sábado, 21 de julio de 2012

LA LUCHA DE JUAREZ Y GONZALEZ ORTEGA

Jesús González Ortega

Juárez caricaturizado como "emperador" por sus adversarios

Siendo como lo fue, el mejor presidente que ha tenido México, a quien debemos nada menos que la posibilidad de ser país, Benito Juárez fue un hombre de claroscuros. Ignacio Manuel Altamirano lo acusó de transaccionista por ser, según él, demasiado suave con los conservadores. Guillermo Prieto no dudó en renunciarle, en desacuerdo con su forma de gobernar. E Ignacio Ramírez se alejó de él y lo llamó un “bárbaro de la Mixteca”, acusándolo de “corromperlo todo, de centralizarlo todo”. Escribió en su momento: “Don Benito, en las horas de lucha electoral, puede, desde su silla, merced al telégrafo, derramar sobre las urnas hasta hacerlas rebosar, torrentes de oro con una mano y con la otra torrentes de sangre”.
Casi todos coincidían en algo: su obsesión en concentrar el poder, en aferrarse a él, incluso despreciando y eludiendo las elecciones. El hecho es que sus contemporáneos y la prensa crítica de su época pintaban a Juárez como un “dictador constitucional”, y hablaban de cómo usaba el erario para hacer elecciones a modo, apoyarse a sí mismo y apoyar a sus candidatos.
Otro de sus detractores fue el general Jesús González Ortega, el vencedor Calpulalpan. El se ostentó hasta su muerte como el “presidente legítimo”, acusando a Juárez de imponerse por encima de la ley a pesar de no tener derecho alguno. Y su último intento por sacarlo de la presidencia lo hizo en 1864.
González no quería tampoco elecciones, lo que quería era que Juárez lo heredara, así que para presionarlo se acerca a los franceses y trabaja en un aparente plan de paz, en realidad un arreglo con los invasores para terminar con la ocupación militar. Hace incluso un viaje a los Estados Unidos, y allá lo recibe el embajador Matías Romero, quien lo presenta al presidente norteamericano Andrew Johnson como el futuro presidente de México.
Pero llegó 1865, y como no se veía mucha voluntad de Juárez para dejar el poder, González Ortega viajó a Chihuahua, que en ese entonces era la capital de la República, sólo para recordarle a Juárez que el día 30 de Noviembre terminaba su mandato y que le correspondía a él ocupar la primer magistratura del país por ser el presidente de la Suprema Corte.
La respuesta de Juárez, esta vez, fue que como no había un Congreso que resolviera la controversia, tocaba a él gobernar mediante decreto, así que dictó uno en el que señalaba que por vivir el país tiempos de guerra no era posible realizar las elecciones, por lo que su mandato sería prorrogado hasta que la situación nacional se normalizara. 
No conforme con eso, inhabilitó a González Ortega como presidente de la Suprema Corte y por ende como vicepresidente acusándolo de haber aceptado primero ser Gobernador de Zacatecas y luego por haber viajado a los Estados Unidos, reservándose el derecho de nombrar otro en su lugar. 
A partir de ese momento, González Ortega pasó varios años de su vida reclamando que él era el presidente legítimo de México desde que legalmente terminó el período de Juárez en 1861, infructuosamente. ¿A qué se debió su mala fortuna? Según Justo Sierra "nadie como él ha purgado el delito de ser grande. Nadie como él ha sufrido todas las durezas de la ingratitud humana... Culpa, en realidad, de haber tenido un mérito superior al de los hombres de peso".
La verdad es que varios generales y miembros del gabinete desaprobaron la negativa de Juárez de entregarle el mando a González, llegaron a calificarla como el equivalente a un "golpe de Estado". Guillermo Prieto, que fue uno de ellos, denunció además que había sido el presidente quien había mandado a González para que trabajara en los Estados Unidos por la causa liberal.
