristera y la lucha por el poder dentro del grupo Sonorense que arribó tras el derrocamiento de Venustiano Carranza.
Según los enemigos de Obregón, éste tenía planeado reelegirse interminablemente, igual que Porfirio Díaz. Según los enemigos de Obregón y Plutarco Elías Calles, ambos pensaban alternarse en el poder para instaurar una dictadura bicéfala. Y según los obregonistas, diversos factores mediaron para decidir al general Obregón a admitir que fuera lanzada su reelección. Una, fue el fracaso de la candidatura de Francisco Serrano. Pero el factor decisivo, según el mismo Obregón lo llegó a decir, fue el descubrimiento que entonces se hizo del pacto secreto concertado entre Calles y Luis N. Morones para entregarle el poder a la CROM, disolver el Ejército Nacional y reemplazarlo por un "Ejército del Proletariado" formado por batallones de los sindicatos cromistas.
Obregón fue pues, a la campaña, con la abierta oposición de Morones y de la CROM, y con a enigmática actitud de Calles, que según muchas versiones, se mostraba contrario a la idea de la reelección.
Fueron días difíciles, por un lado la guerra civil que dividía al país a consecuencia de la persecución religiosa, y por otro los enfrentamientos del grupo en el poder.
Morones y los suyos afirmaban con insistencia y sin recato que Obregón "no llegaría al poder". Y hubo un momento en que el líder obrero hasta llegó a amenazar públicamente diciendo que para impedir el triunfo de Obregón "se levantarían barricadas", de ser preciso.
El hecho es que la labor de zapa de los cromistas contra Obregón se mantuvo constante hasta la muerte del caudillo. Y los pataleos de Morones por obtener para sí la candidatura duraron hasta bien entradas las campañas.
Lo enconado de la disputa por el poder, la saña persecutoria contra los católicos, la Guerra Cristera, los ajusticiamientos de los candidatos antiobregonistas, en suma, todo el terror impuesto por Calles, más que allanarle el camino a Obregón parecían obstaculizarlo una y otra vez, pero además contribuían a exhibirlo como un feroz ambicioso que no reparaba en medios para llegar a su fin, de tal manera que se fue colocando en el ambiente, casi como algo inevitable, la necesaria desaparición del caudillo, y se empezó a temer la peor de las traiciones.
El día de las elecciones, el primer domingo de julio de 1928, Obregón permaneció en Navojoa, y ese mismo día empezó a planear su viaje a la Ciudad de México. Las comisiones que llegaban a felicitarlo insistían en los rumores de que sería asesinado a su llegada. Y sin embargo, una vez más hizo oídos sordos.
Cuando Obregón y sus acompañantes llegaron a México el 15 de julio, los rumores del inminente atentado eran tan abiertos, que hasta estaba en escena, en el Teatro María Guerrero, la revista “A ver si se sienta”.
Sólo dos eventos públicos tenía programado Obregón en la Ciudad de México, uno el día de su llegada, un acto multitudinario, y otro el 17, una invitación de la diputación guanajuatense a una comida en honor.
Dice Dulles que, pensando que en esas condiciones la asistencia del presidente electo a un banquete “era una imprudencia”, algunos de sus allegados, para evitar riesgos, inventaron una excusa; pero que intervino el secretario particular de Calles, Fernando Torreblanca, “e hizo los arreglos para que Obregón concurriera a la comida de ‘La Bombilla’”.
Ahí, en "La Bombilla" Obregón fue asesinado por José De León Toral, de quien oficialmente se dijo era un católico fanático que seguía ordenes del clero.
La verdad es que los obregonistas no creyeron esto, y el jefe de la Policía que ellos mismos obligaron a Calles a nombrar, para hacer las investigaciones, el general Antonio Ríos Zertuche, aseguraba que “las investigaciones... nunca revelaron que Toral hubiera actuado por órdenes del Clero y que la Iglesia Católica o los creyentes mexicanos, como gremio, tuvieran culpabilidad en el asesinato... De hecho, no hubo prueba alguna que hiciera imputable al Clero ni a la Iglesia Católica del magnicidio. En cambio, multitud de datos y evidencias concurrían a confirmar la responsabilidad de Morones y los primates de la CROM”.
Con el resultado de todas estas investigaciones, el jefe de la Policía llegó a dar la orden de que se alistara una compañía de policías armados para aprehender a Morones, sólo que llegó esto a conocimiento del general Calles, quien inmediatamente lo mandó llamar y le ordenó que como él consideraba que el crimen era de origen religioso y que nada tenía de político, debían encauzarse las investigaciones en tal sentido.
Calles le dijo a Ríos Zertuche, además, que tomara en consideración que la aprehensión de un miembro de su gabinete haría recaer responsabilidades sobre su gobierno y sobre él mismo, y que seguramente la intención de llevar adelante aquellas aprehensiones ocasionaría una crisis tremenda.
Aceptó entonces Ríos Zertuche dar contraorden en la aprehensión de Morones, pero pidió su relevo, a lo que Calles le contestó que su deber era disciplinarse así que debía entregar a la prensa unas declaraciones concluyendo las investigaciones había probado que la culpa del crimen de Obregón era del Clero y de los católicos.
En realidad sí había una conspiración para asesinar Obregón, por parte de algunos clericales, en concreto por la Liga de la Defensa de la Libertad Religiosa, que se dedicó a adiestrar a un grupo selecto de católicos en el manejo de armas, les impartió cátedras de historia, filosofía, política, religión, etc., y los convenció sobre la licitud del “tiranicidio” para “salvar” a la patria.
Según esta versión, hubo al menos dos intentos fallidos para asesinar a Obregón. Uno que consideraba minar el paso del ferrocarril donde viajaba el presidente electo, y otro de un grupo de mujeres, dotadas de agujas envenenadas, que tenían que acercarse a él y clavárselas hasta matarlo.
El más sonado fue el que involucró al padre Miguel Agustín Pro, el que dirigió el ingeniero Luis Segura Vilchis, el 13 de noviembre de 1927, y la supuesta participación del padre Pro se reducía a su amistad con Segura Vilchis. Hasta que finalmente José de León Toral logró consumar la directiva, supuestamente ayudado por otro sacerdote, e “iluminado” por el comentario de una monja, la madre Conchita, quien le habría dicho: “Quiera Dios enviar un rayo para Obregón, a Calles y al patriarca Pérez”, que los juzgadores interpretaron como la orden para el crimen.
Ahora bien, en cuanto a ésta última versión, es verídico que Carlos Castro Balda y la llamada Madre Conchita, sor Concepción Acevedo de la LLata, siempre sostuvieron que independientemente de que en ella nada había tenido que ver la monja, sí había existido una orden de la Liga para matar a Obregón, pues se consideraba que él mandaba a Calles y por tanto, que era el verdadero autor de la persecución religiosa.
“En primer lugar –solía explicar Castro Balda-, no fue asesinato sino ejecución. Y el asunto estuvo así: fue ordenado por el licenciado Miguel Palomar y Vizcarra que era el jefe militar e ideológico que teníamos en la Liga Nacional de la Defensa Religiosa. La orden la dio porque sabíamos que de volver Obregón a la presidencia, se iba a convertir en otro Oliverio Cronwell, quien en el siglo XVII asesinó en Inglaterra a Carlos I. Ahora bien, Cronwell fue un patriota porque nació en Inglaterra, pero en cambio, Obregón, que recibió la orden de los sionistas de Nueva York de asesinar a Carranza y devolverles así todo lo que les habían quitado a partir de la Constitución de 1917, como por ejemplo el petróleo... iba a perpetrar otra traición... Su ejecución se debió a que fue un traidor a México”.
También Andrés Barquin, biógrafo de Luis Segura Vilchis, y otros autores cristeros, como Antonio Rius Facius, han abonado a esta teoría.
Según ellos, el propósito y la decisión de matar a Obregón no fueron circunstanciales ni repentinos, sino tarea meditada y preparada con el mayor cuidado, con el propósito de que en lo sucesivo pudiera haber libertad religiosa en México. Los “ligueros”, aparentemente, hacían un parangón con la situación de los irlandeses, asediados por el dominio británico en el siglo XVII, y su inspiración la tomaron del pasaje bíblico de Judith, asesina de Holofernes. Así habría sido como el comité directivo de la Liga llegó a la conclusión de que era indispensable el “tiranicidio”, y preparó los planes para el crimen.
Sin embargo, Alfonso Taracena coincide con Ríos Zertuche y afirma que tanto Toral como la madre Conchita y Castro Balda fueron en realidad instrumentos de Morones, y que el “director intelectual” de la maniobra fue Calles, “porque aquél no hacía nada sin su orden”. Y además, aporta algunas pruebas: 1) La pistola con que Toral asesinó a Obregón fue traída de España por Celestino Gasca (uno de los altos líderes del laborismo), y le fue entregada en propia mano por Manuel Trejo Morales, quien era miembro del Partido Laborista y había trabajado al servicio de Morones. 2) Los detectives responsables de las investigaciones, Pablo Meneses y Valente Quintana, aseguraban que habían podido comprobar que las actividades de la Madre Conchita fueron financiadas por Morones y hablaban de las hermanas Recamier, hijas de una hermana de la religiosa, que eran bien conocidas en las fiestas que se daban en la residencia de Morones, y una de las cuales, Margarita, fue incluso esposa de éste. 3) Otro líder laborista, José López Cortés, era amigo de los propietarios de la casa que tenía rentada la Madre Conchita en la calle de Zaragoza, y no solamente “garantizaba” las rentas de la misma, sino que era propietario de la casa contigua, adonde se llegó a ver al propio Morones. 4) Además, consta en el expediente del crimen las declaraciones de María Elena Manzano, otra asidua al convento de la Madre Conchita, quien dijo que había visto a ésta varias veces con Samuel Yúdico, brazo derecho de Morones y quien casualmente murió en circunstancias misteriosas poco antes del asesinato de Obregón. 5) Esta señorita Manzano era a su vez, sobrina de Paulino Manzano, secretario de Celestino Gasca, y además novia de Carlos Castro Balda, quien fue el encargado de rentar la casa para el convento de la madre Conchita y había trabajado en el Ayuntamiento de la Ciudad de México cuando estuvo al mando de los laboristas.
El hecho es que, en el expediente de la Causa de Beatificación del Padre Pro existe una declaración extraprocesal realizada en 1962 por el señor José L. Rivera (a) “El Gato”, quien aseguraba haber formado parte del grupo de la Liga Nacional de la Defensa Religiosa que preparaba la muerte de Obregón, y que la víspera del atentado el día 4 de julio de 1928, hubo una reunión en la calle de Luisa número 24 (antes calle Nativitas), entre Calles, Morones y Roberto Cruz, y que habían decretado dar muerte a Obregón en "La Bombilla", comisionando para ello a Fidel Velásquez, Fernando Amilpa, Valentín Campa y otros.
Según esta versión, corroborada por otros acontecimientos, en efecto, Toral habría hecho el primer disparo, pero en el cadáver de Obregón se encontraron 13 balazos, discrepancia fundamental que se negaron a investigar los jueces, a pesar de la protesta del defensor de Toral, Demetrio Sodi, y de su reclamo de que era necesaria la autopsia.
Esto, más la circunstancia de que los meseros que sirvieron el 17 de julio en “La Bombilla” eran miembros de la CROM, da cierta verosimilitud a la afirmación de que Obregón habría recibido más disparos. Y vendría a confirmar por otro lado, lo que según Rios Facius, un historiador de la Cristiada, solía decir Palomar y Vizcarra: “Muchos dispararon contra Obregón, pero el mérito fue de Toral”.
Lo que explica también la festinación de Calles de acudir inmediatamente a la Inspección de Policía para ver quién era el asesino de Obregón y su satisfacción al ver que era un católico, así como su hábil maniobra de entregar la Inspección General de Policía a los obregonistas, para librarse él de la responsabilidad y la sospecha que ya lo señalaba como posible autor del crimen.
Cabe señalar que cuando Calles declaró a la prensa que Toral era un fanático clerical, en presencia de los periodistas, lo interrumpió Topete gritándole: “Usted, no Toral, dice eso”.
En todo caso, esto fue lo que creyeron siempre los obregonistas, que nunca dejaron de acusar a Calles de ser el “responsable verdadero y directo” del crimen, e incluso se levantaron en armas en marzo de 1929 mediante el “Plan de Hermosillo”.

