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Jesús González Ortega |
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Juárez caricaturizado como "emperador" por sus adversarios |
Siendo como lo fue, el mejor
presidente que ha tenido México, a quien debemos nada menos que la posibilidad
de ser país, Benito Juárez fue un hombre de claroscuros. Ignacio Manuel
Altamirano lo acusó de transaccionista por ser, según él, demasiado suave con
los conservadores. Guillermo Prieto no dudó en renunciarle, en desacuerdo con
su forma de gobernar. E Ignacio Ramírez se alejó de él y lo llamó un “bárbaro
de la Mixteca”,
acusándolo de “corromperlo todo, de centralizarlo todo”. Escribió en su
momento: “Don Benito, en las horas de lucha electoral, puede, desde su silla,
merced al telégrafo, derramar sobre las urnas hasta hacerlas rebosar, torrentes
de oro con una mano y con la otra torrentes de sangre”.
Casi todos coincidían en
algo: su obsesión en concentrar el poder, en aferrarse a él, incluso
despreciando y eludiendo las elecciones. El hecho es que sus contemporáneos y la
prensa crítica de su época pintaban a Juárez como un “dictador constitucional”,
y hablaban de cómo usaba el erario para hacer elecciones a modo, apoyarse a sí
mismo y apoyar a sus candidatos.
Otro de sus detractores fue
el general Jesús González Ortega, el vencedor Calpulalpan. El se ostentó hasta
su muerte como el “presidente legítimo”, acusando a Juárez de imponerse por
encima de la ley a pesar de no tener derecho alguno. Y su último intento por
sacarlo de la presidencia lo hizo en 1864.
González no quería tampoco
elecciones, lo que quería era que Juárez lo heredara, así que para presionarlo se
acerca a los franceses y trabaja en un aparente plan de paz, en realidad un arreglo
con los invasores para terminar con la ocupación militar. Hace incluso un viaje
a los Estados Unidos, y allá lo recibe el embajador Matías Romero, quien lo
presenta al presidente norteamericano Andrew Johnson como el futuro presidente
de México.
Pero llegó 1865, y como no
se veía mucha voluntad de Juárez para dejar el poder, González Ortega viajó a Chihuahua,
que en ese entonces era la capital de la República, sólo para recordarle a Juárez que el día 30 de Noviembre terminaba su mandato y
que le correspondía a él ocupar la primer magistratura del país por ser el
presidente de la
Suprema Corte.
La respuesta de Juárez, esta
vez, fue que como no había un Congreso que resolviera la controversia, tocaba a
él gobernar mediante decreto, así que dictó uno en el que señalaba que por
vivir el país tiempos de guerra no era posible realizar las elecciones, por lo
que su mandato sería prorrogado hasta que la situación nacional se normalizara.
No conforme con eso,
inhabilitó a González Ortega como presidente de la Suprema Corte y por ende como vicepresidente
acusándolo de haber aceptado primero ser Gobernador de Zacatecas y luego por
haber viajado a los Estados Unidos, reservándose el derecho de nombrar otro en
su lugar.
A partir de ese momento,
González Ortega pasó varios años de su vida reclamando que él era el presidente
legítimo de México desde que legalmente terminó el período de Juárez en 1861,
infructuosamente. ¿A qué se debió su mala fortuna? Según Justo Sierra "nadie
como él ha purgado el delito de ser grande. Nadie como él ha sufrido todas las
durezas de la ingratitud humana... Culpa, en realidad, de haber tenido un
mérito superior al de los hombres de peso".
La verdad es que varios
generales y miembros del gabinete desaprobaron la negativa de Juárez de
entregarle el mando a González, llegaron a calificarla como el equivalente a un
"golpe de Estado". Guillermo Prieto, que fue uno de ellos, denunció
además que había sido el presidente quien había mandado a González para que
trabajara en los Estados Unidos por la causa liberal.
Pero esta vez Juárez fue
implacable. A Prieto le giró orden de aprehensión, y a González Ortega lo acusó
de traición. Se encontraba en ese momento González en Texas. Quiso regresar a
México para reclamar sus derechos, pero fue obligado a permanecer allá mediante
argucias legales que armaron los juaristas en connivencia con las autoridades
norteamericanas, y cuando finalmente pudo regresar al país ya había pasado el
término legal de la presidencia de Juárez, pero además se encontró con dos
disposiciones oficiales: una mediante la cual debía aprehenderse inmediatamente
a los generales, jefes y oficiales que se hubieran ausentado del país y
regresaran a México, su caso. Y otra que lo desaforaba supuestamente por haber
abandonado sus funciones como general del Ejército y como presidente de la Suprema Corte, por
lo que se le debía de encarcelar en donde se le encontrara.