Pero esta vez Juárez fue implacable. A Prieto le giró orden de aprehensión, y a González Ortega lo acusó de traición. Se encontraba en ese momento González en Texas. Quiso regresar a México para reclamar sus derechos, pero fue obligado a permanecer allá mediante argucias legales que armaron los juaristas en connivencia con las autoridades norteamericanas, y cuando finalmente pudo regresar al país ya había pasado el término legal de la presidencia de Juárez, pero además se encontró con dos disposiciones oficiales: una mediante la cual debía aprehenderse inmediatamente a los generales, jefes y oficiales que se hubieran ausentado del país y regresaran a México, su caso. Y otra que lo desaforaba supuestamente por haber abandonado sus funciones como general del Ejército y como presidente de la Suprema Corte, por lo que se le debía de encarcelar en donde se le encontrara.
Durante un tiempo, González Ortega anduvo errante por todo el país, y al no lograr respuesta alguna por parte de Juárez, en abril de 1865 regresó a Washington. Buscó allá al secretario de Estado Mr. Seward, para pedirle el reconocimiento de su gobierno como presidente legítimo, y hasta logró que varios congresistas se interesaran en su causa.
Además de los ideólogos Prieto, Ramírez y Altamirano, acá lo respaldaban los generales Miguel Negrete, Servando Canales, los Quesada, José María Patoni, Epitacio Huerta, etc.
Confiado en ello, regresó a México en agosto de 1865 asegurando que su único propósito era presentarse a Juárez, con la única fuerza que le daba la ley, para pedirle el puesto. Quería conferenciar con él, pero se le impidió. Acudieron una vez más en su apoyo varios generales, sobre todo el general Patoni; hubo alzamientos en su favor en Coahuila y Tamaulipas y se supo que muchos generales que combatían a los franceses estaban dispuestos a levantar un acta desconociendo a Juárez y ofreciéndole la presidencia  él. Todo parecía indicar que con el apoyo popular y el del gobierno norteamericano, al triunfo de la República, ocuparía él la presidencia.
Pero el hecho es que la mayoría de los generales republicanos apoyaron a Juárez. Y también los Estados Unidos.
Justo Sierra y Francisco Bulnes afirman que viendo perdida la causa de la intervención, los franceses pensaron en González Ortega para entregarle la presidencia, una vez abdicara Maximiliano. Y que eso precisamente inclinó la balanza en favor de Juárez por parte del gobierno de los Estados Unidos.
Enterado del ardid francés, el gobierno de Washington resolvió enviar a México una misión diplomática y militar encabezada por Mr. Campbell y el general Sherman para que, al embarcarse Maximiliano, sostuviese a Juárez e impidiese que el jefe de los franceses se entendiera con algún caudillo liberal mexicano. Por si esto fuera poco, en noviembre de 1866, González fue aprehendido por el ejército estadounidense, a petición de los juaristas, y aunque fue liberado dos meses más tarde, una vez que regresó a México fue reaprehendido junto al general Patoni, y enviados ambos a la prisión de Monterrey.
Era todavía presidente de la Suprema Corte, gozaba de fuero, nunca se le sometió a juicio alguno, y aún así Juárez lo mantuvo preso por varios meses. González Ortega y Patoni enviaron varias peticiones al Congreso para que se revisara su caso, pero ni siquiera merecieron discusión.
Poco después, Juárez destituyó de plano, mediante decreto, a González Ortega, nombrando en su lugar a Sebastián Lerdo de Tejada, y entonces sí, le otorgó el perdón. Esto fue en julio de 1868.
Profundamente decepcionado por lo que él llamaba artero "golpe de Estado" González Ortega publica un manifiesto en el que reconocía el gobierno de Juárez como un hecho consumado, renunciaba a sus pretensiones presidenciales y dijo tener la conciencia tranquila porque siempre cumplió con su deber. Luego de eso se fue a radicar a Saltillo, mientras Patoni se fue a vivir a Durango, pero hasta allá lo fueron a buscar un grupo de militares y lo fusilaron sin más. Fue un escándalo nacional, se culpó del crimen al ministro de Guerra Ignacio Mejía, el juicio se aplazó y el crimen quedó impune.
Aterrorizado por el asesinato de su amigo, González se retiró de toda actividad política y militar, cortó relaciones hasta con sus amigos y se recluyó en una casa de Saltillo, negándose a salir de ella. Se dijo que se había vuelto loco.

Publicado en Unomasuno el 22 de mayo de 2012.



1 comentario:

Benjamín Sandoval Córdova dijo...

Un día como hoy hace 134 años fallece el tío abuelo