23 de febrero 1889


Nace Cándido Aguilar, militar revolucionario y líder opositor al PRI.

Nació en el rancho La Palma, en el municipio de Córdoba, Ver. el 23 de febrero de 1889.

Lector de Regeneración y decidido demócrata, fue precursor de la Revolución.

Se adelantó a Francisco I. Madero, al levantarse en armas el 14 de julio de 1910, proclamando el "Plan revolucionario de San Ricardo", donde invitaba a los veracruzanos a tomar las armas contra el gobierno de Porfirio Díaz. San Ricardo era un rancho propiedad de su padre. Lo firmó con otros miembros del Partido Antireeleccionista, entre otros Enrique Bordes Rangel, Vicente Escobedo, Severino Herrera, Pedro y Clemente Gabay.
Meses después, cuando estalló la lucha maderista, volvió a desempeñar un papel importante. El 19 de noviembre de 1910, corta las líneas telegráficas de Paso del Macho, Ver., y posteriormente se dirige a la población de San Juan de la Punta, dando así inicio al movimiento revolucionario en ese estado.
Luego participó en la toma de Córdoba el 11 de mayo de 1911, como parte de las fuerzas de Gabriel Gavira y cuando se proclamó presidente provisional Francisco I. Madero le concedió el grado de general brigadier el 15 de mayo.
Durante el gobierno maderista combatió al movimiento felicista, a los rebeldes zapatistas en Morelos y a los orozquistas en Coahuila.
Al iniciarse la Decena Trágica quedó a las órdenes de Victoriano Huerta para atacar la Ciudadela. Al sobrevenir el desenlace logró escapar a Guatemala, y de ahí a Estados Unidos, desde donde se internó al país para aliarse al constitucionalismo, en Mayo de 1913. Al principio combatió en el Norte. En junio enfrenta a tropas huertistas en Zacatecas comandando un reducido numero de hombres, y en julio del mismo año libra feroz combate contra tropas federales que defendían la plaza de Torreón, Coah, pero luego Carranza lo envió a su terruño, designándolo Comandante militar de Veracruz.
Al frente de la Primera División de Oriente del Ejército Constitucionalista tomó, entre otras plazas, Ozuluama, Tantoyuca, Tamiahua y Tuxpan. Y establece el primer gobierno constitucionalista de Veracruz, puesto que ocupó hasta 1916.
Expide importantes y Revolucionarias leyes en el estado: la Primera Ley del Trabajo en toda la República y la Ley referente a Navíos, según la cual, los tripulantes de barcos mercantes Mexicanos debían ser Nacionales. También promulga la primera medida de carácter reivindicatoria sobre petróleo de aquella etapa, el decreto del 3 de agosto de 1914 estableciendo la obligación de revisar los contratos otorgados a las compañías extranjeras tanto por Huerta como por Díaz.
Era tal la soberbia entonces de los dueños de las compañías y del propio gobierno norteamericano, protector franco de éstas, que a fines de de 1913, cuando las fuerzas navales norteamericanas se encontraban "vigilando" nuestras costas en apoyo de Huerta, su comandante en jefe, el almirante Fletcher, tuvo la osadía de enviar la siguiente nota-ultimátum al general Aguilar: "Tengo instrucciones de mi gobierno de comunicarle a usted que si al término de 24 horas no abandona la zona petrolera, enviaré tropas de desembarco de los EE.UU. para garantizar la vida e intereses de los ciudadanos norteamericanos y de otras nacionalidades".
A lo cual Aguilar respondió diciendo: "Me refiero a su insolente nota de hoy... De llevar a cabo la amenaza de desembarcar tropas de los EE.UU. en territorio mexicano, me veré obligado a combatirlas e incendiar los pozos, y pasar por las armas a todos los norteamericano que se encuentren en la región".
Obsta decir que ante tal perspectiva, Fletcher dio marcha atrás, pero las presiones no cesaron. Entonces Aguilar secuestró a las familias de los extranjeros para forzarlos a negociar, por lo que fue llamado por Carranza para hacerle corte marcial, pero logró ser perdonado.

El 25 de febrero de 1916 es nombrado nuevamente gobernador y comandante militar del estado de Veracruz y se le otorga el grado de general de división, desempeñando ese mismo año el puesto de secretario de Relaciones Exteriores en el gabinete del presidente Carranza. Ocupó ese cargo de marzo a noviembre de 1916, y de Febrero a Noviembre de 1918, y abogó y abanderó la neutralidad del Gobierno de México en la Guerra de 1914.
Durante el Congreso Constituyente fue Diputado por Veracruz y fue su primer Vicepresidente. Y luego fue nuevamente Gobernador de Veracruz.
A la muerte de Carranza se vio en la imperiosa necesidad de abandonar el país, pues además de formar parte de su familia –era su yerno- no reconoció el Plan de Agua Prieta de Obregon, que se negaba a que Carranza impusiera a su sucesor. Partió para Estados Unidos pero más tarde regresó a México, y para 1923 se adhirió al movimiento delahuertista, operando como jefe militar del movimiento en el Sureste.
Exiliado de nuevo, regresó al país en 1939, gracias a la amnistía concedida por Lázaro Cárdenas. Ese mismo año se desempeño como senador de la republica por el estado de Veracruz y su última participación política fue en la campaña de Miguel Henríquez Guzmán, en 1952.
En 1946 el Presidente Miguel Alemán lo invitó a su gobierno nombrándolo vocal ejecutivo de la Comisión de Asuntos Campesinos de la Presidencia, pero renunció dos años después porque, dijo, no veía interés en el gobierno de resolver los problemas agrarios. Luego presentó a Alemán un proyecto para crear la Legión de Honor Mexicana para ayudar a los veteranos de la Revolución a tener un retiro justo, y fue nombrado Comandante de la misma.
Aguilar conocía a Alemán desde niño, había sido muy amigo de su padre el general Miguel Alemán y presumía que hasta lo había cargado en brazos, pero no por eso dudó nunca en defender sus ideas y en criticarlo por algunas de sus acciones corruptas y su intervención en las contiendas electorales.
Así fue cuando se enteró de que Alemán quería reelegirse, se opuso terminantemente. Y cuando tuvo noticias de un acuerdo secreto entre los gobiernos mexicano y estadounidense para un plan de asistencia militar que implicaba el sometimiento de nuestra soberanía, lo fue a buscar y en persona protestó contra ese hecho. Igual, cuando se hicieron públicos los trafiques de la camarilla alemanista, le dirigió una carta criticando la tolerancia presidencial con sus amigos y el que éstos aprovecharan el poder para enriquecerse.
Ya acercándose las elecciones le pidió públicamente a Alemán que no impusiera a su sucesor y respetara el voto, para que pasara a la historia como el "Padre de la Democracia".
En enero de 1951 lanzó un manifiesto denunciando la situación que vivía el país, y empieza a organizar el Partido de la Revolución (PR) que buscaba rescatar los ideales revolucionarios. El partido se constituyó el 4 de abril de ese año, pero a pesar de acreditar los requisitos de ley, Alemán impide su registro, lo que públicamente denunció Aguilar, acusando al entonces presidente de ejercer "represalia personal" en su contra.
A fines de ese año, el PR lo proclamó candidato presidencial, pero no era ese su interés, sino apoyar el esfuerzo de Miguel Henríquez y Lázaro Cárdenas para tratar de unir a las fuerzas revolucionarias y progresistas en lo que pudo ser la primera alianza de la izquierda contra Adolfo Ruiz Cortines, candidato del PRI.
Para lograrlo intervino personalmente ante Vicente Lombardo y logró una comida en la que los tres candidatos opositores (Lombardo, Henríquez y él mismo) acordaron los términos de la alianza. Pero todo fracasó porque Lombardo negoció con Alemán y Ruiz Cortines y rompió el acuerdo.
A pesar de eso, Aguilar declinó su candidatura y se dedicó a trabajar a favor del General Henríquez Guzmán acusando a Lombardo de traidor y divisionista para favorecer al PRI.
Luego de consumado el fraude electoral, Alemán lo manda encarcelar en Fortín de las Flores bajo cargos de disolución social y es forzado a abandonar el país. Su última declaración pública, antes de partir, fue que él sólo reconocía que el legítimo Presidente electo era Henríquez Guzmán y no Ruiz Cortines, y que no pensaba cambiar de opinión. Se hablaba de una revolución popular.
Regresó pocos días antes de la toma de posesión de Ruiz Cortines, pero ya no volvió a participar en política, se retiró a la vida privada.

