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Imprecisiones de la Película "Colosio" |
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La "guerra sucia" de Camacho y Salinas Vs. Colosio |
Siempre he dicho que es
tiempo de superar la partidización de la historia. Un vicio que nos viene de
los años del priísmo, y quizá desde antes, merced al cual nos han convertido a
los ciudadanos en rehenes de las fechas especiales o conmemoraciones creadas
por quienes dictan quienes son los buenos y quienes los malos, los
“historiadores” oficiales, con el único objetivo de mantener la ignorancia de
nuestro pasado y conjurar cualquier visión analítica.
Pero mucho menos creo en los
supuestos esfuerzos “desmitificadores” de los que hacen de nuestra historia una
telenovela o un best seller. Que una cosa es presentar a los personajes y a los
héroes como lo que son, hombres y mujeres de carne y hueso, y otra encubrir en
la invasión de su intimidad el afán por minimizarlos, o peor aún, para
disfrazar su partidismo, que es lo que en realidad hacen.
No es el caso de la película
de Carlos Bolado, “Colosio, el asesinato”, esfuerzo notable como pocos por presentarnos
un hecho reciente que define sin duda mucho de lo que somos y de lo que no
hemos podido llegar a ser.
Siempre es arriesgado
revisar el pasado reciente. Máxime cuando persisten muchos de los intereses que
lo marcaron y siguen con vida la mayoría o buena parte de sus protagonistas.
Por eso es útil y además estimulante la cinta que, novelando unas partes del
suceso y evidenciando otras crudamente, nos permite entender qué pasó aquella
tarde del 23 de marzo de 1994 en Tijuana.
Creo, en todo caso, que el
día que se escriba la verdadera historia de esa etapa Luis Donaldo ocupará un
lugar especial, y no tanto por lo que pudo haber sido, al fin especulación, sino
por lo que representó e hizo. Las razones por las que “no llegó”, o más bien por
las que no lo dejaron llegar a la presidencia.
Si acaso lo único discutible
es que minimizó o de plano ignoró el contexto en el que se desarrolló la
campaña que devino en crimen. Porque a Colosio no lo mataron “ellos”, ese ente
etéreo de los sin nombre de que se habla a lo largo de la cinta, “el sistema” o
el “complejo político-financiero” del país, los mismos que lo encumbraron. Sino
que tienen nombre y apellidos.
Como señaló en su momento el
padre del candidato asesinado, don Luis Colosio: “Dicen que los ambientes de
campaña no matan, que un contexto no asesina. Eso es cierto en el sentido
literal, porque finalmente los asesinatos los cometen las personas... Pero ni
duda cabe que Donaldo fue ultimado en un clima profundo de deterioro de sus
relaciones con el presidente Salinas... ¿Cómo olvidar esa carta donde Zedillo
reportaba que en torno del presidente Salinas existía una influencia muy tenaz
para desacreditar la capacidad de Colosio y, a manera de solución, recomendaba
un pacto político con el entonces presidente de la República?”.
De lo que deriva una crítica más:
las imprecisiones históricas. Por ejemplo, la supuesta “reconciliación” entre
Manuel Camacho y Colosio y la conversación de Diana Laura Riojas con el fiscal
exonerando de hecho al mismo Camacho, apegado esto sólo a la versión de Camacho,
cuando existen al menos otro par de testimonios que no coinciden con ella.
Yo platiqué alguna vez con
Camacho acerca de este tema. El me dijo exactamente lo mismo que se presenta en
la película, que el 16 de marzo se reunió a cenar con Colosio, que se
reconcilió con él y hasta acordaron empujar juntos una gran alianza política de
“centro amplio”. Sin embargo, varios miembros del equipo del sonorense, Heriberto
Galindo, Ernesto Zedillo y Federico Arreola entre otros, no coinciden con esta
versión.
La
entrevista entre Camacho y Colosio efectivamente tuvo lugar en casa de Luis
Martínez el 16 de marzo, pero la verdad es que a despecho de lo que sostiene
Camacho ni siquiera entonces frenó su protagonismo. Como tampoco cesó el activismo
de Carlos Salinas, avalándolo en todo. Antes bien el 17, sólo unas horas
después de aquél encuentro, Camacho hace una llamada telefónica a David Asman
del Wall Street Journal, y le ofrece
la primicia de lo que sería su “programa de gobierno” mientras Salinas elogia
las capacidades como gobernante de Camacho durante una gira por el DF (Reforma, 18 de marzo).
