martes, 16 de agosto de 2011

ATRAPADOS EN LAS ENCUESTAS

La guerra sucia de 1994
Las trajo a la toma de decisiones Carlos Salinas. Dice Enrique Márquez en su libro “Por qué perdió Camacho” que las empleaba para todo: “(José) Córdoba fue el principal promotor de la ‘cultura de la encuesta política’ en México. Durante el sexenio montó, en Los Pinos, un equipo altamente especializado que trabajaba día tras día en los sondeos. Pero no era el único: prácticamente todos los miembros del gabinete salinista tenían su propio ‘comando de opinión’, y llegaron a tomar decisiones muy importantes basados en los porcentajes, en los círculos cortados como pastel y en las barras de vivos colores que tanto les fascinaban. Todo, porque el presidente Salinas tenía gran confianza en las encuestas”.

Existe la leyenda hasta de aquella encuesta usada para presionar a Luis Donaldo Colosio en los ominosos días que precedieron al 23 de marzo de 1994, aparentemente mostrando que, de seguir él como candidato, el PRI iba a perder inevitablemente la elección. Nadie vio nunca esa encuesta, o nadie reconoce haberla visto, el hecho es que fue muy útil para generar incertidumbre en torno no sólo a la relación entre Salinas y Colosio sino a las posibilidades presidenciales de éste último y alimentar desde luego la guerra sucia en contra de su campaña.
Y la consecuencia de eso es que hoy se les emplea, igual, para casi todo. Y tenemos a nuestros políticos atados por la obsesión de las encuestas, los focus, los muestreos, los sondeos, etc., haciendo depender acciones y decisiones fundamentales de lo que supuestamente dice la “opinión pública” pero que en realidad se reduce a lo que quieren ellos que se diga o, en el mejor de los casos, a lo que dicen las empresas encuestadoras.
No es casual la suspicacia que despiertan. En el 2000 por ejemplo, solamente una encuesta pública le concedía el triunfo a Vicente Fox, prácticamente todas le daban amplia ventaja al candidato priísta Francisco Labastida y el resultado fue el que sabemos: más de 6 puntos de diferencia a favor de Fox.
6 años después las encuestas fueron nuevamente parte de la estrategia de los partidos para orientar la percepción de los ciudadanos, usadas como armas de propaganda electoral e instrumentos importantes de la guerra sucia que se montó contra la candidatura de AMLO. Salvo GEA-ISA y Ulises Beltrán el último mes de las campañas todas mostraban clara tendencia favorable al candidato de la “Alianza por el Bien de Todos” y lo que siguió fue ese sorprendente giro de último minuto en el conteo del IFE que revirtió su ventaja y la convirtió en ventaja para el candidato del PAN sin que nadie haya podido explicar bien a bien la voltereta de los resultados cuando se tenían el 97.70% de las casillas contabilizadas. Existen trabajos no partidistas ampliamente documentados al respecto. El de José Antonio Crespo y el de Sergio Aguayo, por ejemplo. Pero lo que no puede soslayarse es que ese fue el verdadero motivo de la confrontación nacional que desembocó en el plantón del Paseo de la Reforma: la negativa esclarecer las dudas. Y lo más curioso es que los dueños de las empresas encuestadoras que apoyaron la percepción de triunfo de Felipe Calderón, Jesús Reyes Heroles y Guillermo Valdés Castellanos, acabaron en el gabinete calderonista, en lo que claramente aparecía como un pago de facturas. O por lo menos no abona a la transparencia de esas elecciones.
Lo peor es que no han cambiado mucho las cosas. Habría que ver lo que pasó este año y el pasado en los procesos locales. En Guerrero por ejemplo, adonde las empresas Demotecnia y Consulta Mitofsky daban el triunfo a Manuel Añorve cuando el triunfo del candidato del PRD-PT-Convergencia fue por casi 14 puntos. Y aun así, todavía el día de las elecciones, al mediodía, la directora de Demotecnia, María De las Heras, llegó a comentar a través de twitter que la jornada iba para largo, sugiriendo una contienda cerrada, cuando a esa hora estaba clara ya la tendencia a favor de Angel Aguirre.
Y Oaxaca en el 2010 por el estilo. La misma De las Heras tuvo que reconocer en Twitter que había fallado su predicción de que el candidato priísta Eviel Pérez ganaría en Oaxaca. “Los 525 mil votos de Eviel sí los vi pero nunca los + de 600 mil de Cué” dijo. Y cuando le pidieron una explicación sobre el “error” lo atribuyó al voto de los municipios de “usos y costumbres”. El dato mayor es que esos eran los municipios que había visitado AMLO pero De las Heras no los contabilizó. Un error de 130 mil votos no es poca cosa. Es más del 20% del resultado que realmente tuvo Gabino Cué y no es justificable porque era sabido que AMLO había hecho campaña con Cué en esos municipios mientras que el PRI no lo hizo. Es decir, que literalmente se contabilizó mal la opinión de la gente más humilde, donde AMLO tiene su principal apoyo y así, en esas condiciones, un “error” de 20% simplemente se convierte en un burdo engaño al dar la idea de un resultado que realmente no tiene posibilidad de ser.
Igual que en Sinaloa, adonde ninguna encuesta le daba el triunfo a Mario López Valdés, y sin embargo lo obtuvo con el 52% de los votos, poco menos de 6 puntos por arriba del candidato que se daba como “seguro ganador”, obviamente el del PRI. Y en Puebla, adonde la percepción de la “inevitable” derrota del candidato aliancista Rafael Moreno Valle era abrumadora, cuando mucho algunas encuestadoras le concedían el “empate técnico” con el candidato del PRI, un ambiente absolutamente falto de ética, adverso a la práctica de la democracia como se desprende del interesante trabajo “Prensa & Poder, Elecciones Puebla 2010” de la Fundación para la Libertad de Expresión, al grado de que Roy Campos se negó a dar a conocer la encuesta de salida a pesar de que sabía que Moreno llevaba la ventaja por varios puntos y acabó ganando por más de 10.
Quizá por eso, durante la última década, la elaboración de encuestas se ha convertido en uno de los negocios más redituables en el mundo de la política. Tan sólo para los comicios de hace un año, en los que hubo jornadas en 15 estados, se calcula en 2 mil millones el monto que gastaron los institutos electorales en encuestas. Aunque su credibilidad –y utilidad real- tiene mucho más que ver con quienes encuestan. Si revisamos la biografía de los dueños de las casas encuestadoras veremos un hilo común: su origen salinista, o en todo caso, para ser más benévolos, priísta: casi todos ellos trabajaron o estuvieron en la nómina bien de Gobernación, bien del CISEN o bien de la oficina de la Presidencia bajo los dos últimos gobiernos del PRI.
Y no es nada más el caso de México. En infinidad de procesos electorales ocurridos en varios países del mundo se han equivocado. En 1970 las encuestadoras inglesas se equivocaron al pronosticar el triunfo laborista, cuando al final triunfaron los conservadores. Ese mismo año se equivocaron en Chile al darle el triunfo al conservador Alessandri sobre el socialista Salvador Allende. En 1984 las encuestas argentinas no apuntaban al triunfo del radical Raúl Alfonsín, quien resultó finalmente ganador. Y en Nicaragua, en 1990, las encuestas decían que ganaría el Frente Sandinista y al final ganó su oponente la señora Violeta Chamorro. Y así hasta nuestros días.
En fin, que se trata de un mal saldo. Y el verdadero problema no es nada de eso pues habría que asumir que si bien hay encuestadoras erradas, también las hay que son serias y acertadas. El punto entonces es: ¿en qué o para qué se les emplea? Y si pueden ser sustento de decisiones fundamentales.
Como por ejemplo para decidir quien es el candidato a la presidencia del DIA, de los partidos de izquierda. Unos dicen que es el método más acertado, y otros dicen que no, precisamente por la experiencia. Lo interesante es que Andrés Manuel López Obrador ha repetido varias veces que lo acepta. A contracorriente de sus detractores que juran que no lo aceptará y que al final renegará de las encuestas él afirma que no teme pasar la prueba de la democracia. ¿Será realmente la encuesta la mejor manera de hacerlo?
Una muestra de lo complejo: según la última encuesta de Mitofsky AMLO tendría hoy una intención del voto de 11.6% y Ebrard del 3.6%. Según la de GEA-ISA AMLO obtendría 10% y Ebrard 11%. El debate apenas empieza.