El 5 de agosto de 1954 se le concede el retiro por edad límite y muere en la ciudad de México el 20 de marzo de 1960.

31 de Marzo de 1926




Muerte del Gral. Angel Flores, militar revolucionario y candidato opositor a Plutarco Elías Calles en 1924.

Militar revolucionario y Gobernador del Estado de Sinaloa. Ángel Flores nació el 2 de octubre de 1883 en el pueblo de San Pedro, actualmente perteneciente al municipio de Navolato, Sinaloa.
Se sabe que durante los primeros años de su juventud fue grumete en el vapor «Altata» y que fue marinero en barcos de matrícula extranjera, en los que navegó por mares de todo el mundo. Quizá en esa etapa de su vida, plena de aventuras, haya adquirido el hábito de fumar en pipa, ganándose el mote de «El Cachimba», sobrenombre que lo identificó entre sus compañeros de armas años más tarde. Después de radicar algunos años en la ciudad de San Francisco California, Estados Unidos, Ángel Flores regresó a México y vivió en el puerto de Mazatlán donde trabajó en los muelles como estibador.
En 1909, participó activamente en las huestes mazatlecas que apoyaron la campaña política de José Ferrel Félix, candidato de los antiporfiristas a gobernador de Sinaloa, quien tuvo como contrincante a Diego Redo, rico hacendado de Culiacán, apoyado por el poderoso Secretario de Hacienda José Yves Limantour.
Se incorporó al movimiento armado de 1910, en Siqueros, Mazatlán. El formó su propia tropa con amigos y se unió a la guerrilla de Pomposo Acosta. Luchó por los postulados antirreleccionistas de don Francisco I. Madero, y al triunfo de la revolución volvió a su antigua ocupación en el muelle de Mazatlán.
Cuando el presidente Madero fue asesinado en febrero de 1913, se volvipo constitucionalista, uniéndose a las fuerzas rebeldes de Juan Carrasco y convirtiéndose en su lugarteniente.
En el Cuerpo del Ejército del Noroeste, comandado por el general Álvaro Obregón, Flores escaló velozmente grados militares por méritos en campaña. Durante el largo asedio al puerto de Mazatlán se distinguió por su valentía y bravura en los combates, lo que le valió obtener en sólo un año el grado de general brigadier. Para entonces, fines de 1914, comandaba el Sexto Batallón de Sinaloa.
En los días de la Convención de Aguascalientes tomó partido por Venustiano Carranza, y enfrentados carrancistas y villistas, combatió con éxito a las tropas del Centauro del Norte en Sinaloa y en Sonora. En 1915 participó en dos acciones de guerra que confirmaron su valía como militar: la ocupación de la Plaza de Navojoa, el 23 de enero de 1915, desde donde dirigió con valentía y decisión la defensa de la plaza cuando fue sitiada por los villistas, resistiendo varios meses el asedio, así como los ataques de los días 18 y 19 de abril, hasta que los atacantes declinaron en sus propósitos. Igualmente, a fines de noviembre de 1915, destacó en el sitio de Hermosillo, Sonora, cuando salió al frente de su columna y derrotó a las fuerzas atacantes dirigidas personalmente por Francisco Villa.
Tenía 9 heridas en el cuerpo que se hizo defendiendo a la Revolución.
De regreso a Sinaloa, fue designado gobernador y comandante militar, nombramientos que le otorgó Carranza como titular del Poder Ejecutivo de la Nación, tomando posesión de ambos cargos desde el primero de mayo hasta el 22 de octubre de 1916.
Compitió luego por la gubernatura constitucional contra el general Ramón F. Iturbe, pero fue derrotado por éste y abandonó la entidad, trasladándose a Navojoa.
En 1919, la XXVIII Legislatura del Congreso del Estado le autorizó un contrato de concesión para la implantación de la industria harinera en Sinaloa. Y un año después se adhirió al Plan de Agua Prieta, siendo factor importante para el triunfo de esta revuelta que puso fin al gobierno carrancista.
Como recompensa por sus servicios, alcanzó el grado de General de División, y fue designado además jefe militar de la División del Noroeste.
En ese mismo año, 1920, es nominado como candidato a Gobernador del Estado de Sinaloa, resultando electo. Tomó posesión del cargo el 27 de septiembre de 1920 en el teatro Apolo, en Culiacán.
Durante su período gubernamental (1920_1924), se dedicó a la reconstrucción económica de la entidad. Se opuso a los despojos agraristas y apoyó la agricultura. Fue el pionero de la irrigación en Sinaloa, pues se le acredita la construcción del canal «Rosales».
Tenía una visión distinta a los callistas del problema de la tierra. Creía que el objetivo no era tanto el reparto, pues sobraban tierras, sino hacer producir la tierra. Decía que había que impulsar la irrigación y darle facilidades a los propietarios de tierras y se oponía decididamente al agrarismo, al que consideraba instrumento de los líderes para sojuzgar a los campesinos a costa de la productividad.
Enemigo de la ostentación, no cabía en el bando de los vencedores, los sonorenses, y pronto tomó distancia de ellos. Poseía un espíritu recto y una gran popularidad por lo que en 1922, para alejarlo de la política, fue comisionado por el presidente Álvaro Obregón para realizar un viaje de varios meses por países europeos y asiáticos.
A su regreso, en 1923, inconforme con el curso gubernamental y derrotada la rebelión delahuertista, fue el único que se mantuvo como opositor del general Plutarco Elías Calles, candidato del obregonismo.
El 23 de agosto de 1923 lanzaron su candidatura a la Presidencia de la República grupos liberales, como el Sindicato Nacional de Agricultores, e hizo su campaña política en 16 estados de la República, cosechando simpatías y adeptos. Al principio se negaba a ser candidato, pero finalmente lo convencieron y se proclamó candidato del "verdadero pueblo", el "pueblo que paga y que produce lo que otros aprovechan y consumen", por lo que fue acusado de "derechista".
En cada lugar a donde llegaba para hacer su gira, era recibido a tiros por el Ejército. En Guadalajara le pusieron una bomba bajo el balcón donde iba a hablar. Y en Irapuato le hicieron disparos soldados vestidos de civiles.
Asqueada por los excesos del obregonismo y temerosa de la demagogia callista, según Vasconcelos la gente votó por Flores, pero las elecciones fueron una farsa. Carros blindados del Ejército con ametralladoras patrullaron las principales ciudades, tratando de amedrentar a los ciudadanos. El cómputo lo hizo el gobierno a su antojo y según las cifras oficiales apenas si obtuvo una docena de votos.
Al perder las elecciones, se retiró de la vida pública, pobre y decepcionado de la política, pero se dice que abrigando el plan secreto de levantarse en armas.
Murió sorpresivamente en la ciudad de Culiacán el 31 de marzo de 1926, en una habitación de la planta alta del edificio ubicado en la esquina de las calles de Rosales y Andrade, donde estuvo el hotel Granada. Algunos cronistas e historiadores han afirmado que murió envenenado con arsénico.
En febrero de 1929 así lo denunció públicamente el licenciado Gilberto Valenzuela quien fuera ministro de Gobernación de Calles, asegurando que tenía pruebas de que de la casa de Calles salieron quienes fueron a Sinaloa a matar con veneno al general Flores, porque "le tenía un miedo cerval".
De acuerdo a lo narrado por el mayor Santiago Gaxiola, jefe de ayudantes del general Flores, se tuvo que recurrir al auxilio de la caridad pública para sepultar a quien había sido el mejor soldado de la Revolución, según confesión del general Álvaro Obregón.
Para ese propósito, se colocaron sábanas de manta en un lugar céntrico de la ciudad donde la gente depositó monedas y billetes. Fue inhumado en el panteón civil de Culiacán. Muchos años después sus restos fueron depositados en la Rotonda de los Hombres Ilustres de Sinaloa.

4 de Marzo de 1929


Creación del Partido Nacional Revolucionario

Los priístas festejaron su aniversario, reclamaron su crédito histórico en la preservación de las instituciones nacionales y censuraron a quienes dicen que su posible triunfo en los comicios de este año significaría un regreso.
La verdad es ue su tradición los condena. Iniciaron con un fraude contra sí mismos.
La asamblea del PNR arrancó el 1 de marzo de 1929, se iba a discutir su programa, estatutos, sus principios, y desde luego la candidatura presidencial. El candidato favorito, el más popular era el obregonista Aarón Sáenz. Todo Querétaro estaba tapizado de su propaganda. Pero faltaba la consigna de Calles, y ésta llegó y de un día para otro cambió el voto de los delegados. El saenzismo se volvió minoría. El 2 de marzo la propaganda saenzista fue sustituida por la de Pascual Ortiz Rubio y la asamblea se declaró ortizrubista. Esto provocó que Sáenz y sus partidarios se retiraran y el levantamiento escobarista que estalló el 3 de marzo.
Pero faltaba la elección nacional y a la candidatura de Ortiz Rubio se opuso la de José Vasconcelos. Toda la campaña vasconcelista fue una sucesión de eventos represivos (disolución violenta de mítines, asesinato y persecución de partidarios, sabotaje de reuniones, etc.). Y al final, se declaró el triunfo de Ortiz Rubio, el primer fraude del PRI. Todavía algunos meses después de consumado el fraude, el 14 de febrero de 1930 se produjo la matanza de Topilejo contra partidarios de Vasconcelos.

