jueves, 21 de julio de 2011

HACE 72 AÑOS MUGICA DECLINO, Y LA IZQUIERDA SE PERDIO

Múgica y Lombardo con el presidente del PRM Luis I. Rodríguez en 1939.


Las declaraciones de Avila Camacho, anuncio de la marcha atrás.













Colocado en el trance de sumarse a la candidatura impuesta mediante trampas de su contrincante Manuel Avila Camacho en aras de “la unidad” o romper con el gobierno y con la corriente de la izquierda que lo había hecho a un lado para iniciar una aventura independiente, Francisco J. Múgica optó por el retiro.

Eso fue en 1939, hace 72 años, cuando Lázaro Cárdenas enfrentó su propia sucesión. Y la izquierda perdió entonces toda posibilidad ya no solo de llegar al poder sino de existir siquiera, por lo menos por otros 12 años.
Múgica era el candidato natural de la continuidad cardenista, más que eso era quien garantizaba la vigencia del proyecto revolucionario, sólo que ante la posibilidad de que él pudiera volverse Presidente además de la guerra sucia de los enemigos del gobierno tuvo que enfrentar los ataques y maniobras de los propios cardenistas.
“Radical” le decían para descalificarlo y de que iba a ir “mucho más allá” de lo que había llegado Cárdenas por lo que, decían unos y otros, Múgica era un auténtico “peligro para México”. Lo peor es que convencieron de ello al propio Cárdenas y éste no movió un dedo no se diga para apoyarlo ni siquiera para darle garantías de imparcialidad en la competencia con Avila Camacho.
El hecho es que en el último tramo de su gobierno Cárdenas enfrentó el ataque de los sectores conservadores afectados por su política; ellos vieron en la sucesión presidencial su oportunidad para ajustar cuentas, difundieron la leyenda negra de que el cardenismo era un paso previo a la instauración del comunismo y el temor hizo presa a un buen número de empresarios, inversionistas, profesionistas y desde luego, a las clases medias.
Pragmáticos, los amigos cercanos del Presidente, temerosos de que la ola de descontento se les revirtiera y que las elecciones se les salieran de control, aconsejaron a Cárdenas que lo mejor, para salvar su legado, era ceder y hacer alianzas con sus propios enemigos, con los enemigos de la Revolución, para heredar un gobierno de “unidad nacional”. Es muy seguro que hubiera razones más prosaicas para cerrarle el paso a Múgica; ellos decían que lo hacían porque si continuaba el ritmo de las reformas la división de la sociedad sería terrible y probablemente la oposición podría recurrir a la guerra civil, lo que provocaría a su vez la intervención norteamericana “por razones de seguridad”. La verdad era que luchaban por preservar sus posiciones y sus privilegios, seguir mandando pues, y como Múgica tenía fama de honesto y vertical era muy seguro que no se los permitiera. Fue así como el PRM y la llamada “izquierda oficial” con Vicente Lombardo Toledano a la cabeza decidieron emprender el camino de la conciliación mediante el impulso de un “candidato moderado” que permitiera unificar distintos intereses y que pudiera quitarle las banderas de lucha a la oposición.
Cárdenas compró la estrategia. Pensó que así conjuraba la inminente candidatura del muy popular general Juan Andreu Almazán que empezaba a ganarse adeptos entre los descontentos y amenazaba con fortalecerse. Parte de la estrategia cardenista para enfrentarlo fue inventar la división de la izquierda entre “moderados” y “radicales”, en realidad entre los partidarios de transar con la derecha y los que rechazaban esa idea, y así fue como se le allanó el camino a Avila Camacho.
Es que Múgica había sido el consejero de las más revolucionarias decisiones del cardenismo: él empujó la expropiación petrolera, la apertura del país a los exiliados españoles, el reparto de latifundios, la nacionalización de los ferrocarriles, el Estatuto Jurídico, etc., es decir que era un izquierdista definido, pero se había opuesto a algunas decisiones que no consideró correctas, como la corporativización y sometimiento al poder de los sindicatos y las agrupaciones campesinas, como la organización vertical del partido revolucionario siguiendo el modelo de los frentes populares comunistas, y como el desprecio por la democracia que compartían los líderes partidistas y los hombres del presidente. Porque la otra parte de la estrategia “salvadora” del cardenismo era garantizar el triunfo del señalado por el gran dedo a como diera lugar, incluso haciendo fraude.
En realidad Múgica no quería ser candidato, sólo que era considerado como una esperanza por muchos ciudadanos que veían en él al hombre íntegro y garante fiel, que su propia carrera acreditaba, comprometido con las mejores causas revolucionarias y populares.
El Bloque de Obreros Intelectuales, el Partido Socialista de las Izquierdas y el Frente Socialista de Abogados lo proclamaron su precandidato. “Las alas izquierdas de la revolución con Múgica” fue el grito de batalla de los mugiquistas. Y en ese marco, en el mes de noviembre de 1938 un grupo de legisladores y gobernadores suscribieron un pacto para evitar a toda costa que Múgica fuera el candidato del PRM pero eso a él no le importó, le apostó desde el principio a la democracia y a la gente. Aceptó jugar como precandidato, renunció de inmediato a su cargo de secretario de Comunicaciones para no prestarse su precampaña a ninguna duda de desvío de recursos, creó un periódico para difundir sus ideas, “Regeneración” como el de los magonistas, y empezó un recorrido por el país buscando el trato directo con los obreros y los campesinos, haciendo a un lado el consabido trato con los líderes y dirigentes.