En
ese momento, de acuerdo con encuestas que se difunden interesadamente, la
intención del voto por Camacho iba en ascenso y era muy similar a la de
Cuauhtémoc Cárdenas (más de 20%), aún sin definirse qué partido lo cobijaría (Este País, marzo de 1994).
Algunos
de los ex colaboradores de Colosio que desmienten la versión de Camacho son,
decía, Zedillo y Heriberto Galindo. El primero aseguró, de acuerdo a lo que a
él le dijo Colosio, que esa cena terminó mal. El comentario que Colosio le hizo
a Zedillo de Camacho fue textualmente: “No tiene remedio” (Reforma, 6 de octubre de 1995). Mientras que Galindo aseguró que a
él Colosio, refiriéndose al resultado de la reunión, “con la mano, me hizo como
que sí y como que no, como más o menos, como con dudas” y que le había
explicado: “Hablamos, hablamos… Pero Manuel es muy difícil” (Proceso, 16 de octubre de 1995).
Por
su parte José Ureña, reportero de La Jornada, reveló (4
de octubre de 1995) que Colosio le había dicho a él que su encuentro con
Camacho terminó sin acuerdo, y que hasta le había insinuado que no creía que
ganara la elección. Luego, cuando Colosio le dijo a Camacho que no se valía
usar Chiapas con fines políticos personales y el periodista le preguntó qué le
había contestado, el candidato le refirió: “Si es un hijo de la… ¿qué querías
que me dijera?”.
Basta
recordar que en sus famosas conferencias de prensa en el Hotel Presidente, que
supuestamente ofrecía Camacho para anunciar los avances de su gestión en
Chiapas, nunca dejó de coquetear con una posible candidatura presidencial,
insistía en presentarse como una figura clave para lograr la transición
democrática con todo el apoyo de Salinas; y por cierto que antes de cada
conferencia invariablemente se reunía en privado con el entonces presidente,
para acordar juntos el contenido de sus comunicados. Por lo que habría que
agregar que no sólo fueron las declaraciones de Camacho las que enturbiaron el
ambiente, también fueron las que hacía Salinas, defendiendo y apoyando a
Camacho, y promoviéndole apoyos y adhesiones.
Vaya,
hasta está en entredicho la declaración de Colosio, ese 22 de marzo en que
Camacho declinó finalmente la candidatura. Según Camacho, Colosio le llamó telefónicamente
ese día y no sólo fue muy efusivo con él sino que su declaración a los medios
es la prueba de la “convergencia personal y política” que ya había entre ambos.
La verdad es que Colosio eliminó los párrafos más elogiosos del texto original
(La Jornada, 8 de octubre de 1995), además de que
fue Salinas quien le pidió a Colosio hacer tanto la llamada a Camacho como su
declaración. Le dijo vía telefónica, por la mañana de ese día, textualmente:
“Sé generoso en la victoria, Donaldo. Te suplico que no ataques a Manuel. Habla
bien de él”. Y le repetiría la llamada por la tarde, reiterándole la petición
de hacer una declaración “generosa” para Camacho (La
Jornada, 31 de diciembre de 1995). Dos versiones también.
En cuanto a la conversación
sobre Camacho que tuvo Diana Laura con motivo de la carta que pretendía Salinas
que firmara exonerando a Camacho, basta decir que no fue con Miguel Montes sino
con José Luis Soberanes. Y a él le dijo lo siguiente: “El Presidente me pide
que le suscriba una carta dirigida al licenciado Camacho Solís, donde lo
disculpe y libere de cualquier responsabilidad en el atentado de Luis Donaldo”
(Expediente Noticias, 25 de enero de 2012). Pero nunca emitió un comentario que
permitiera concluir que ya había entendimiento entre Camacho y su marido sino
antes bien a Guadalupe Loaeza le soltó: “No la voy a firmar. No estoy loca”. Y en efecto, jamás firmó la carta. En
relación a ella, Federico Arreola atestiguó al fiscal que Diana Laura lo invitó
a comer un día para decirle que por ningún motivo firmaría la carta, ya que no
quería que Camacho fuera presidente. Le informó que Camacho le había llamado
insistiéndole para que firmara esa carta (Reforma, 24 de marzo de 2004).
Nada de lo cual, en todo
caso, va en demérito de la película, sino antes bien subraya su importancia al
reabrir el análisis y la discusión sobre un capítulo inconcluso, que algún día,
tendremos que resolver. Por la salud de la política. Y de la república.
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