Recordar que con el PRI, antes PRM y antes PNR nació: la cuota obligatoria de la burocracia para sostener el partido. La cláusula de exclusión de los sindicatos. El dedazo, el tapado y el sobre lacrado. Los acarreados, la cargada, en fin... la tradición antidemocrática del porfirismo, institucionalizada. Dos libros para conocer ese período, el de Gonzalo N. Santos, sus "Memorias", y el de Mario Guerra Leal, "La Grilla".

Otra fecha es el 6 de julio de 1940, la sucesión de Lázaro Cárdenas. El general Juan Andreu Almazán amenazaba la hegemonía del PRM, pero se puso todo en juego para que ganara Manuel Avila Camacho.
Como la ley electoral vigente entonces determinaba que el partido que llegara primero a las casillas era el que se quedaba con el control de éstas, y como los almazanistas realmente se movilizaron para madrugar, grupos de pistoleros bien organizados se hicieron presentes en todo el país a lo largo de la jornada, recuperando por la fuerza los lugares de votación, provocando enfrentamientos a balazos, y finalmente, robándose las urnas.
Recordaba el general Donato Bravo Izquierdo: “A las 10 de la mañana, 90% de las casillas estaban en poder de almazanistas, pero a las 12 del día, los avilacamachistas tenían 90% de las urnas en su poder”.
Cárdenas mismo, cuando intentó votar, se encontró con que la casilla que le correspondía estaba llena de almazanistas. Entonces ordenó su desalojo a Gonzalo N. Santos, y apenas si dio tiempo de limpiar el lugar de sangre con mangueras para que saliera la foto de él votando "democráticamente".

Escribió Santos al respecto:
"Me encaminé a las calles de Juan Escutia, habiendo convenido que yo atacaría la casilla donde estaban los almazanistas. En esta acción había yo concentrado las viejas ‘Thompson’ que empleé en varias luchas contra los cristeros y vino el agarrón. Pronto sobraron muchos sombreros de los almazanistas que defendían la casilla. La Cruz Roja cargó con muertos y heridos, luego que llegaron los bomberos les di instrucciones para que ‘cañonearan’ a manguerazos pisos y paredes hasta que no quedara una sola mancha de sangre... Tan luego como terminó el aseo... llegó el presidente Cárdenas, y solemnemente depositó su voto. Me dijo: ‘Qué limpia está la calle’. Yo le contesté: ‘Donde vota el presidente de la República no debe haber basurero’. Se sonrió, me estrechó la mano y subió a su automóvil.
“Ordené a los improvisados miembros de la casilla que llenaran la nueva ánfora de votos, pues iba a ser inexplicable que en la ‘sagrada urna’ electoral solo hubiera un voto: el del general Cárdenas. Yo les dije a los escrutadores: ‘A vaciar el padrón y rellenar el cajoncito y a la hora de la votación no me discriminen a los muertos pues todos son ciudadanos y tienen derecho a votar’.

El hecho es que ese 7 de julio, el centro de la Ciudad de México se convirtió en un verdadero campo de batalla.
“Los balazos se escuchaban por todas partes –recordaba tiempo después Jesús M. Lozano, reportero del periódico Excélsior-. Los quirófanos y camas repletos de heridos; muchos agonizantes. En el patio, en el suelo, heridos y cadáveres. Espectáculo inenarrable e inolvidable. Sangre, mucha sangre.
“Quienes podían hablar, informaban: ‘Nos balacearon frente a La Nacional’. Otro: ‘A mí en Bellas Artes’; el siguiente: ‘A mí en El Caballito’, y otro más: ‘En La Villa’. Era un abanico de muerte sobre la ciudad” (Excélsior, 4-VII-85).
Sólo en el Distrito Federal hubo ese día, según estimaciones oficiales, 30 muertos que, sumados a los que hubo en la provincia, llegaron a los 200 muertos.
Recordaba Gonzalo N. Santos que después de sus "hazañas", después de haber estado "arrebatando las ánforas, volteando las mesas electorales patas arriba y dispersando a los dirigentes de las casillas a como diera lugar", se dirigió a hablar con Avila Camacho y le contó lo que había hecho, sin omitir detalle ni siquiera de la orden a los miembros de la casilla para que votaran ‘los fieles difuntos’. Don Manuel sonrió francamente y se veía muy contento (...) y dirigiéndose al general Jara, le dijo: ‘Aquí están en la antesala los reporteros de la prensa, hágales usted una declaración, a nombre mío y de usted, de que el senador Santos no ha salido en todo el día del Partido, donde nos ha estado acompañando a mí y a usted’”.

Habida cuenta de las elecciones del 29 y 40, las de 1946 fueron más sofisticadas en las formas. Para empezar se aprobó por los priístas una ley electoral que les daba el control de las elecciones, su organización, calificación y vigilancia. Luego Avila Camacho llamó a todos los precandidatos y les dijo que el candidato era Miguel Alemán, y les pidió retirarse. Al único candidato opositor de ese año, Ezequiel Padilla, se le descalificó de todas las maneras, y después de las elecciones, como él se fue a los Estados Unidos, se compró a sus partidarios. "Fraude con orden" le llamó Padilla.
Las elecciones de 1952 no fueron la excepción. Fueron candidatos Miguel Henríquez por la oposición al PRI, y por éste Adolfo Ruiz Cortines. Infinidad de incidentes para impedir la campaña de la oposición. Les ponían tachuelas en las carreteras para impedir el paso de los carros, inundaban las pistas aéreas para que no pudiera aterrizar Henríquez. En Nayarit el Gobernador ordenó la suspensión de todos los servicios, y en Oaxaca se metió a la cárcel y se impuso cuantiosa multa a los campesinos que se declaraban henriquistas. Desde luego hubo muertos y heridos. El colmo, el ferrocarrilero Francisco Mercado, lo mataron los priístas, se robaron el cuerpo y lo enterraron con honores diciendo que eran un "mártir" priísta. De nada sirvió que los henriquistas mostraran su credencial de militante, ni la foto mostrando a Corona del Rosal y a Jesús Yurén disparando contra la multitud antigobiernista.
Tan pronto se efectuaron las elecciones Alemán habló con Henríquez, le propuso un cargo en el siguiente gobierno, la mayoría del Congreso y recursos para su partido si aceptaba su derrota. No aceptó, y entonces se desató la represión. El 7 de julio, cuando los henriquistas estaban festejando su triunfo en la avenida Juárez, frente a la Alameda, una carga de caballería, tanques y tanquetas, soldados, agentes y todas las policías, arremeten contra la masa inerme dejando un saldo de poco más o menos 500 muertos e infinidad de heridos y detenidos... Y a partir de ahí, la persecución se recrudeció. Se llegó al extremo de proscribir la militancia henriquista. Sr les quitó su registro en 1955.

Luego de esas elecciones, todo marchó sin problemas. El PRI creó dos partidos satélites, el PARM y el PPS, para aparentar democracia, y el PAN no representaba ningún problema porque siempre votaba "a modo" del PRI. Luego crearon los diputados de partido para que entrara una minoría opositora al Congreso, se corrompía a los líderes "opositores" y a los que se negaban se les reprimía y se les encarcelaba.
Por los años 60, en el gobierno de Díaz Ordaz, contaba el general Juan Barragán que siendo candidato del PARM a diputado por San Luis Potosí, perdió la elección. Muy decepcionado regresó de allá, con el acta del cómputo que arrojaba solo 600 votos en su favor, y fue a mostrársela a Luis Echeverría, en ese entonces secretario de Gobernación, el que cuando tuvo el documento enfrente, al tiempo que sacaba la pluma y le añadía un cero, tranquilamente le dijo: “Está usted equivocado mi general; no ha visto bien, usted tiene 6 mil votos, no 600”. Y lo hizo diputado.
Mario Guerra Leal, relata en sus memorias que le propuso a López Mateos crear el Partido Nacional Anticomunista, obviamente para ayudarlo. Le gustó la idea y le fijó un subsidio.
Poco después, dice que formó otro partido, el Demócrata Cristiano, a petición del entonces secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, quien temía que los sinarquistas crearan un partido con ese nombre que fuera de verdadera oposición.
Y dice que luego, cuando Díaz Ordaz fue destapado candidato, en 1963, lo volvió a llamar y le pidió ser candidato para obligar al PAN a lanzar candidato y contrarrestar al del Frente Electoral del Pueblo, que era izquierdista.
“Yo no tengo la edad que exige la Constitución, y además mi mamá era guatemalteca", le advirtió.
"Los impedimentos de que me habla no tienen nada que ver, nadie se va a ocupar de averiguar eso, y por otra parte, no va usted a ser presidente, a menos que piense ganarme", y soltó la risa.
Sólo unas cuantas anécdotas.