Lo que encontró lo indignó: presiones y amenazas de los gobiernos estatales y municipales contra los opositores a Avila Camacho, invención de delitos para encarcelarlos y liberarlos sólo a cambio de su apoyo y hasta uso de la fuerza pública para amedrentarlos. Se lo dijo a Cárdenas en una carta fechada el 18 de abril de 1939, pero Cárdenas no hizo nada.
Y mientras eso pasaba, de todos lados se lanzaban llamados a “la unidad”. Lombardo y Hernán Laborde un día si y otro también pedían el retiro de Múgica y su apoyo a Avila Camacho, acusándolo de “dividir al movimiento revolucionario” por su empeño en permanecer en la contienda.
Múgica sólo pedía un proceso transparente para elegir al candidato del PRM. Confiaba en recibir el apoyo de las centrales obreras y campesinas, de toda la base popular, para derrotar al aparato gubernamental. Y se equivocó. La culminación del proceso fue el pronunciamiento de los líderes de la CNC y de la CTM, siguiendo la consigna presidencial en favor de Ávila Camacho. Y detrás de estos, su ratificación por el comité nacional del PRM.
Se pensó que entonces Múgica sería candidato del Partido Comunista Mexicano (PCM), por ser “la vanguardia” progresista; pero sus líderes también se plegaron. Sin reparar en que al apoyar a Avila Camacho se negaban a sí mismos como organización revolucionaria, lo fueron a visitar y le pidieron aceptar los hechos y sumarse a la candidatura de Avila Camacho para no romper “la unidad”. Como toda respuesta Múgica los echó de su oficina.
Se creyó que otra salida era aceptar el apoyo del Partido Revolucionario de los Obreros y Campesinos pero lo rechazó, y ya por último se pensó en crear un nuevo partido, el Partido de las Izquierdas de la Revolución Mexicana, que sustituyera al PRM y se construyera al margen de los liderazgos amañados y los acuerdos cupulares.
Sus leales le pedían a Múgica continuar la lucha arrostrando el riesgo de enfrentarse a su discípulo, casi su hijo, el entonces presidente Cárdenas. Es que Múgica y los mugiquistas advertían que en efecto, existía el peligro de una contrarrevolución pero no se encontraba en la oposición sino en la falsa unión que proclamaba el PRM y el PCM, que iba a sepultar todos los avances de la Revolución. El tiempo les daría la razón, sólo que ante la falta de respuesta de la gente, Múgica optó por declinar su precandidatura.
“No soy popular, por lo tanto debo retirarme” reconoció en un manifiesto el 13 de julio de 1939 y agregó: “Creí que las fuerzas organizadas de la Revolución Mexicana estarían dispuestas a manifestar sus convicciones pero confieso paladinamente y con cierta tristeza, que la realidad de los hechos me demostró que me equivoqué… ¿De qué valdría la energía de un hombre cuando encuentra una actitud de cobardía, temor y escepticismo?”.
Y al PCM le reprochó: “escudado tras un sofisma trivial de táctica de lucha, olvida su misión histórica de partido de vanguardia y entrega sus intereses vitales a grupos de vergonzante tendencia centrista”.
La lección para la izquierda que Múgica dejó en la orfandad fue que de “la moderación” a la derecha no hay mas que un paso, y para el PCM, mucho peor. Con Avila Camacho de plano entró en el clandestinaje, fue perseguido y marginado y pasarían muchos años para que volviera a levantar cabeza.
El influyente semanario Hoy opinó a propósito: “Con esta clase de correligionarios el general Múgica sólo tenía un camino: la vida privada”.
Lo malo es que no solamente nos perdimos un gran líder que seguramente hubiera sido un gran Presidente sino la posibilidad de que la izquierda existiera e influyera decisivamente en los siguientes 40 años.
Hasta Cárdenas lo dijo poco después, cuando le reprocharon su falta de apoyo a su mentor y guía: “Creí entonces que los elementos intelectuales revolucionarios actuarían”.
Hay un hecho que pinta a Múgica de cuerpo entero. Cuando a instancias de Cárdenas acudió a saludar a Avila Camacho, una vez ganador, y este le ofreció un puesto en su gabinete, Múgica le respondió esto: “Siempre he considerado como un deber servir en cualquier posición al movimiento revolucionario, no importando en qué sitio se me coloque; pero usted, durante su campaña presidencial declaró que era creyente católico y si bien reconozco que toda persona tiene el derecho de sustentar el credo que más le agrade, por las circunstancias políticas que vive el país pienso que la declaración de usted, más que la expresión de su fe, es una maniobra política para alentar a las derechas, lo que hace avizorar una serie de rectificaciones al avance revolucionario que se logró durante el régimen anterior; por tal motivo, solo que usted hiciera una rectificación pública a la declaración de su credo, podría aceptar ser miembro de su gabinete”.
Es que hay declaraciones que son todo un programa político y una declaración de principios.

Publicado en Unomásuno el 19 de julio de 2011.

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