Publicado en Unomasuno el 16 de Agosto de 2011.

LO MALO DE LOS GOBIERNOS DEL “NUEVO” PRI


Los crímenes, como el del 68...


Y los excesos priístas: que ya ni quien se acuerde


















Conocido por su locuacidad y sus bravatas Humberto Moreira ha inaugurado un discurso para la venta mercadotécnica de su partido, el PRI, que se basa en la idea, que dice cada vez que puede y repite como si fuera un mantra, de que él, Moreira, como la mayoría de los políticos priístas de hoy, pertenecen a una “nueva generación” de priístas, “una generación –asegura- que se ha forjado en experiencias locales, que ha sabido lo que es ser oposición… que hace política diferente, porque quiere un país y un mundo diferente”.

No es esta la única ocurrencia del señor dirigente del PRI, quien seguramente curándose en salud y vacunándose contra cualquier suspicacia histórica también ha dicho: “No es al pasado a lo que nosotros queremos regresar. Quienes quieren volver al pasado son los conservadores; el PRI mira hacia adelante, se mide con los desafíos del futuro”. O: “El PRI es el que puede devolver la paz y la tranquilidad a México”.
Pero ya el colmo resulta lo que declaró hace apenas unos días, quien sabe si por ignorancia –lo cual sería grave- o de plano –lo que sería peor- por mero cinismo. “No nos equivoquemos, la democracia mexicana es obra nuestra”, refiriéndose al priísmo desde luego.
Y yo se que muchos opinadores y hasta historiadores con tarifa, de los que hay muchos, podrían festejar esta frase escudados en el argumento de que “ya ni quien se acuerde de lo malos que eran los gobiernos del PRI” pero la verdad es que el desarrollo democrático del país merece mucho más que este juego demagógico entre quienes quisieran olvidar nuestro pasado para aparecer como salvadores y aquellos que pretenden reinventarlo a la medida de sus intereses para presentarse como héroes y echarle todas las culpas al pasado como si los errores presentes ni existieran.
El hecho es que apostándole a la desmemoria pasada y presente se aprestan unos y otros, priístas y panistas, no solamente a competir suciamente por la presidencia sino a hacernos creer que no tenemos más opción. Y al margen de lo malo que han hecho los gobiernos del PAN que está a la vista, y aún dejando de lado los antecedentes oscuros, los rasgos negativos y las culpas pasadas del PRI, dejando pues atrás la historia, hay algo peor que no podemos soslayar. Y es que, más allá de la propaganda, la pretendida “generación de nuevos priístas” deja mucho que desear y poco le pide, cuando se hace la comparación, a las generaciones que les antecedieron.
No hablemos del Viejo PRI pues, hablemos del Nuevo. Dejémonos de historia, veamos sólo el desempeño de los gobernantes priístas de hoy y hablemos de “lo que tienen a la vista los jóvenes” pero de lo que está detrás de la propaganda, de eso que no podemos soslayar a la hora de decidir quienes nos han de gobernar el año que viene.
Para no ir más lejos, el señor Moreira, un gobernante que en pleno siglo XXI hizo realidad en su estado, Coahuila, el sueño de los “padres fundadores” del PRI: gracias a su gestión hoy ese partido lo controla todo en Coahuila: los medios, las organizaciones sociales, las instituciones electorales y hasta a los partidos, al grado de que prácticamente no existe la oposición allá y pudo heredarle la gubernatura a un hermano, algo que antes que él sólo se había atrevido a hacer Lázaro Cárdenas en Michoacán, y que desde luego pretenden copiar también los panistas y nada menos que en Michoacán.
Bueno, pues además de eso Coahuila es la entidad federativa que reportó, según el INEGI, la mayor baja de negocios el año pasado, o sea bajo el gobierno del jefe del “nuevo PRI”. Allá se cerraron 8 mil 312 negocios, y en lo que se refiere a empleo peor, pues al dejar el gobierno el señor Moreira se registró una desocupación de 7.2%, cuarto porcentaje más alto a nivel nacional.
Y conviene decir que el Estado de México, la entidad que se nos pretende vender como “modelo” de los buenos gobiernos del PRI, no se queda atrás. Ocupó el tercer lugar de ésta “honrosa” lista elaborada por el INEGI con una pérdida el año pasado de 4 mil 842 empresas.
Abundando en este análisis hay que agregar que si bien en el gobierno de Moreira (2005-2010) hubo algunos avances, también dejó pendientes en materias como seguridad y transparencia de programas sociales, además de un exagerado incremento de la deuda. El reclamo en ese sentido ha sido que el avance que se tuvo en educación, salud y obra pública fue a costa de un endeudamiento que podría poner en riesgo la viabilidad financiera del estado. Empezó con un endeudamiento de aproximadamente 300 millones de pesos y al terminar lo dejó a niveles de 7,600 millones de pesos. Estamos hablando que la deuda en 5 años del gobierno de Moreira se multiplicó por 23.
Además, durante su gestión se dispararon delitos como el robo de vehículos y el robo a casa-habitación, delitos que hasta antes de su gobierno estaban más o menos controlados. El informe del gobierno federal “Sobre el Fenómeno Delictivo en México” refiere que Coahuila, junto con Durango y Sinaloa son territorios en disputa entre los cárteles del Pacífico y del Golfo. Y de acuerdo con datos de la Fiscalía General del Estado, durante el gobierno de Moreira el número de homicidios en el municipio de Torreón se incrementó, al pasar de 33 muertes violentas en el 2005 a 320 al 2010.
Y a todo esto se agregan las denuncias por corrupción y malos manejos presentadas por diputados locales contra el ex gobernador. Una, por haber contratado la deuda pública mediante trámites ilegales presentando dos acuerdos del Congreso local apócrifos. Otra denuncia que tiene que ver con la presunta desaparición de 762 millones de pesos de la Promotora para el Desarrollo Minero de Coahuila, recursos que nunca llegaron en beneficio de los carboneros de la región. Y otra más que involucra a su secretario particular Vicente Chaires, que se ha tenido buen cuidado de callar.
Por lo que se refiere al Estado de México basta decir que ha sido una de las entidades con mayor desempleo en los últimos 6 años. Sólo el año pasado obtuvo el récord de la tasa más alta en lo que va del milenio al alcanzar su máximo histórico: 6.5%.Y junto con esta situación, destaca el repunte que han tenido los empleos informales, es decir sin prestaciones ni protección social.
Por si esto fuera poco el territorio mexiquense es hoy el lugar con más elevado índice de feminicidios, con 10 millones de pobres y muy baja competitividad económica; se encuentra en los últimos lugares en el país, es decir que no es un espacio propicio para los negocios. Y en contraste, es un estado de elevado favoritismo a empresarios, de cobros excesivos de impuestos y de elevadas alzas de precios a bienes y servicios gubernamentales. En 6 años el gobierno de Peña Nieto se ha convertido en ejemplo de enriquecimiento de funcionarios y de amiguismo, compadrazgo y nepotismo en los cargos públicos, pues al igual que su correligionario Moreira los familiares de Peña, primos, tíos, etc. han acaparado los cargos públicos.
Y un “problema sustancial” que deja, el cual también lo hermana con Moreira, es la deuda pública. No se conocen ni siquiera los montos. Lo que se sabe es que se ha obstaculizado por parte de las oficinas de información pública el acceso a éstos pero es un hecho que el endeudamiento se ha incrementado debido a las obras públicas, algunas necesarias y algunas otras de puro relumbrón. Y sobre todo debido al ofensivo gasto en la imagen de Peña.
Para colmo, ninguno de estos dos gobiernos, de hecho ninguno de los gobiernos priístas actuales, se caracteriza por su vocación democrática. Las elecciones recientes tanto en el Estado de México como en Coahuila y otros estados así lo prueban. La utilización de dependencias y recursos públicos fue una constante, como también la compra de votos.
¿Ese es el PRI que quiere regresar al poder? Al menos según las encuestas tal pareciera que la mayoría de los mexicanos eso es lo que quiere. ¿Seremos masoquistas, o será como se sugiere en el cable diplomático 09MEXICO212 filtrado por Wikileaks, que esas encuestas se compran con dinero público para aparentar lo que quiere el señor Peña? Otro punto más de controversia.

Publicado en Unomasuno el 9 de agosto de 2011.

¿CANDIDATURAS CIUDADANAS O ELECCIONES CREIBLES?

Madero y Porfirio Díaz se entrevistaron para llegar a un arreglo.
Cobijada por el movimiento “apolítico” de Javier Sicilia, la reforma política propuesta inicialmente por el presidente Felipe Calderón se abre paso hoy con el aparente consenso de los tres principales partidos, se le aplaude como “el gran logro” del sexenio y sin embargo, lo que casi nadie dice, es que dista mucho de la reforma del Estado que reclama este país para concluir su transición.


¿Por qué digo esto a contracorriente de lo que repiten entusiasmados analistas, comentaristas, desde luego los panistas y los priístas y hasta que uno que otro de la izquierda? Pues sencillamente porque a pesar de que la pretendida reforma implicaría ciertos avances, están estos metidos de tal modo que se pueden perder o, peor aún, contribuir a desvirtuar aún más nuestra incipiente democracia. Y trataré de explicarme.

