miércoles, 22 de septiembre de 2010

LA FRIVOLIZACION DE LA HISTORIA Y LOS MITOS DE LOS “DESTRUCTORES” DE MITOS







Siempre he sido enemigo de la frivolización de la historia. Esa que suele hacerse, particularmente en torno a fechas especiales o conmemoraciones, por parte de los “historiadores” oficiales, para vendernos sus versiones dizque de “la verdadera” historia, no otra cosa que los mismos cuentos de siempre, y uno que otro nuevo, para mantener la ignorancia de nuestro pasado.
Me refiero a que cuando hablo de la necesidad de abordar la historia desde un punto de vista crítico nada tiene que ver con ese falso afán de “desmitificar” que confunde hacer historia con hacer propaganda, ni siquiera como una forma de educar “a las masas”. Pues una cosa es presentar a los héroes como lo que son, hombres y mujeres de carne y hueso, y otra encubrir en la invasión de su intimidad el afán por minimizarlos.
No es el caso de la película de Antonio Serrano, esfuerzo notable como pocos por presentarnos al auténtico Hidalgo; pero sí de gente como Enrique Krauze, José Manuel Villalpando y Francisco Martín Moreno, entre otros, quienes con la pretendida misión de “reconciliar” a nuestros héroes y anti-héroes y “acabar” con nuestros grandes mitos nos recetan la historia que le conviene al poderoso en turno. Sin investigación ni el menor rigor científico.
¿Queremos destruir en serio los grandes mitos de nuestra historia? Empecemos por ese que afirma que Hidalgo y Allende emprendieron la lucha de independencia sin saber siquiera qué era lo que buscaban, sin querer realmente la independencia. Dice Martín Moreno, rescatando la versión de los conservadores del siglo antepasado, que el “verdadero” Padre de la Patria fue Melchor de Talamantes, nada menos que el instigador de la conspiración de La Profesa, esa que se fraguó para evitar que llegara la reforma liberal de España y para falsear la lucha de independencia hasta el punto de convertirla en bandera justamente de aquellos que no querían la independencia.
La verdad es que todos los insurgentes sabían muy bien lo que se traían entre manos. No lo decían abiertamente por mera táctica, ya hemos hablado aquí de una carta de Allende a Hidalgo que deja muy claras las cosas y sobran los testimonios en ese sentido; así que de que sabían que su lucha era por la liberación de España, ni duda cabe. El que el jefe de la revolución fuera Hidalgo y no Allende y aún el hecho de tomar como bandera a la Virgen de Guadalupe no fueron casualidades. Para eso se reunían en las juntas secretas, no sólo para tomar chocolate. Ellos seguían muy atentamente los acontecimientos en Europa, admiraban el modelo de la Revolución Francesa y tenían todos una formación liberal muy firme gracias a las lecturas prohibidas por el clero de aquella época, que no caían en sus manos por casualidad sino que se las allegaban en las “sociedades de pensamiento” a las que pertenecían. Hasta las mujeres, como la Corregidora.
Se olvida -o quisieran que se olvide- que nuestros libertadores formaron conciencia leyendo a los Enciclopedistas; que fueron influidos por varios acontecimientos, entre otros la invasión napoleónica a España. Pero además, lo más importante, que el liberalismo no llegó espontáneamente aquí sino que se alimentó en el clandestinaje de esas sociedades o logias y que los primeros planes revolucionarios salieron de la masonería.
Esto es parte de lo que no se dice de Hidalgo. Las verdaderas razones de su enjuiciamiento y condena por la Inquisición: no por tener mujer e hijos sino porque luchaba por la independencia, porque leía libros “prohibidos”, porque asistía a “tenidas diabólicas” en una logia de la Ciudad de México y habría recibido las primeras ideas libertarias de uno de esos masones, un francés apellidado D’Alvímar, que además se sabe era agente napoleónico, el cual solía visitarlo en su casa en Dolores, a la que se llegó a conocer por eso, no tanto por las fiestas “licenciosas”, como la “Francia Chiquita”.
Eran parte de una red secreta cuyas ideas y planes emancipadores introdujo en hispanoamérica el venezolano Francisco de Miranda; y a esa red pertenecieron, entre otros, Simón Bolívar, Bernardo O’Higgins, Andrés Bello, José de San Martín y Teresa de Mier, quien hasta llegó a organizar una guerrilla para avivar la lucha junto con otro masón, Francisco Javier Mina.