Durante un tiempo, González
Ortega anduvo errante por todo el país, y al no lograr respuesta alguna por
parte de Juárez, en abril de 1865 regresó a Washington. Buscó allá al secretario
de Estado Mr. Seward, para pedirle el reconocimiento de su gobierno como
presidente legítimo, y hasta logró que varios congresistas se interesaran en su
causa.
Además de los ideólogos
Prieto, Ramírez y Altamirano, acá lo respaldaban los generales Miguel Negrete,
Servando Canales, los Quesada, José María Patoni, Epitacio Huerta, etc.
Confiado en ello, regresó a
México en agosto de 1865 asegurando que su único propósito era presentarse a
Juárez, con la única fuerza que le daba la ley, para pedirle el puesto. Quería
conferenciar con él, pero se le impidió. Acudieron una vez más en su apoyo
varios generales, sobre todo el general Patoni; hubo alzamientos en su favor en
Coahuila y Tamaulipas y se supo que muchos generales que combatían a los
franceses estaban dispuestos a levantar un acta desconociendo a Juárez y
ofreciéndole la presidencia él. Todo
parecía indicar que con el apoyo popular y el del gobierno norteamericano, al
triunfo de la República,
ocuparía él la presidencia.
Pero el hecho es que la
mayoría de los generales republicanos apoyaron a Juárez. Y también los Estados
Unidos.
Justo Sierra y Francisco
Bulnes afirman que viendo perdida la causa de la intervención, los franceses
pensaron en González Ortega para entregarle la presidencia, una vez abdicara
Maximiliano. Y que eso precisamente inclinó la balanza en favor de Juárez por
parte del gobierno de los Estados Unidos.
Enterado del ardid francés,
el gobierno de Washington resolvió enviar a México una misión diplomática y
militar encabezada por Mr. Campbell y el general Sherman para que, al
embarcarse Maximiliano, sostuviese a Juárez e impidiese que el jefe de los
franceses se entendiera con algún caudillo liberal mexicano. Por si esto fuera
poco, en noviembre de 1866, González fue aprehendido por el ejército
estadounidense, a petición de los juaristas, y aunque fue liberado dos meses más
tarde, una vez que regresó a México fue reaprehendido junto al general Patoni,
y enviados ambos a la prisión de Monterrey.
Era todavía presidente de la Suprema Corte, gozaba de fuero,
nunca se le sometió a juicio alguno, y aún así Juárez lo mantuvo preso por
varios meses. González Ortega y Patoni enviaron varias peticiones al Congreso
para que se revisara su caso, pero ni siquiera merecieron discusión.
Poco después, Juárez
destituyó de plano, mediante decreto, a González Ortega, nombrando en su lugar
a Sebastián Lerdo de Tejada, y entonces sí, le otorgó el perdón. Esto fue en julio
de 1868.
Profundamente decepcionado
por lo que él llamaba artero "golpe de Estado" González Ortega
publica un manifiesto en el que reconocía el gobierno de Juárez como un hecho
consumado, renunciaba a sus pretensiones presidenciales y dijo tener la
conciencia tranquila porque siempre cumplió con su deber. Luego de eso se fue a
radicar a Saltillo, mientras Patoni se fue a vivir a Durango, pero hasta allá
lo fueron a buscar un grupo de militares y lo fusilaron sin más. Fue un
escándalo nacional, se culpó del crimen al ministro de Guerra Ignacio Mejía, el
juicio se aplazó y el crimen quedó impune.
Aterrorizado por el
asesinato de su amigo, González se retiró de toda actividad política y militar,
cortó relaciones hasta con sus amigos y se recluyó en una casa de Saltillo,
negándose a salir de ella. Se dijo que se había vuelto loco.
2 comentarios:
Un día como hoy hace 134 años fallece el tío abuelo
Francisco Estrada C. :
Estupenda reseña historica!!
Lo felicito arduamente por su labor de investigacion.
Atte. Fabia Robles, de Mexicali, BC
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