El principal problema de la reforma política que ahora se quiere sacar adelante es que es incompleta. Atiende a quienes defienden el presidencialismo, medio atiende algunas expresiones de parlamentarismo pero debilita el sistema de partidos porque nada de esto lo hace en el sentido de fortalecer el poder ciudadano, no supera, vaya, los vicios de la herencia reyesheroliana-priísta que redujo nuestro sistema de “representación” a un reparto en la cúpula, antes lo que es peor, lejos de darle más posibilidad de decisión al ciudadano lo limita con iniciativas tan dudosas como las candidaturas llamadas "ciudadanas", abordadas con una concepción que las hace tan poco competitivas que en el mejor de los casos serán útiles, no para llevar al poder a ningún ciudadano sino a un político disfrazado de ciudadano o peor aún para fraccionar el voto en beneficio de los partidos más fuertes, exactamente igual como se hacía en los viejos tiempos priístas mediante partidos paleros.

Lo más lamentable es que quien ha abierto la puerta a esto es precisamente el llamado “Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad”, ¡y en nombre de los ciudadanos!, ignorando la urgencia de asegurar la confiabilidad de las elecciones e incluso otros mecanismos mucho más eficaces de la democracia directa como es la revocación del mandato por ejemplo, un recurso este sí ciudadano para controlar a nuestros representantes y para contener y castigar o premiar el ejercicio del poder.

Ha decretado Sicilia que “no se use electoralmente” el tema de la inseguridad, y sin embargo él mismo va al Congreso y prácticamente amenaza y reta a los legisladores a que aprueben las candidaturas ciudadanas, como si estas no fueran una estrategia legal que si él no piensa aprovechar, sí van a aprovechar electoralmente otros.

Lo que hace tan inviable y engañoso eso de las candidaturas ciudadanas es, de entrada, el tema de su financiamiento. Hay regulaciones que permiten, ciertamente, el acceso a recursos públicos a los candidatos también llamados “independientes”. Existe en Puerto Rico, en Panamá y en Chile, por ejemplo. Pero el hecho es que si en México no hay igualdad ni siquiera en el trato a los partidos, ¿como se pretende resolver el dilema en cuanto a los ciudadanos que quieran competir al margen de los partidos? Es decir, que en el esquema propuesto por los partidos la verdad es que un candidato independiente tendría muy pocas posibilidades frente a los que militan en los partidos políticos por la sencilla razón de que carece de los recursos que necesita para ser competitivo, y además porque no cuenta con el aparato necesario para ganar. ¿O como es que se piensa que va a poder cuidar sus votos? Me refiero a que si un candidato de partidos ha tenido problemas para asegurar su representación electoral y ha sufrido con el resultado, ¿cómo no los va a tener un ciudadano sin partido?

A menos que se piense, repito, en improvisar a cualquier político desempleado con el ropaje de “candidato ciudadano” y además respaldado por un partido, o por varios, que finalmente esa es la propuesta de Sicilia. Esto por no hablar de que en todo el mundo candidato ciudadano es aquél que compite fuera de cualquier partido pero con recursos públicos. Y lo que habría que agregar es que aún en aquellos países adonde cuentan con todas las ventajas son realmente excepcionales los casos en los que han ganado un cargo electoral. Se pueden contar con los dedos, en Australia, 2 o 3 integrantes de la Cámara de Representantes, y en Canadá por el estilo, en todos estos casos gracias a legislaciones que les han dado acceso a financiamiento y a tiempos en radio y TV en igualdad de condiciones con los candidatos de los partidos. Basta citar el caso de Chuck Cadman, elegido para el parlamento canadiense en 2004 y que es emblemático: le ganó a los "favoritos" de los dos principales partidos con un gasto que ascendió a casi 68 millones de dólares, poco menos de los 69 millones de su principal contrincante el conservador Cheema y sólo poco más de los 67 millones de su otro gran contrincante el liberal Dan Sheel. Algo impensable en México.

No nos confundamos, el problema de la representatividad de nuestra democracia no se resuelve permitiendo las candidaturas ciudadanas. Es necesario algo más que eso. Para empezar, asegurar que las instituciones electorales funcionen como debe ser. Y ahí está el caso del IFE, con las tres vacantes que los partidos no atinan a nombrar precisamente porque están atorados en el reparto de las cuotas.

En fin, que ni el problema de la seguridad se va a resolver permitiendo las candidaturas a los ciudadanos ni puede considerarse como una verdadera reforma del Estado lo que ahora está sobre la mesa. Bastaría con que se garantizara la efectividad del voto, insisto, pero en ninguna parte se habla de eso. Y no deja de ser interesante que 100 años después de la Revolución antirreeleccionista otra vez está a debate la efectividad de democracia y el principio de la no reelección.

Ojalá esta vez sí tengan los políticos la habilidad de resolverlo sin dejar que las contradicciones escalen de tal modo que otra vez, como entonces, acabemos enfrentados.

Me refiero a lo que el país, y aún Porfirio Díaz se hubieran ahorrado si éste le abre paso a una auténtica reforma democrática como le proponían certeramente algunos miembros de su propio partido. El hecho es que desperdició todas las oportunidades: la que le planteó José Ives Limantour de ir cediendo paulatinamente el poder a las nuevas generaciones de porfiristas y la que le planteó el movimiento reyista, un intento reformista gradual que llegó a contar con gran popularidad pero que nunca hubiera implicado la renuncia de Díaz ni el final dramático que tuvo. Otra cosa hubiera sido del país si el dictador permite que Bernardo Reyes llegara en 1908 a la vicepresidencia. Igual y hasta se muere como un gobernante respetado. Pero él mismo se encargó de auto-sabotearse, de cerrarse todos los caminos, hasta que la efervescencia política fue imposible de contener, y materialmente lo rebasó.

Vaya, hasta Francisco I. Madero le ofrecía a Díaz un arreglo antes que irse a la revolución. Siendo candidato presidencial, don Panchito fue a visitar al anciano caudillo para hacerle una propuesta: quedarse él, don Porfirio, en la Presidencia, a cambio de ceder la Vicepresidencia a los anti-reeleccionistas y algunas posiciones en el Congreso y el gabinete.