5 de febrero 1917

ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCION
Su antecedente, el Plan de Guadalupe. El 26 de marzo de 1913, cuando se discutía el contenido del “Plan de Guadalupe”, encabezando a un grupo de jóvenes oficiales, Francisco J. Múgica le espetó a Venustiano Carranza el carácter exclusivamente político del documento, se le encaró y le preguntó: “¿Dónde están los puntos concretos acerca del problema de la tierra, de los obreros y de la educación?”, es decir, el contenido social, y no simplemente vengar la muerte de Madero o restaurar el orden constitucional. Y luego, cuando el Primer Jefe trató de explicar que más importante era en ese momento conseguir el derrocamiento de Huerta, argumentando que una revolución del corte de la que le pedía necesitaba, al menos, de una guerra de dos a cinco años, pues “los terratenientes, el clero y los industriales son más fuertes y vigorosos que el gobierno usurpador”, Múgica le respondió: “¡Hay aquí, señor, suficiente valor y juventud para dilapidarla, no sólo cinco años, sino diez si es preciso, para llegar al triunfo!”.
Al final, no se aprobaría el proyecto de Plan elaborado por Carranza; se haría otro, que redactaron entre Múgica y Aldo Baroni, y este sí fue firmado por todos los oficiales presentes, con la promesa de don Venustiano de formular el programa social al triunfo de la causa.
Fueron las adiciones al Plan que Carranza adicionó en Veracruz al texto original. Porque esa fue la condición que le puso el grupo Sonorense, que empezaba a formarse, para apoyar la revolución constitucionalista.
Carranza dijo textualmente, en su famoso discurso pronunciado en Hermosillo el 24 de septiembre de 1913: “El Plan de Guadalupe es un llamado patriótico a todas las clases sociales, sin ofertas ni demandas... Pero sepa el pueblo de México que, terminada la lucha armada a que convoca el Plan de Guadalupe, tendrá que principiar formidable y majestuosa la lucha social, la lucha de clases; queramos o no queramos nosotros mismos y opónganse las fuerzas que se opongan, las nuevas ideas sociales tendrán que imponerse en nuestras masas... No es el sufragio efectivo... es algo más grande y más sagrado: es establecer la justicia, es buscar la igualdad, es la desaparición de los poderosos... Tendremos que removerlo todo. Crear una nueva Constitución cuya acción benéfica sobre las masas nada ni nadie pueda evitar”.
Esto era un vuelco en las metas de revolución iniciada por Madero, hecha en nombre del sufragio efectivo, y una reivindicación de la revolución magonista.
De hecho todos los que impulsaron estas adiciones al Plan de Guadalupe primero y que integraron la corriente radical del Constituyente después, fueron miembros del Partido Liberal Mexicano o por lo menos lectores de Regeneración. A ellos se deben los primeros repartos agrarios, las primeras leyes del trabajo, la cláusula social del “Pacto de Torreón” entre Francisco Villa y Venustiano Carranza, las iniciativas avanzadas de la Convención de Aguascalientes, así como las decisivas adiciones que se le hicieron al propio “Plan de Guadalupe” en diciembre de 1914, que derivaron, a la postre, en varios decretos y leyes carrancistas y en la incorporación de muchas de las causas que animaron el magonismo, del programa del PLM, en la Constitución del 1917.
Ni un solo día de la contienda dejaron de insistir en lo mismo. Por eso, cuando estuvo comisionado en Tamaulipas, Múgica fue el ejecutor, junto con Lucio Blanco, del primer reparto agrario en el norte del país. Y por eso en 1938 fue el principal impulsor, si no es que el autor real de la expropiación petrolera.

Esa fue también la causa del conocido el antagonismo entre Carranza y Alvaro Obregón, y la división del Constituyente en liberales “renovadores” y socialistas “radicales” o “izquierdistas”. Obregón fue el primer caudillo de la izquierda. Para hacer evidente su liderazgo, y aunque no participó en la redacción de los artículos constitucionales, Obregón fue muy obvio en hacer ostentación de su apoyo personal al grupo “radical”, haciendo frecuentes y estratégicas visitas a Querétaro durante el Constituyente.
Su vínculo más directo con los diputados era el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), formado en 1916 por él mismo y por un grupo de civiles y militares. Y se asegura que fue Obregón, incluso, el autor de ese nombre: que recomendó lo de “liberal” para crear una cierta afinidad con la época de Benito Juárez y para identificarlo con el movimiento magonista, el del Partido Liberal Mexicano.
Los "radicales" eran los diputados sonorenses Luis G. Monzón, Juan de Dios Bojórquez y Rafael Martínez de Escobar, para informar del curso que seguían las discusiones. Y en cuanto a la presencia de Obregón en Querétaro, se sabe que viajó a ese estado por lo menos en tres ocasiones: cuando se discutió el contenido del artículo 3º, el 5º y el 27.
“Sin la influencia de Obregón –llegó a decir Bojórquez- y sin su apoyo decidido a los diputados radicales de Querétaro, otra hubiese sido la suerte de la Constitución. No hubiéramos tenido ni artículo 27, ni artículo 123, ni 115 ni 130. Es decir, se habría perdido lo fundamental de las reformas revolucionarias”.
El fuego entre unos y otros se abrió el primer día de las sesiones y duró hasta el último día del Congreso. Quisieron evitar la aprobación de las credenciales de los "renovadores", entre ellos las de Félix F. Palavicini y José Natividad Macías, pretendiendo excluirlos del Constituyente acusándolos de tibieza durante el cuartelazo contra Madero. Pero los apoyó Carranza y se quedaron.
La lucha fue dura. A causa de ella, fue cesado el ministro de Gobernación, por obregonista, Jesús Acuña, y hasta amenazó con renunciar el propio Obregón, en protesta. Sin embargo, Carranza rechazó.
Luego, cuando trascendió una carta que Obregón había enviado a los diputados, recomendándoles una actitud “intransigente” con respecto al artículo 3º, el presidente del Congreso, Luis Manuel Rojas, lo acusó de conspirar contra el Primer Jefe y contra la Revolución.
Obregón le respondió casi de inmediato a Rojas, negando los cargos, y se dio un conato de debate entre Obregón y Carranza, el primero cuestionando el papel de los “renovadores” durante el cuartelazo contra Madero, y el segundo, defendiéndolos, que finalmente y por fortuna, no pasó a mayores en ese momento.
Se ha dicho simplistamente que la Constitución fue la primera socialista o socialdemócrata y que los artículos más avanzados fueron obra del grupo radical.
Pero la lucha era entre dos visiones de liberalismo: una, representativa del criterio anglosajón en la política, que nos venía de la Reforma, y otra, ligada como hemos visto, a la experiencia revolucionaria francesa, incluidos los movimientos más radicales del período 1830-1871, cuyos antecedentes son a veces afiliados a un socialismo incipiente y hasta romántico.
Y tampoco es cierto que los artículos avanzados sean sólo de los "radicales".
No hay que olvidar que la iniciativa de protección a los obreros fue en buena medida obra de un “moderado”, de José Natividad Macías, uno de los más allegados a Carranza. Y fue Alfonso Cravioto, otro “renovador”, quien llegó a identificarse a sí mismo, y a los de su grupo, como “liberales por muchas influencias socialistas”.
Y Múgica, el verdadero inspirador de los artículos sociales, no pertenecía a ninguno de los dos grupos. Ni recibía instrucciones de Carranza, ni perteneció al grupo llamado “jacobino” que seguía las consignas de Alvaro Obregón.

Algo interesante y que casi no se sabe, es que en un momento dado, ambos quisieron sacarlo de los debates del Constituyente, pero acabaron dando marcha atrás.
En el caso de Carranza, según cuenta Magdalena Mondragón, enviándole una orden, en plenas sesiones, para que se fuera a Tabasco “a hacerse cargo de la entidad”, a lo que Múgica respondió encarando al Primer Jefe, poniendo a su amigo Jacinto B. Treviño por testigo, diciéndole: “Recibí su orden para que me traslade al estado de Tabasco. Como militar, inmediatamente cumpliré. He querido despedirme de usted antes de salir de Querétaro e invité al compañero Treviño, porque quiero que sea testigo de que yo le manifiesto a usted que la verdadera razón para alejarme del Congreso es que usted teme que yo derrote su proyecto de Constitución”. Con lo que provoca que Carranza, rompiendo el oficio con la orden de traslado, rectifique aseverando: “Puede usted volver a ocupar su curul, general”.
En el caso de Obregón, era tal su animadversión hacia Múgica, que le envió un telegrama también durante las sesiones, el 22 de noviembre de 1916, amenazándolo con procesarlo por “chismes” que le habían llegado, de que había “insultado públicamente a autoridades civiles y militares de Michoacán”. La respuesta inmediata de Múgica fue una reclamación. Le escribió a Obregón diciéndole no querer “que se juzguen mis actos de hombre serio y de general del Ejército” como chismes, y pidiéndole que se le abriera un proceso “en el que sabré poner las cosas en su debido lugar”. Obregón puso entonces punto final al incidente, enviándole otro telegrama asegurándole que eran “inexactitudes” los informes que previamente había recibido y que consideraba “absolutamente innecesario” abrir una averiguación.
Por el contrario, cuando Rafael Martínez de Escobar, por instrucciones de Obregón, lanzó su ofensiva para expulsar del Constituyente a los diputados llamados “renovadores” (Palavicini, Rojas, Macías, etc., que habían sido miembros de la Cámara maderista y a los que Obregón acusaba de “debilidad” frente al cuartelazo de Victoriano Huerta, pero que Carranza defendía), Múgica reclamó imparcialidad: “Proceder –dice- con entera independencia... porque nosotros, señores, antes del parecer de nuestros caudillos, muy respetables para nosotros y muy dignos de confianza, deben estar sobre todo nuestros principios, debemos ser hombres libres”.
Por eso Félix Palavicini, cabeza del ala carrancista, llamada “moderada”, lo llegó a reconocer como “el verdadero gran líder de la Constitución de 1917”. Y Juan de Dios Bojórquez, del grupo obregonista, dijo que “fue, sin lugar a duda, la figura más conspicua del Congreso... Ninguno lo superó en la tribuna defendiendo los más altos ideales del pueblo”. Y relataba cómo, al término de las sesiones, fue llevado en hombros hasta su domicilio por los constituyentes.

