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Caricatura de la compra de voto en los tiempos de Juárez. |
Benito
Juárez llegó al poder por una traición, la de Ignacio Comonfort al partido
liberal, mediante la transmisión del mando que en ese tiempo se hacía, a falta
del presidente en funciones, al presidente de la Suprema Corte.
Lo
que pasó es que Comonfort, después de ocupar la presidencia en forma interina
que le dejó Juan Alvarez, convocó a elecciones y las ganó con el apoyo de los
liberales; sólo que gobernó para conformar en todo a los conservadores y, como
siempre en nuestra historia, éstos solamente lo utilizaron y cuando se
sintieron seguros, le dieron golpe de estado y lo dejaron colgado.
Entonces
Juárez, presidente de la Suprema Corte,
se hizo cargo de la presidencia y puso todo su empeño en restaurar el orden
constitucional y con él, desde luego, las leyes liberales. Fue una guerra de
tres años que lo llevo de la
Ciudad de México a Guanajuato, de ahí a Guadalajara, Colima y
Manzanillo, a Nueva Orléans y finalmente a Veracruz, desde donde organizó la
defensa del gobierno. Y ganó.
Bueno, para los liberales
“Puros” y para el sector militar quien ganó la guerra había sido en realidad el
general Jesús González Ortega, vencedor de la batalla de Calpulalpan. Y lo
impulsaron a la presidencia.
Las elecciones debían
llevarse a cabo en 1861. De hecho, en cuanto se reinstala en Palacio Nacional
Juárez declara que en "breve tiempo entregaré al elegido del pueblo el poder
que sólo he mantenido como un depósito", y efectivamente convoca a elecciones...
al mismo tiempo que se empeña en sacar del escenario a todo posible competidor.
No olvidemos que el partido “Puro”
no comulgaba con Juárez. Se dedicó a obstaculizarlo y a tratar de sustituirlo,
casi todo el tiempo, incluso en los momentos más álgidos, y para ello cuenta
con dos cartas: el propio González Ortega es una de ellas. Otra es Miguel Lerdo
de Tejada, quien parecía el favorito para ganar.
Lerdo era de los liberales
que decían que una “intervención transitoria” de los Estados Unidos era
deseable y aún de procurarse con tal de lograr el triunfo liberal; pero también
trató de negociar con los conservadores varias veces. Participó, entre otros,
en el intento de acuerdo que empujaron Miguel Miramón y Santos Degollado para
poner fin a la guerra. Monarquía pedían unos y volteaban la vista a Europa,
federación republicana los otros, y procuraban la ayuda de los Estados Unidos.
Así que buscaron la mediación del embajador norteamericano Robert MacLane y del
embajador español Francisco Pacheco, y negociaron la formación de un gobierno
interino “neutral” y un congreso bipartidista, amnistía, y convocar a nuevas
elecciones. Pero Juárez lo rechazó tajantemente y el intento fracasó.
Cuando se desató la Guerra de Reforma, Lerdo le
recomendó a Juárez acceder por entero a las demandas norteamericanas, a cambio
de su apoyo. No sólo eso, sino que inició las negociaciones en Washington para
conseguir el reconocimiento de Juárez. En más de una ocasión propuso traer
norteamericanos armados para defender a la República. Y llegó al
extremo de someter el programa del gobierno a la aprobación del embajador
norteamericano Churchwell, quien dice de él, en 1859, que “debemos tenerlo
presente como el hombre más seguro en cuanto a su preferencia por nosotros”.
Se pensó que era el sucesor
lógico de Juárez. Los liberales “Puros” siempre lo tuvieron como su candidato a
presidente. Y efectivamente lo nominaron para las elecciones de 1861, y llegó a
contar con el voto electoral de 5 estados, mientras que González Ortega tenía 5
y Juárez 6 estados… El problema fue que cayó enfermo, y murió en una semana. De
tifoidea dicen, asesinado se rumoró.