Antes de presentarse en Palacio, le dijo Madero a José María Pino Suárez: "No seré inflexible... Si el Gral. Díaz se presta a los arreglos que aseguren el absoluto reinado de la democracia y se resuelve a volver sobre sus pasos inaugurando un régimen puramente constitucional y dándonos garantías suficientes de ello, entonces renunciaré a mi candidatura... Pero si el general Díaz no admite arreglo alguno, entonces le disputaré la presidencia virilmente en los caminos electorales. Que se prepare a respetar la voluntad nacional, porque el pueblo ya no admitirá ser burlado".

Empero, el veterano Presidente no cedió ni un ápice. Se negó rotundamente a ningún acuerdo con Madero, y cuando éste le dijo que entonces se verían las caras en las urnas simplemente le contestó con ironía: "¡Bien dicho! Veremos lo que se resuelve en los comicios. Ya sé que tengo dos rivales para la Presidencia, usted y Zúñiga y Miranda".

En el caso del arreglo que ahora se pretende sacar es deseable que no se reduzca a un mero ardid para mantener el actual estado de cosas, si acaso con una barnizada de democracia, porque el reclamo es una democracia no sólo real sino funcional y garantizar que en el 2012 no se vuelva a repetir la crisis del 2006. Veremos.

Publicado en Unomasuno el 2 de agosto de 2011.

HACE 54 AÑOS HENRIQUEZ SE RETIRO, Y LA IZQUIERDA VOLVIO A PERDER

Henríquez en 1957: no lo dejaron volver a ser candidato.
Igual que Múgica antes, igual que los candidatos oposicionistas Juan Andreu Almazán y Ezequiel Padilla, colocado en el trance de aceptar su “derrota” o mantenerse en la lucha corriendo el riesgo de ser llamado “obtuso” o “loco”, en 1957 Miguel Henríquez Guzmán optó por el retiro.


No lo había hecho en 1952 cuando se consumó el fraude que le dio el triunfo al priísta Adolfo Ruiz Cortines pero 6 años después sí. Decidió que no iba a volver a ser candidato y declinó participar en la contienda a pesar de que así se lo pedían sus partidarios.