Más que la lucha entre “obregonistas” y “carrancistas”, lo relevante pues, en el Constituyente del 16-17, fue eso: el debate que se suscitó entre unos y otros sobre el cómo hacer realidad el liberalismo. Su discrepancia era en las formas. Una, la de los “clásicos” u “ortodoxos”, planteaba el liberalismo como fin y como medio, llegar a él de manera inmediata, sin que mediara un proceso, de golpe. Más cultos y más ilustrados, curiosamente fueron ellos los que citaron a Marx en sus discursos y los que acuñaron el término de “liberales socialistas” que decíamos arriba, para describirse. La otra corriente, la de los jacobinos o “radicales”, luchaba por el liberalismo como fin, pero planteaba que para llegar a él había que construir primero las condiciones para tenerlo, así fuera con medios no liberales. Partían ellos de la realidad mexicana: una sociedad controlada por el clero y los terratenientes necesitaba arreglar muchas cosas para entrar de lleno al liberalismo, porque de otro modo, las libertades beneficiarían, no a la mayoría ni a los más pobres, sino a una élite, a los privilegiados, a los ricos.
Por eso, el gran debate en el Constituyente no fue el agrario ni el obrero. Fue el del artículo 3º . Y las discusiones de aquellos días son interesantes porque explican en mucho, lo que nos pasó después.
Venustiano Carranza y los “ortodoxos”, defienden la libertad de enseñanza a secas. Francisco J. Múgica, que lleva la voz cantante en el grupo de los “radicales”, se pronuncia categóricamente por la enseñanza controlada por el Estado: “La enseñanza es indudablemente el medio más eficaz para que los que la imparten... engendren, por decirlo así, las ideas fundamentales en el hombre; y, señores diputados, ¿cuáles ideas fundamentales puede el clero imbuir en la mete de los niños?... No señores, haríamos una mala obra, una mala obra de inconscientes si no pusiéramos remedio desde hoy para evitar en lo futuro que nuestros asuntos se resuelvan por medio de las armas, sino que nuestras disensiones intestinas se resuelvan en la tribuna, en los parlamentos, por medio del libro, por medio de la palabra, por medio del derecho” .
Su argumento de fondo es que sin liberales, no puede haber liberalismo: hay que formar liberales pues; y hay que defender al liberalismo, aunque para conseguirlo se empleen medios que no sean ortodoxamente liberales.
José María Truchuelo defendió la posición “radical”, así: “La revolución constitucionalista se ha hecho en nombre del pueblo para combatir a los enemigos del pueblo... El clero, el ejército pretoriano y la aristocracia. El ejército pretoriano... fue destruido, fue desarmado y fue aniquilado por el constitucionalismo, como se extirpa un elemento contrario a las libertades públicas; la nobleza, representada por los científicos, fue también sepultada para siempre... y al clero, ¿qué se le ha hecho señores? Al clero, que aún cuando tenía sus restricciones, abusaba precisamente en nombre de la misma libertad, ahora vamos a permitir que tenga libertinaje, que oponga obstáculos y dentro de poco mate todas las libertades públicas?... Si la libertad no tiene restricciones, ¿a dónde llegamos? A hacer cada quien lo que le parezca... Ese es el concepto de la libertad del clero, de la libertad de instrucción clerical".
El debate fue intenso, apasionado. A veces hasta rudo. Desfilaron por la tribuna Luis G. Monzón, quien propuso que más que laica la educación debía de ser “racional”. Luis Manuel Rojas, que fungía como presidente de la asamblea y a la vez era la más alta autoridad masónica en ese momento, quien subrayó el carácter mayoritariamente católico del pueblo mexicano y se pronunció en contra del “jacobinismo”.

Al final, la mayoría votó por la tesis de Múgica. 99 en pro, contra 58. Y lo mismo fue con respecto a los artículos 5º, 27, 123 y 130, asignaturas que había dejado pendientes el Constituyente de 1857.

jueves 20 de marzo de 2008

LA ENTREVISTA QUE CAMBIO LA HISTORIA



3 de Marzo de 1908. 100 años de la Entrevista Díaz-Creelman.

El 3 de marzo de 1908 el diario El Imparcial publicó una entrevista que sería decisiva para la historia de México. Casi todos los autores la ubican como el momento clave en el cual empezó a gestarse la caída de Porfirio Díaz. Se trataba de la entrevista que le había concedido éste, unos días antes, al periodista norteamericano James Creelman, reportero del Pearson’s Magazine.
Y al parecer se pactó con el único objeto de calmar a los inversionistas norteamericanos ante la eventualidad de la muerte de Díaz. Es decir, que no iba dirigida al país, y sin embargo, en cuanto se publicó aquí, provocó múltiples reacciones, porque Díaz declaró que en 1910 cumpliría 80 años y ya no se reelegiría.
Hacía ya dos años que el PLM había convocado a su revolución para derrocar a don Porfirio, sin resultados. Pero ahora, después de 30 años de calma, explotó la inquietud política. En todo el país surgieron grupos democráticos. Francisco I. Madero, cuyo padre era socio de José Yves Limantour, empieza a escribir su libro "La Sucesión Presidencial" y para octubre está ya organizando el Partido Nacional Democrático, que luego se llamará Partido Anti-reeleccionista porque en noviembre se instala en la Ciudad de México un partido con ese nombre, que presiden Francisco de P. Sentíes y Benito Juárez Maza pero para postular a Bernardo Reyes. Y empezó a aparecer un periódico "México Nuevo", dirigido por Juan Sánchez Azcona, que se dedicó a preparar el camino de los cambios.¿Qué dijo Díaz que provocó tal batahola de reacciones? Ni más ni menos que: “No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios, me retiraré cuando termine el presente periodo y no volveré a gobernar otra vez. Para entonces tendré ya 80 años”.
Era la primera vez que decía algo semejante. Hacía 30 años que cada cuatro años se repetía el ritual de su reelección, sin competencia, y ningún contendiente a excepción de Nicolás de Zúñiga y Miranda.
El título de la entrevista fue: “El Presidente Díaz, Héroe de las Américas” y de acuerdo con lo pactado, Creelman fue recibido en el Castillo de Chapultepec y tuvo ahí la oportunidad de conversar largamente con el presidente Díaz.

Escribió Creelman sobre el dictador:
"Ha gobernado la República Mexicana por 27 años con tal energía, que las elecciones se han convertido en meras formalidades: con toda facilidad podría haberse coronado... Anuncia que insistirá en retirarse de la presidencia al final de su presente periodo, de manera que podrá velar porque su sucesor quede pacíficamente establecido y que con su ayuda el pueblo de la República Mexicana pueda mostrar al mundo que ha entrado ya a la más completa y última fase en el uso de sus derechos y libertades, que la nación está superando la ignorancia y la pasión revolucionaria y que es capaz de cambiar y elegir presidente sin flaquear y sin guerras".
A continuación, Díaz hizo una especie de “evaluación” de sus años en la Presidencia: “A pesar de que yo obtuve el poder principalmente por el Ejército, tuvo lugar una elección tan pronto como fue posible y ya entonces mi autoridad emanó del pueblo. He tratado de dejar la Presidencia en muchas y muy diversas ocasiones, pero pesa demasiado y he tenido que permanecer en ella por propia salud del pueblo mexicano que ha confiado en mí… Hemos preservado la forma republicana y democrática de gobierno. Hemos defendido y guardado intacta la teoría. Sin embargo, hemos también adoptado una política patriarcal en la actual administración… con fe ciega en la idea de que una paz forzosa permitiría la educación, que la industria y el comercio se desarrollarían”.
Luego dijo:
"Es un error suponer que el futuro de la democracia en México ha sido puesto en peligro por la prolongada permanencia en el poder de un solo presidente. Puedo con toda sinceridad decir que el servicio no ha corrompido mis ideales políticos y que creo que la democracia es el único justo principio del gobierno, aun cuado llevarla al terreno de la práctica sea posible sólo en pueblos altamente desarrollados.
"Es un sentimiento natural en los pueblos democráticos el que sus dirigentes deban ser cambiados. Estoy de acuerdo con este sentimiento."

"He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado".

Sobre la política económica del gobierno aseveró:
"Tuve en mi juventud duras experiencias que me enseñaron muchas cosas... Creía en los principios democráticos como todavía ahora creo, a pesar de que las circunstancias me han obligado a tomar medidas severas para asegurar la paz y con ella el desarrollo, que deben preceder a un gobierno absolutamente libre. Meras teorías políticas, por sí solas, no crean una nación libre.
"La experiencia me ha convencido de que un gobierno progresista debe buscar premiar la ambición individual tanto como sea posible, pero debe poseer un extinguidor, para usarlo firme y sabiamente cuando la ambición individual arde demasiado para que siga conviniendo al bien común.
"México tiene hoy una clase media, pero no la tenía antes. La clase media es aquí, como en todas partes, el elemento activo de la sociedad. Los ricos están demasiado preocupados por sus mismas riquezas y dignidades para que puedan ser de alguna utilidad inmediata en el progreso y en el bienestar general... Pero por otra parte, los pobres son a su vez tan ignorantes que no tienen poder alguno.
"El ferrocarril ha jugado un papel importante en la paz de México. Cuando yo llegué a presidente, había únicamente dos líneas pequeñas... Hoy día tenemos más de 19,000 millas de ferrocarriles. El servicio de correos que entonces teníamos era lento y deficiente... Tenemos ahora un sistema eficiente y económico, seguro y rápido a través de todo el país y con más de doscientas oficinas postales. Enviar un telegrama en aquellos tiempos era cosa difícil. Hoy tenemos más de 45,000 millas de líneas telegráficas operando.
"Empezamos castigando el robo con pena de muerte y apresurando la ejecución de los culpables en las horas siguientes de haber sido aprehendidos y condenados. Ordenamos que donde quiera que los cables telegráficos fueran cortados y el jefe del distrito no lograra capturar al criminal, él debería sufrir el castigo; y en el caso de que el corte ocurriera en una plantación, el propietario, por no haber tomarlo medidas preventivas, debería ser colgado en el poste de telégrafo más cercano. No olvide usted que éstas eran órdenes militares.
"Éramos duros. Algunas veces, hasta la crueldad. Pero todo esto era necesario para la vida y el progreso de la nación. Si hubo crueldad, los resultados la han justificado con creces.
"Fue mejor derramar un poco de sangre, para que mucha sangre se salvara. La que se derramó era sangre mala, la que se salvó, buena. La paz era necesaria, aun cuando fuese una paz forzada, para que la nación tuviera tiempo de pensar y actuar. La educación y la industria han llevado adelante la tarea emprendida por el Ejército"

Creelman le preguntó entonces: "Pero, señor Presidente, usted no tiene partido oposicionista en la República. ¿Cómo podrán florecer las instituciones libres cuando no hay oposición que pueda vigilar la mayoría o el partido del gobierno?"
Y Díaz le contestó:
"Es verdad que no hay partido oposicionista. Tengo tantos amigos en la República que mis enemigos no parecen estar muy dispuestos a identificarse con una tan insignificante minoría... No importa lo que al respecto digan mis amigos y partidarios, me retiraré cuando termine el presente periodo y no volveré a gobernar otra vez. Para entonces tendré ya 80 años.
"El país ha confiado en mí, como ya dije, y ha sido generoso conmigo. Mis amigos han alabado mis méritos y pasado por alto mis defectos. Pero pudiera ser que no trataran tan generosamente a mi sucesor y que éste llegara a necesitar mi consejo y mi apoyo; es por esto que deseo estar todavía vivo cuando él asuma el cargo y poder así ayudarlo.