De acuerdo con los historiadores José María Mateos y Richard Chism, que citan documentos de la Inquisición, las primeras tenidas se llevaron a cabo en nuestro país en los tiempos del Virrey don Juan Vicente de Güemes, segundo Conde de Revillagigedo, en casa de un relojero francés de nombre Juan Estrada Laroche o Juan Esteban Laroche, y fue ahí donde se habrían iniciado los principales promotores de la Independencia. Entre otros, Francisco Primo de Verdad, Miguel Domínguez, Ignacio Allende y hasta la Corregidora de Querétaro Josefa Ortiz de Domínguez. E Hidalgo, desde luego.
Y si bien es cierto que algunos autores, como Luis Zalce, han afirmado que no está suficientemente probado que Hidalgo fuera masón bajo el argumento de que no existe un solo documento al respecto, esto nada tiene de extraño puesto que todo mundo sabe que la masonería –y más en ese tiempo- era una organización manejada en el secreto; pero además, si no hay pruebas de la masonería de Hidalgo sí están plenamente acreditados sus contactos con varios agentes masónicos y napoleónicos, propagadores de las ideas de rebelión, tanto el propio Laroche como D’Alvimar. Y también está el testimonio de Fray Juan de Salazar, un agente diplomático de los insurgentes en los Estados Unidos, quien alguna vez escuchó mencionar el nombre de Miranda a Hidalgo, y así lo dijo en su proceso.
Lo que en todo caso nadie pone en duda es la existencia de un plan masónico para apoyar la liberación de las colonias hispanas tomando como base las ideas de “libertad, igualdad, fraternidad” de la Revolución Francesa, según lo prueba un documento del Supremo Consejo de Charleston hallado entre los papeles de don José Miguel de Azanza, quincuagésimo cuarto Virrey de la Nueva España. Plan que coincidió con otro de Napoleón en el tiempo en que libró su guerra con España, a cargo de varios agentes revolucionarios que él mandó a las colonias españolas para promover su independencia, con instrucciones, muy precisas, que incluían estrategias para hacer la independencia, por ejemplo la que debía de ser la bandera de los insurgentes: “Viva la religión apostólica y romana, y muera el mal gobierno”, así como sugerencias para hacerse de aliados y acelerar la ejecución del movimiento, que luego seguirían casi exactamente Hidalgo y todos los insurgentes.
Entonces, ¿dónde queda la versión engañosa de que el objetivo de ellos era sólo la restauración en el trono de Fernando VII? ¿No es claro que Hidalgo decía eso porque así lo recomendaron los masones para asegurar la adhesión de pueblo y que fue designado por ellos jefe del movimiento por las mismas razones tácticas, con la idea de hacer de él el Padre de la nueva Patria?
No se reconoce esto ahora porque no es conveniente. Pero es la verdad histórica. Como que lo del estandarte de la Virgen de Guadalupe no fue una mera casualidad como afirma Lucas Alamán, el más conspicuo autor de la versión conservadora de nuestra historia.
Se sabe que lo tomó Hidalgo como emblema de lucha en cuanto inició el movimiento, y su historia es muy interesante porque no es un cuadro o una simple reproducción de la imagen religiosa. Se trata del estandarte ni más ni menos que de una logia, que contiene incluso, simulados, los signos y caracteres propios de la masonería. Igual que la otra bandera emblemática de los primeros años de la insurgencia, el “Doliente de Hidalgo”, emblema del grado de maestro masón.
No por nada una de esas logias tenía el nombre de “Los Guadalupes”. ¿Verdad que a pesar de tanto “desmitificador” sigue haciendo falta conocer nuestra verdadera historia?
Publicado en Unomasuno el 21 de septiembre de 2010.

2 comentarios:

Jorge Santiago Ruiz dijo...

Muy interesante artículo, Sr. Estrada. Lo invito a que visite mi sitio web www.hispanoamericaunida.com

Saludos
José Ramón Bravo

Chava Beltran dijo...

Te felicito por tu articulo y tu investigación, solo quiero agregar que algunos de tus comentarios son falsos, es lamentable que tus investigaciones vienen de fuentes falsas, solo para comentarte, hidalgo nunca perteneció alguna orden de los pensadores (como tu le llamas), ni participo en sus reuniones. es lamentable que quieras imponer el mito que a ti te han metido falsos historiadores. Los masones no fanáticos y verdaderos pensadores saben que Hidalgo no fue ni perteneció a la masonería.Saludos!! y sigue en busca del camino de la verdad. algún día lo encontraras. Te recomiendo que visites, observes e investigues los símbolos que se encuentran aun en su antigua casa que han permanecido presentes hasta el día de hoy. Namaste.