Henríquez había competido ya 6 años antes y se había convertido en un símbolo de lucha por la democracia. Sus seguidores veían en él una esperanza de cambio, sus detractores lo calificaban de necio, de empecinado, de iluso en el mejor de los casos y hasta de ser “un estorbo para la democracia”, pero la verdad es que había mostrado una gran fuerza popular a pesar de que la maquinaria del PRI había hecho imposible su triunfo y la continuidad de su lucha después del fraude.
Muchos de los jefes de su campaña en el 52, la mayoría viejos generales revolucionarios, hubieran querido que tomara las armas y se declarara en guerra contra el gobierno pero desde el momento mismo en que Ruiz Cortines inició su cuestionada presidencia Henríquez se dedicó a evitar la violencia y se empeñó en organizar un movimiento ciudadano pacífico. Llamó a la resistencia civil y reinició sus recorridos por todo el país a pesar de que las campañas habían terminado, esperando que en su momento ese movimiento iba a imponerse sobre el monopolio antidemocrático para lograr la transformación de México.
Era pues, un estorbo para la democracia de ficción que se vivía entonces, y el gobierno no lo iba a permitir, así que empezó por disuadir a los líderes principales del henriquismo, por la buena, ofreciéndoles puestos y canonjías, y por la mala, amenazándolos con la cárcel, inventándoles delitos. El clima de tensión política era insostenible.
Aconsejado por Lázaro Cárdenas, Henríquez accedió a entrevistarse con Ruiz Cortines para darle un respiro al país. El “Presidente espurio” le propuso al “Presidente legítimo” de ese tiempo hacer una alianza entre el PRI y el partido henriquista para formar un gobierno de coalición, y Henríquez puso una sola condición: que se adoptara un programa de 10 puntos que se resumía en poner fin de los monopolios políticos y económicos. Ruiz Cortines lo rechazó porque su idea era afianzar la simulación democrática mediante la implementación de una especie de “bipartidismo” acordado, a cambio sólo de ciertas concesiones “inofensivas”, y la izquierda se dividió entre los que sostenían que había que reconocer a Ruiz Cortines y aceptar sus condiciones y los que decían que no podía reconocerse un gobierno ilegítimo y menos entrar en su juego, así que había que continuar la lucha hasta llevar al pueblo al triunfo. Cárdenas y los cardenistas secundaron a los primeros y Henríquez tomó partido por el segundo grupo negándose a cualquier negociación.
En respuesta, la represión se recrudeció. Encarcelamientos, extorsiones, asesinatos fueron la característica común de aquellos años. A lo largo y ancho del país los henriquistas fueron víctimas de los caciques pueblerinos, de los gobernadores, de las distintas policías, y en general de las malas autoridades que al margen de la ley hicieron imposible el desarrollo normal del ejercicio democrático.
En 1954, a petición del PRI, el gobierno le quitó el registro al partido henriquista pero aún en el clandestinaje los henriquistas decidieron continuar su lucha. Un año después, en 1955, ante la evidencia de que aún sin partido los henriquistas crecían y se preparaban para volver a contender electoralmente, les cerraron sus oficinas y les impidieron tener reunión alguna, bajo pena de cárcel.
Los medios se llenaron de descalificaciones y críticas contra Henríquez. Le reprochaban no haberse sometido a “la realidad” después de las elecciones, podía por ejemplo –decía el editorial de “Hoy” del 10 de febrero de 1954-, “haber convertido su grupo en un núcleo serio de oposición; podía estudiar los problemas nacionales y sugerir soluciones adecuadas. Si hubiera hecho esto le habría prestado a México un servicio inestimable y hoy sería algo más que un Presidente, un ciudadano que sin tener mando contribuía a orientar al pueblo por los senderos debidos… Nadie le niega el derecho para decir lo que le de la gana…, lo que no concuerda con el patriotismo es que patrocine a un puñado de demagogos para que agiten el ambiente a fin de ver qué es lo que resulta de la agitación. Y aunque dichos demagogos le digan que ese es el camino de la Presidencia, la verdad es que dicho camino sólo puede conducir al precipicio”. Y “Revista de Revistas” clamaba en su edición del 13 de octubre de 1957, cuando parecía inminente que sería candidato una vez más: “Por favor, ¡ya no! Tal es el grito de una opinión pública que ya no soporta más Zúñigas y Mirandas, sobre todo cuando aparecen en la nueva modalidad de perturbadores del orden, de incitadores de violencia y de soliviantadores de turbas”.
Es que había una consigna por sacarlo del escenario, por cancelar la democracia a como diera lugar. Ruiz Cortines jugaba muy bien el juego del “tapadismo” para imponer a su sucesor engañando a todos. Y dentro de la izquierda Vicente Lombardo, otra vez, empezó a maniobrar. Sabía que al gobierno le estorbaría una segunda candidatura presidencial de Henríquez y se dedicó a sabotearla y a hacer imposible una vez más la unión de la izquierda. Había una gran efervescencia social, el movimiento obrero, en especial los ferrocarrileros y los petroleros, y también los maestros, estaban en pie de lucha pero la represión no tardó en hacerse presente y para eso contó el gobierno con el apoyo no sólo de Lombardo sino del Partido Comunista. Es que tenían completamente cooptados a los líderes de los partidos. Y a los rebeldes los metieron a la cárcel.
Sin embargo, la presión social era tal que fracasado el intento de implantar el bipartidismo se empezó a hablar de la necesidad de una “reestructuración” del PRI. Para cubrir el vacío de competencia el gobierno había patrocinado la creación de “otro partido revolucionario”, el PARM, pero el juego era más que burdo pues era sabido que todas las decisiones se tomaban en Gobernación. Cárdenas mismo se sumó a los reclamos y declaró al fin lo que no había querido reconocer en 1952, que los gobiernos de la Revolución se habían sostenido mediante fraudes. Dijo textualmente: “la Revolución está en deuda con el pueblo mexicano, pues el peligro de que sectores retardatarios y contrarrevolucionarios intentaran apoderarse del poder público venía obligando a controlar en cierta forma la libre expresión del voto popular; pero la madurez que ha alcanzado nuestro pueblo nos impele a reconocer que ha llegado el momento de revisar el pasado y renovar nuestros sistemas electorales” (El Nacional, 3 de abril de 1957).
Al acercarse el tiempo de las campañas los henriquistas y el general Henríquez analizaron cuidadosamente la situación. Se volvió a hablar de pelear por la Presidencia, sólo que la alianza que había habido en 1952 prácticamente no existía. A pesar de todas las persecuciones se tenían registrados más de 3 millones de adeptos. Se pensó en crear con ellos un nuevo partido, pero eso dependía de que el gobierno quisiera darles el registro.
El 25 de julio de 1957 se reunió Henríquez con sus principales colaboradores en su casa de Río Atoyac, en lo que hoy es el edificio Saint Regis en Paseo de la Reforma. Estaban con él, entre otros, José Muñoz Cota, Vicente Estrada Cajigal, Celestino Gazca, Andrés Rodríguez Meza y Mario Guerra Leal. Todos apurando que se tomara alguna resolución. Era claro que no habían cambiado las condiciones que habían hecho posible el fraude de 1952, todo el aparato electoral estaba armado para asegurar el triunfo del candidato del PRI. Guerra Leal, entonces, le puso al general un ultimátum para que diera la orden de levantarse en armas. Henríquez le respondió categórico: como no quería ser responsable de un baño de sangre y tampoco iba a ser cómplice de un fraude más, lo mejor era desistir. “Yo permaneceré en mi postura, le dijo, aquí estoy y estaré y de aquí han de moverme sólo muerto”. Y mandó instrucciones a sus seguidores de abstenerse de votar y promover la abstención como medio de protesta.
La llamada izquierda mientras tanto, prácticamente desapareció. El Partido Comunista y el Partido Obrero y Campesino lanzaron como su candidato a un militante henriquista de bajo perfil, a Miguel Mendoza, y el Partido Popular de Lombardo acabó apoyando abiertamente de plano al candidato del PRI.
30 largos años tardó para que la izquierda volviera a tener una oportunidad real y estar en condiciones de contender. Y ganar. En ese lapso, la unanimidad priísta fue tal que nadie dijo nada cuando el gobierno asesinó a Rubén Jaramillo, ni tampoco cuando la matanza de estudiantes en 1968. Lo que es peor: avalaron y defendieron esas represiones.
Y aquellos henriquistas que más presionaban por una solución armada efectivamente renunciaron al partido… pero para aceptar “la realidad” y sumarse a la campaña del PRI.

Publicado en Unomasuno el 26 de julio de 2011.

jueves, 21 de julio de 2011

HACE 72 AÑOS MUGICA DECLINO, Y LA IZQUIERDA SE PERDIO

Múgica y Lombardo con el presidente del PRM Luis I. Rodríguez en 1939.


Las declaraciones de Avila Camacho, anuncio de la marcha atrás.













Colocado en el trance de sumarse a la candidatura impuesta mediante trampas de su contrincante Manuel Avila Camacho en aras de “la unidad” o romper con el gobierno y con la corriente de la izquierda que lo había hecho a un lado para iniciar una aventura independiente, Francisco J. Múgica optó por el retiro.