"Doy la bienvenida a cualquier partido oposicionista en la República Mexicana. Si aparece, lo consideraré como una bendición, no como un mal. Y si llegara a hacerse fuerte, no para explotar sino para gobernar, lo sostendré y aconsejaré, y me olvidaré de mí mismo en la victoriosa inauguración de un gobierno completamente democrático en mi país.
"No tengo deseos de continuar en la presidencia, si ya esta nación está lista para una vida de libertad definitiva".

Hasta ese momento las relaciones con los Estados Unidos habían sido cordiales y de mucha cooperación, pero opinó sobre las elecciones en ése país, y se equivocó, porque criticó su política exterior y además se pronunció en apoyo de Teodoro Roosevelt, y el elegido fue William H. Taft:

"No veo realmente una buena razón por la cual el presidente Roosevelt no deba ser reelegido... No hay duda de que es un hombre puro, un hombre fuerte, un patriota que ama a su país y lo comprende. Ese temor de los norteamericanos por un tercer periodo con él al frente del gobierno, me parece a mí completamente injustificado".

Para quien todavía crea que lo que pasa en los Estados Unidos no influye en México, aquí está este episodio. El Presidente Theodore-Roosevelt designó a Taft secretario de Guerra, y en 1908 decidió renunciar a la reelección e impulsarlo como su sucesor. Con el apoyo de Roosevelt la Convención Republicana nominó a Taft como su candidato. Y ganó la presidencia un año después.
Se pensó que pasaría lo mismo en México. Que Díaz iba a abrirle el paso a la presidencia a su vicepresidente Ramón Corral, o uno de sus ministros, a Reyes o a Limantour, pero no fue así: a diferencia de Roosevelt, se aferró al poder.

Tan pronto como el 27 de octubre Díaz intentó corregir lo dicho en su entrevista con Creelman y contener las reacciones. El Diario del Hogar publicó ese día una declaración suya a Victoriano Agüeros, en cuanto a que no era aún oportuno políticamente el tratar de su retiro de la presidencia, pues lo que expresó a Creelman únicamente había sido un deseo personal.

Sin embargo, el sólo hecho de plantearse la posibilidad de que iba a dejar el poder, fortaleció a la corriente Anti-reeleccionista; le dio brío a "los Reyistas", que hasta crearon un Partido, el Democrático, para competir; mientras que los "Científicos" pensando a su vez que al fin su candidato, José Yves Limantour, sería presidente de la República, empezaron a presionar.
Pero Díaz se dedicó a intrigar y a minar a su grupo. Al interior del porfirismo empezó una sorda lucha por el poder alentada por él, y un buen día reunió al vicepresidente Corral, a Limantour y a don Olegario Molina, y les dijo que todos los días recibía correspondencia instándolo a que aceptara una nueva reelección pero que él, antes de resolver nada, quería oír la opinión de sus amigos. También les aseguró que él creía que estaba demasiado avanzado en edad para un nuevo período presidencial pero que estaba resuelto a sacrificarse por el bien del país si sus amigos y la nación necesitaban aún de sus servicios.
Desde luego Limatour dijo que debía continuar y que su reelección se aceptaría sin objeción, siempre y cuando hiciera cambios en su gobierno, empezando por él mismo, que llevaba 15 años como ministro de Hacienda. Molina opinó lo mismo que Limantour, pero agregó que era indispensable darle más vida a la vicepresidencia, acercar a su titular al Ejército y tomarlo más en cuenta para los nombramientos y decisiones, a fin de prepararlo para dado el caso, tomar el poder.
Corral entonces, pidió ser relevado del cargo, y sugirió que podía nombrarse en su lugar a LImantour, a Molina o a otro amigo del presidente; sólo que Díaz contestó que estaba resuelto a no aceptar su reelección si Corral no aceptaba la suya. Insistió éste último en no aceptar una y otra vez, hasta que Díaz, molesto, le dijo que tal parecía que tenía algo contra él, así que tuvo que intervenir Limantour hasta que al final, acabó plegándose.
Después de eso, Limantour, se retiró al extranjero, pretextando enfermedad. Corral también pidió licencia "por motivos de salud", y se fue a París; y Reyes, que logró una gran aceptación popular, acabó renunciando a su candidatura e igual que los otros dos se fue del país y dejó colgados a sus partidarios.
No fue lo mismo en las filas de la oposición. Se creó el "Centro Anti-reeleccionista", con ciudadanos aspirantes a políticos, se formaron clubes en casi todos los estados y por primera vez en décadas hubo una campaña presidencial. Madero fue electo candidato de los anti-reeleccionistas, recorrió la provincia reclutando adeptos, y unos días antes de las elecciones fue encarcelado por el régimen. Díaz se reeligió como si nada pasara, en julio de 1910, y festejó con gran boato el Centenario de la Independencia.
Sólo que con Taft las cosas no iban a ser igual que con Roosevelt. Y Madero no era ni Reyes ni Zúñiga y Miranda.
Díaz había cambiado el país; Díaz había hecho la paz; la paz de los sepulcros o la paz porfiriana; sólo que en los 30 años de pacífico gobierno, habían surgido nuevos hombres, nuevas tendencias, nuevas ambiciones que reclamaban un lugar en el reparto del poder.
Ellos fueron los que hicieron la Revolución Mexicana.
Apoyados por Limantour y dirigidos por Juárez y Morelos, por sus espíritus, pero de eso ya hablaremos después.

UNO DE LOS PRIMEROS ANTI-PORFIRISTAS


13 de Febrero de 1893. Muerte de Ignacio Manuel Altamirano.

Reconocido junto con Guillermo Prieto como uno de los padres de la literatura mexicana, militar y político liberal guerrerense, fue impulsor de un movimiento masónico que pudo frenar la dictadura porfirista y dejó la semilla de la rebeldía.

Nació el 13 de noviembre de 1834 en Tixtla, siendo sus padres Francisco Altamirano y Gertrudis Basilio, ambos indios puros que habían tomado el apellido de un español que había bautizado a uno de sus ancestros. En la partida de bautismo del maestro, se asienta que el párroco de Tixtla bautizó solemnemente y le puso por nombre Ignacio Homobono Serapio y sin embargo sería conocido como Ignacio Manuel.

La primera escuela a la que asistió Altamirano funcionaba como todas las de la época, con la separación racial en la que con la denominación de niños con razón se hacía referencia a los niños considerados inteligentes, más que nada por su condición social; y los llamados niños sin razón, que eran los niños indígenas, señalados como poco inteligentes. A estos últimos sólo se les instruía con clases de doctrina cristiana, por creerse que la lectura, la escritura y la aritmética no les servirían nunca en esa vida tan rudimentaria que llevaban encerrados en su miseria. Y los otros niños, en cambio, recibían una enseñanza más completa, tomando en cuenta que la instrucción les era indispensable para enfrentarse, con buenas posibilidades de éxito, a la vida social que su condición superior les tenía reservada.
Entonces ocurrió algo que cambió la vida de Ignacio Manuel: su padre fue designado en 1842 alcalde de indios de Tixtla; lo que indudablemente lo convirtió a los ojos del maestro del lugar en uno más de los alumnos privilegiados, como buen hijo de funcionario, y así fue como Altamirano cursó en forma notable esos primeros años de escolaridad.
Hasta ese momento sólo hablaba náhuatl, pero aprendió a hablar español, después se reveló como un estudiante aventajado y ganó una de las becas que otorgaba el Instituto Literario de Toluca para los niños indígenas de escasos recursos que sobresalieran en sus estudios. Fue ahí donde se encontró al que había de ser su más querido e influyente maestro: Ignacio Ramírez,el Nigromante. Aprendió latín, francés y filosofía, y llegó a ser encargado de la biblioteca del Instituto, reunida por Lorenzo de Zavala.En 1852 publicó su primer periódico, Los Papachos, hecho que le costó la expulsión del Instituto y entonces viaja de pueblo en pueblo, como maestro de primeras letras y a la vez dramaturgo y apuntador en una compañía teatral itinerante de “cómicos de la legua”. Fue cuando escribió la polémica obra Morelos en Cuautla, hoy perdida, pero que le dió la primera fama y después cierta vergüenza, según parece, pues cuando hacía el recuento de sus obras no la reconocía.Después vino a la Ciudad de México a iniciar estudios de Derecho en el Colegio de Letrán, pero en 1854 interrumpió sus estudios para adherirse a la revolución de Ayutla, que pretendía derrocar a Antonio López de Santa Anna, se fue al sur de Guerrero y se puso bajo las órdenes del general Juan Alvarez, de quien se hizo secretario. Comenzaba así su carrera militar y política y el vaivén de estudiar, combatir y volver a los estudios. Una vez terminada la revolución, Ignacio Manuel retomó sus estudios de jurisprudencia, pero hubo de dejarlos de nuevo en 1857, cuando volvió a estallar la guerra en México, esta vez la de Reforma, que inició la división ideológica clásica del siglo XIX, entre conservadores y liberales.En 1859 se tituló como abogado y, una vez victoriosos los liberales, fue elegido diputado al Congreso de la Unión, donde se reveló como uno de los mejores oradores de su tiempo, y el más radical, al grado que se opuso a la amnistía decretada por Juárez en 1861. En ese entonces condenaba todo intento conciliatorio entre liberales y conservadores: "La historia de México –afirmaba- es una serie de amnistías y lo que ha perdido al país es esa declaración de que todos somos hermanos... Ya basta de transacciones y de generosidad estéril, ¡Justicia y no clemencia!".
En 1863 se incorporó a la lucha republicana contra la invasión francesa y luego combatió contra el imperio de Maximiliano. En 1865 fue nombrado coronel por el presidente Juárez y tuvo importantes triunfos militares. En 1867 participó en el Sitio de Querétaro, donde fue un verdadero héroe y tras derrotar a las imperiales fuerzas de Maximiliano, tuvo un encuentro con él, del que hace un retrato en su Diario.Al triunfo de la República se retiró para siempre del las armas: alguna vez declaró que le agradaba la carrera militar y que lo inspiraba el ideal renacentista del “hombre de armas y letras”, así que en 1867 dijo que “mi misión con la espada ha terminado” y se dedicó a las letras y a la política.
Fue diputado al Congreso de la Unión en tres períodos, durante los cuales abogó por la instrucción primaria gratuita, laica y obligatoria. Fue también Procurador General de la República, fiscal, magistrado y presidente de la Suprema Corte, así como oficial mayor del Ministerio de Fomento, en cuyo carácter impulsó la creación de observadores astronómicos y meteorológicos y la reconstrucción de las vías telegráficas.
Sin embargo, su labor más importante fue la que desarrolló en pro de la cultura y las letras. Maestro de dos generaciones de pensadores y escritores, organizador de las famosas “Veladas Literarias” en su casa de calle de los Héroes, Altamirano se preocupó porque la literatura mexicana tuviera un carácter verdaderamente nacional, y que llegara a ser un elemento activo para la integración cultural del país. Y esto no quiere decir que despreciara la cultura de otras partes, Altamirano fue quizá el primer mexicano que exploró la literatura inglesa, alemana, norteamericana e hispanoamericana, que en su tiempo eran desconocidas por la mayoría de los hombres de letras.En 1869 fundó con Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto la revista El Renacimiento, un hito en la historia de la literatura mexicana, pues desde aquellas páginas el maestro se propuso reunir a los escritores de todos los credos para contribuir a la gran obra de reconstrucción nacional. Para esas alturas ya había dejado atrás su radicalismo intolerante. Pensaba que había que apagar rencores entre los mexicanos. Olvidar, perdonar y conciliar, ya que México había pagado su cuota de sangre y era hora de ponerle fin a la guerra civil disolviendo las facciones y creando una literatura verdaderamente nacional. Entonces hizo una exhortación a los intelectuales de todos los bandos, y fue así como logró que escribieran ahí románticos, neoclásicos y eclécticos, conservadores y liberales, juaristas y progresistas, obispos y librepensadores, figuras consagradas y novatos de las letras, bohemios poetas, sesudos ensayistas, solemnes historiadores y hombres de ciencia.
Al terminarse el ciclo de esta revista creó los periódicos El Federalista (1871), La Tribuna (1875) y La República (1880), periódico consagrado a defender los intereses de las clases trabajadoras. Fundó también, y presidió, la Sociedad de Librepensadores y la primera Asociación Mutualista de Escritores.Fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela de Comercio, la de Jurisprudencia, la Nacional de Profesores y muchas más, por lo cual recibió el título de Maestro y creó el Liceo de Puebla y la Escuela Normal de Profesores de México.Cultivó la novela y la poesía, el cuento y el relato, la crítica, la historia, el ensayo, la crónica, la biografía y los estudios bibliográficos. Algunas de sus obras: Rimas (1871), donde tradujo la belleza del paisaje mexicano; Clemencia (1868), considerada como la primer novela mexicana moderna; La Navidad en las Montañas (1871), y El Zarco (1901), publicada póstumamente, que cuenta las aventuras de un bandido, miembro de la banda de "Los Plateados", y Atenea (1935, inconclusa). Los dos volúmenes de Paisajes y Leyendas (1884-1949) reúnen sus trabajos del género costumbrista, como crónicas y retratos.
En sus últimos años trabajó en el servicio diplomático mexicano, desempeñándose como cónsul en Barcelona y París, adonde recibió a un joven inquieto al que inició en los misterios de la masonería: Francisco I. Madero.