El caso es que muerto Lerdo,
el partido "Puro" proyecta a González Ortega y mantiene su
beligerancia frente a Juárez. Consideraban a González Ortega “más resuelto”
para llevar la Reforma
hasta sus últimas consecuencias y llegaron al extremo de promover un juicio por
alta traición contra Juárez por el Tratado Mac-Lane-Ocampo, para inhabilitarlo
a un nuevo período.
No lo lograron tampoco, aún
cuando fue corta la diferencia en el Congreso: 61 diputados contra 55 ratifican
a Juárez en la presidencia. Y cuando se realizan las elecciones, y se presenta
González Ortega para contender contra el oaxaqueño el resultado es contundente:
Juárez obtiene 5,289 votos, contra 1,846 de González Ortega, quien sin embargo
es electo presidente de la Suprema Corte,
que conllevaba también el cargo de vicepresidente y la posibilidad de sustituir
al presidente.
González Ortega lo sabe y
juega con la posibilidad. Al protestar sus cargos lanza un Manifiesto
condenando el derramamiento de sangre en nombre de la libertad y la Reforma y propone un “plan
de paz”, ofreciendo incluso una amnistía a los conservadores para atraerlos a
sus filas.
Poco después, 51 diputados
"Puros" –entre ellos nada menos que Guillermo Prieto, Ignacio Manuel
Altamirano e Ignacio Ramírez- le escriben a Juárez pidiéndole la renuncia y la
designación en su lugar de González Ortega. Le censuran la lentitud de sus
acciones y su falta de energía ante los europeos y los conservadores. Sin
embargo, otros 52 diputados lo apoyan –entre ellos Porfirio Díaz, Ignacio
Mariscal y Manuel Dublán-, y se queda por otros 4 años en el poder.
Aún así, ni los “Puros” ni
González Ortega ceden. En 1863 corre el rumor de que éste último quiere reclamar
una vez más el poder para sí, y sucede que, sorprendentemente, su escolta se le
subleva, y lo trata de asesinar. Infructuosamente, pues milagrosamente González
Ortega logra escapar, se refugia en Zacatecas, y desde allá reclama la
presidencia que constitucionalmente, dice, a él y sólo a él le corresponde
legítimamente.
Hace varios intentos. Uno de
ellos, directamente ante Juárez. Va a verlo personalmente y le advierte que, de
acuerdo con la
Constitución, de no haber elecciones para el 1 de diciembre
de 1864, el presidente saliente debe entregar el mando al presidente de la Suprema Corte, en este caso a
él, a González Ortega.
Otro intento lo hace junto
con Doblado, y parte del partido "Moderado". De común acuerdo, envían
a Juárez en Saltillo una comisión que le dice al presidente que hay disposición
de los invasores franceses de tratar con el grupo liberal, siempre y cuando se
excluyese a Juárez. En realidad se trataba de organizar un gobierno “de
conciliación” que asegurara los intereses franceses. Por tanto, Juárez debe
renunciar al puesto, dejándolo a alguno de los dos.
A la reclamación de
González, Juárez responde, por medio de Sebastián Lerdo de Tejada, con una
argucia legal: como Juárez había asumido la presidencia el 16 de junio de 1861
y no un 1 de diciembre como decía la Constitución, los meses anteriores no contaban,
así que su período terminaba en realidad el 30 de noviembre de 1865. González
Ortega aceptó, confiando en la palabra empeñada, y pide se le de entre tanto una
comisión para seguir defendiendo al país de la intervención.
A la tentativa de Doblado y
González Ortega Juárez se negó rotundamente aduciendo la defensa de la
soberanía, y tanto Doblado como González Ortega, al fin patriotas, acaban por
aceptar sus razones.
Esto no obsta para que González
Ortega mantenga sus esperanzas, así que sigue esperando… y maniobrando.
Estaba visto que todavía las
elecciones iban a ser motivo de muchas controversias y divisiones entre los
mexicanos.
Publicado en Unomasuno el 15 de mayo de 2012.
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