Eso fue en 1939, hace 72 años, cuando Lázaro Cárdenas enfrentó su propia sucesión. Y la izquierda perdió entonces toda posibilidad ya no solo de llegar al poder sino de existir siquiera, por lo menos por otros 12 años.
Múgica era el candidato natural de la continuidad cardenista, más que eso era quien garantizaba la vigencia del proyecto revolucionario, sólo que ante la posibilidad de que él pudiera volverse Presidente además de la guerra sucia de los enemigos del gobierno tuvo que enfrentar los ataques y maniobras de los propios cardenistas.
“Radical” le decían para descalificarlo y de que iba a ir “mucho más allá” de lo que había llegado Cárdenas por lo que, decían unos y otros, Múgica era un auténtico “peligro para México”. Lo peor es que convencieron de ello al propio Cárdenas y éste no movió un dedo no se diga para apoyarlo ni siquiera para darle garantías de imparcialidad en la competencia con Avila Camacho.
El hecho es que en el último tramo de su gobierno Cárdenas enfrentó el ataque de los sectores conservadores afectados por su política; ellos vieron en la sucesión presidencial su oportunidad para ajustar cuentas, difundieron la leyenda negra de que el cardenismo era un paso previo a la instauración del comunismo y el temor hizo presa a un buen número de empresarios, inversionistas, profesionistas y desde luego, a las clases medias.
Pragmáticos, los amigos cercanos del Presidente, temerosos de que la ola de descontento se les revirtiera y que las elecciones se les salieran de control, aconsejaron a Cárdenas que lo mejor, para salvar su legado, era ceder y hacer alianzas con sus propios enemigos, con los enemigos de la Revolución, para heredar un gobierno de “unidad nacional”. Es muy seguro que hubiera razones más prosaicas para cerrarle el paso a Múgica; ellos decían que lo hacían porque si continuaba el ritmo de las reformas la división de la sociedad sería terrible y probablemente la oposición podría recurrir a la guerra civil, lo que provocaría a su vez la intervención norteamericana “por razones de seguridad”. La verdad era que luchaban por preservar sus posiciones y sus privilegios, seguir mandando pues, y como Múgica tenía fama de honesto y vertical era muy seguro que no se los permitiera. Fue así como el PRM y la llamada “izquierda oficial” con Vicente Lombardo Toledano a la cabeza decidieron emprender el camino de la conciliación mediante el impulso de un “candidato moderado” que permitiera unificar distintos intereses y que pudiera quitarle las banderas de lucha a la oposición.
Cárdenas compró la estrategia. Pensó que así conjuraba la inminente candidatura del muy popular general Juan Andreu Almazán que empezaba a ganarse adeptos entre los descontentos y amenazaba con fortalecerse. Parte de la estrategia cardenista para enfrentarlo fue inventar la división de la izquierda entre “moderados” y “radicales”, en realidad entre los partidarios de transar con la derecha y los que rechazaban esa idea, y así fue como se le allanó el camino a Avila Camacho.
Es que Múgica había sido el consejero de las más revolucionarias decisiones del cardenismo: él empujó la expropiación petrolera, la apertura del país a los exiliados españoles, el reparto de latifundios, la nacionalización de los ferrocarriles, el Estatuto Jurídico, etc., es decir que era un izquierdista definido, pero se había opuesto a algunas decisiones que no consideró correctas, como la corporativización y sometimiento al poder de los sindicatos y las agrupaciones campesinas, como la organización vertical del partido revolucionario siguiendo el modelo de los frentes populares comunistas, y como el desprecio por la democracia que compartían los líderes partidistas y los hombres del presidente. Porque la otra parte de la estrategia “salvadora” del cardenismo era garantizar el triunfo del señalado por el gran dedo a como diera lugar, incluso haciendo fraude.
En realidad Múgica no quería ser candidato, sólo que era considerado como una esperanza por muchos ciudadanos que veían en él al hombre íntegro y garante fiel, que su propia carrera acreditaba, comprometido con las mejores causas revolucionarias y populares.
El Bloque de Obreros Intelectuales, el Partido Socialista de las Izquierdas y el Frente Socialista de Abogados lo proclamaron su precandidato. “Las alas izquierdas de la revolución con Múgica” fue el grito de batalla de los mugiquistas. Y en ese marco, en el mes de noviembre de 1938 un grupo de legisladores y gobernadores suscribieron un pacto para evitar a toda costa que Múgica fuera el candidato del PRM pero eso a él no le importó, le apostó desde el principio a la democracia y a la gente. Aceptó jugar como precandidato, renunció de inmediato a su cargo de secretario de Comunicaciones para no prestarse su precampaña a ninguna duda de desvío de recursos, creó un periódico para difundir sus ideas, “Regeneración” como el de los magonistas, y empezó un recorrido por el país buscando el trato directo con los obreros y los campesinos, haciendo a un lado el consabido trato con los líderes y dirigentes.