Se ha procurado averiguar el comportamiento de Altamirano durante los últimos años de su vida, y lo que para algunos fue un exilio, por su oposición al régimen de Porfirio Díaz. El hecho es que en momentos en que ya se vislumbraba la traición de Díaz al movimiento liberal y su pacto de conciliación con el clero y el partido conservador, mientras el futuro dictador trataba de someter a todos los masones a su control y resucitaba el rito escocés antiguo y aceptado, que había apoyado a los conservadores y a Maximiliano, Altamirano encabezó un movimiento disidente y creó la masonería del rito escocés "reformado".

Para esas alturas el Rito Yorkino había desaparecido, y como persistía el Rito Nacional Mexicano, autor de las Leyes de Reforma y de la Constitución del 57, que había sido apoyo de las presidencias tanto de Juárez como de Sebastián Lerdo de Tejada, es decir opositor a Díaz, éste empezó a maniobrar para debilitarlo y desaparecerlo.

En 1878 mientras un incondicional de Díaz, Alfredo Chavero, era designado dirigente del Supremo Consejo del rito escocés, Altamirano resultó electo Gran Maestro de la Gran Logia Valle de México, según Richard E. Chism como resultado de "una conspiración" anti-porfirista. El hecho es que pronto esa Gran Logia se rebeló contra el Supremo Consejo Escocés y con ella Altamirano constituyó el llamado "Supremo Consejo del Gran Oriente de México" que se alió con lo que quedaba del Rito Nacional, y que por tanto se declaraba nacionalista y no se sometía ninguna potestad extranjera. Este supremo consejo disidente llegó a controlar hacia 1884 120 logias y obtuvo el reconocimiento de autoridades masónicas de España, Rumania, Túnez, Francia, Luisiana y Brasil.
Altamirano explicó las razones de su disidencia alegando que quería organizar a la masonería conforme a su verdadero espíritu y denunciando que la masonería escocesa constituía un "cuerpo jerárquico muy semejante a la aristocracia nobiliaria o parecida a la iglesia católica romana". Estableció que no se requiriera posición económica para la admisión a sus filas, sino únicamente la aptitud intelectual y moral; y desechar los honores aristocráticos a los masones de altos grados por humillantes y por ser "contrarios a nuestro carácter republicano y democrático". El regaño iba dirigido al Supremo Consejo de Chavero para que lo entendiera su jefe, el presidente Díaz.
Otras disposiciones observadas por los "reformadores" fueron la admisión de mujeres en sus logias y su rechazo a una disposición impulsada por Díaz que acercaba simbólicamente la masonería a la religión católica y la alejaba del liberalismo: las tenidas debían de ser presididas por la Biblia en lugar de la Constitución de 1857.

El prestigio de Altamirano fortaleció el movimiento disidente, pronto se le sumaron liberales de gran prestigio como los generales Ramón Corona y Sóstenes Rocha, Juan de Dios Peza y Porfirio Parra, pero al Rito Escocés porfirista lo respaldaban los masones de los Estados Unidos y pronto asumió el control de toda la masonería mexicana.
Es decir, que tan temprano como en 1884 Altamirano fue opositor de la masonería escocesa porfirista y por ende de don Porfirio, por lo que pudo haber sido forzado a exiliarse en Europa. De este modo, mientras Díaz se consolidaba como jefe máximo de la política y de la masonería, a Altamirano, cuyo liderazgo era fundamental en los trabajos para fortalecer el rito escocés "reformado", le dio el "nombramiento" de embajador en España y lo sacó del país. Además, el dirigente del Rito Nacional, Francisco de P. Gochicoa, fue metido a la cárcel, y Corona y Rocha, fueron asesinados.

El hecho es que en 1892, estando Altamirano en Europa, le apareció una tuberculosis pulmonar y buscando el sitio adecuado para intentar un poco de alivio, en compañía de su esposa, Altamirano llegó a San Remo, ciudad italiana famosa por su clima mediterráneo, y ahí murió el lunes 13 de febrero de 1893, a la edad de 59 años, cumpliéndose así una de sus frases favoritas: "En 13 nací, en 13 me casé, en 13 he de morir".

No dejó ninguna fortuna ni deudas, y dispuso su cremación: "No quiero que me dejen en tierra extranjera; y como el medio más seguro para volver a la patria es la cremación de mi cadáver, después que yo muera, imponga usted –dijo a su yerno Joaquín Casasús– su voluntad y mi deseo, y lleve a la patria mis cenizas".
En San Remo existía un horno crematorio que había sido construido bajo los auspicios de una sociedad de librepensadores masones, "obligándose todos ellos a que sus cadáveres fueran cremados" contraviniendo las disposiciones de la iglesia católica, que condenaba el hecho. Hasta entonces ningún cadáver había sido cremado en dicho horno, por lo que las autoridades de la ciudad, atendiendo la solicitud de Casasús y aprovechando al mismo tiempo la ocasión de hacerlo funcionar por primera vez, dieron todas las facilidades a los dolientes, que vieron satisfechos cómo el maestro, muerto ya, daba una última lección en esa tierra extraña. Un homenaje sencillo, pero significativo, recibió el maestro por parte de aquellos hombres innovadores, como él, cuando el señor Bernardo Calvino, al frente de una numerosa comitiva, depositó sobre su féretro una corona de flores y dijo a Casasús:
"Hemos sabido que el señor Altamirano, cuya muerte lamentan ustedes, era un viejo liberal, un patriota distinguido y un hombre de letras eminente, y hemos querido, los miembros de la Sociedad de Librepensadores de San Remo, venir a presentarle el testimonio de nuestra simpatía y de nuestra admiración y a acompañarlo al cementerio para ser testigos de la cremación de su cadáver. Va a dar un ejemplo él a esta ciudad, digno de ser imitado, y es muy justo que tomemos participación en esta que juzgamos importantísima ceremonia".
Las cenizas del maestro Altamirano fueron depositadas en una caja pequeña y llevadas por Casasús a París, luego a Nueva York, después a Veracruz y, finalmente, a la ciudad de México, "...para depositarlas –escribió Casasús– primero en el monumento que a su padre [de Altamirano]... levantaron los hijos de don José M. Iglesias, y luego en la capilla que la gratitud de mi mujer [Catalina Altamirano] levantara para él".
El 13 de noviembre de 1934, al cumplirse el centenario de su nacimiento, sus cenizas fueron depositadas en la Rotonda de los Hombres Ilustres. En su honor, la cabecera del municipio de Pungarabato se llama Ciudad Altamirano.

A la postre de aquél esfuerzo disidente de Altamirano surgieron en 1909 las logias demasones que impulsaron primero, la candidatura de Bernardo Reyes, y luego, el movimiento anti-reeleccionista de Madero.