Lo que encontró lo indignó: presiones y amenazas de los gobiernos estatales y municipales contra los opositores a Avila Camacho, invención de delitos para encarcelarlos y liberarlos sólo a cambio de su apoyo y hasta uso de la fuerza pública para amedrentarlos. Se lo dijo a Cárdenas en una carta fechada el 18 de abril de 1939, pero Cárdenas no hizo nada.
Y mientras eso pasaba, de todos lados se lanzaban llamados a “la unidad”. Lombardo y Hernán Laborde un día si y otro también pedían el retiro de Múgica y su apoyo a Avila Camacho, acusándolo de “dividir al movimiento revolucionario” por su empeño en permanecer en la contienda.
Múgica sólo pedía un proceso transparente para elegir al candidato del PRM. Confiaba en recibir el apoyo de las centrales obreras y campesinas, de toda la base popular, para derrotar al aparato gubernamental. Y se equivocó. La culminación del proceso fue el pronunciamiento de los líderes de la CNC y de la CTM, siguiendo la consigna presidencial en favor de Ávila Camacho. Y detrás de estos, su ratificación por el comité nacional del PRM.
Se pensó que entonces Múgica sería candidato del Partido Comunista Mexicano (PCM), por ser “la vanguardia” progresista; pero sus líderes también se plegaron. Sin reparar en que al apoyar a Avila Camacho se negaban a sí mismos como organización revolucionaria, lo fueron a visitar y le pidieron aceptar los hechos y sumarse a la candidatura de Avila Camacho para no romper “la unidad”. Como toda respuesta Múgica los echó de su oficina.
Se creyó que otra salida era aceptar el apoyo del Partido Revolucionario de los Obreros y Campesinos pero lo rechazó, y ya por último se pensó en crear un nuevo partido, el Partido de las Izquierdas de la Revolución Mexicana, que sustituyera al PRM y se construyera al margen de los liderazgos amañados y los acuerdos cupulares.
Sus leales le pedían a Múgica continuar la lucha arrostrando el riesgo de enfrentarse a su discípulo, casi su hijo, el entonces presidente Cárdenas. Es que Múgica y los mugiquistas advertían que en efecto, existía el peligro de una contrarrevolución pero no se encontraba en la oposición sino en la falsa unión que proclamaba el PRM y el PCM, que iba a sepultar todos los avances de la Revolución. El tiempo les daría la razón, sólo que ante la falta de respuesta de la gente, Múgica optó por declinar su precandidatura.
“No soy popular, por lo tanto debo retirarme” reconoció en un manifiesto el 13 de julio de 1939 y agregó: “Creí que las fuerzas organizadas de la Revolución Mexicana estarían dispuestas a manifestar sus convicciones pero confieso paladinamente y con cierta tristeza, que la realidad de los hechos me demostró que me equivoqué… ¿De qué valdría la energía de un hombre cuando encuentra una actitud de cobardía, temor y escepticismo?”.
Y al PCM le reprochó: “escudado tras un sofisma trivial de táctica de lucha, olvida su misión histórica de partido de vanguardia y entrega sus intereses vitales a grupos de vergonzante tendencia centrista”.
La lección para la izquierda que Múgica dejó en la orfandad fue que de “la moderación” a la derecha no hay mas que un paso, y para el PCM, mucho peor. Con Avila Camacho de plano entró en el clandestinaje, fue perseguido y marginado y pasarían muchos años para que volviera a levantar cabeza.
El influyente semanario Hoy opinó a propósito: “Con esta clase de correligionarios el general Múgica sólo tenía un camino: la vida privada”.
Lo malo es que no solamente nos perdimos un gran líder que seguramente hubiera sido un gran Presidente sino la posibilidad de que la izquierda existiera e influyera decisivamente en los siguientes 40 años.
Hasta Cárdenas lo dijo poco después, cuando le reprocharon su falta de apoyo a su mentor y guía: “Creí entonces que los elementos intelectuales revolucionarios actuarían”.
Hay un hecho que pinta a Múgica de cuerpo entero. Cuando a instancias de Cárdenas acudió a saludar a Avila Camacho, una vez ganador, y este le ofreció un puesto en su gabinete, Múgica le respondió esto: “Siempre he considerado como un deber servir en cualquier posición al movimiento revolucionario, no importando en qué sitio se me coloque; pero usted, durante su campaña presidencial declaró que era creyente católico y si bien reconozco que toda persona tiene el derecho de sustentar el credo que más le agrade, por las circunstancias políticas que vive el país pienso que la declaración de usted, más que la expresión de su fe, es una maniobra política para alentar a las derechas, lo que hace avizorar una serie de rectificaciones al avance revolucionario que se logró durante el régimen anterior; por tal motivo, solo que usted hiciera una rectificación pública a la declaración de su credo, podría aceptar ser miembro de su gabinete”.
Es que hay declaraciones que son todo un programa político y una declaración de principios.

Publicado en Unomásuno el 19 de julio de 2011.

LA LECCION DE LA ELECCION PARA LA IZQUIERDA: UNIDAD Y MAS UNIDAD

Encinas logró unir a las izquierdas
La nota hoy es: “arrasó” el PRI, “noqueó” a la oposición. A Enrique Peña Nieto “no hay quien lo pare” en su carrera a la presidencia, es “un acorazado”.

Y las “conclusiones”: que PAN y PRD sin alianzas “no pueden”. Que la izquierda “equivocó” la estrategia. Que “la culpa es de AMLO” por “haber impuesto” a “su” candidato, por “mantener en rehén” a la “izquierda moderada” y por haberse opuesto a las alianzas, así que ha llegado la hora de “ponerlo en su lugar” pues si la izquierda quiere ganar en 2012 –y hasta las cuentas hacen- repetir con AMLO es un “ir a la derrota segura”. La “mejor opción” es Marcelo Ebrard, y reabrir la posibilidad de “algún tipo de acuerdo” con el PAN.
¡Ya hasta andan diciendo, haciendo el símil entre ambos precandidatos, que la izquierda “tiene que decidir entre Chávez y Lula”!
Sí, otra vez el lenguaje divisionista. Regresa el lenguaje polarizador. Sólo que esa es la lectura de ellos, de los adversarios. De los que armaron o secundaron la “guerra sucia” en el 2006. De los que satanizaron el movimiento de defensa del petróleo. De los que alaban la guerra anti-narco y hoy festinan la recuperación del PRI como “una muestra de democracia” y ya hablan de su “inevitable” triunfo en el 2012.
Es decir, que la lectura de la izquierda no puede ser esa, debe ser otra. Para empezar, nada de reproches ni ajustes de cuentas como bien lo señaló Jesús Zambrano, dirigente del PRD, que la decisión de ir sin el PAN en el Estado de México no fue decisión de una sola persona.
Es decir, que es totalmente fuera de lugar hacer de los resultados del 3 de julio un pretexto para cobrar facturas. El hecho es que la izquierda, toda, se unió en torno a Alejandro Encinas y ahora nadie puede venir a reclamar “lo dije” porque entonces jugaba doble, con máscara, no le estaba apostando a la unidad sino a lo que pasó, a la derrota, y a sus propios intereses. Y eso se llama deslealtad.
La idea de que la izquierda debía pelear unida con un candidato insospechadamente de izquierda contra el PRI pero también contra el PAN, fue de todos. Así lo dijeron claramente en su momento tanto quienes se llaman “moderados” como quienes son calificados de “radicales”. Y hay que subrayar en ese sentido que el acto de Ecatepec no fue mera escenografía. Así que más que volverse a dividir por lo que pasó en el Edomex -que además era previsible dado el aparato que se enfrentaba- la izquierda debe ponerse a trabajar para tener un candidato presidencial fuerte y competitivo, que obedezca a las expectativas populares y garantice la defensa de un proyecto ideológico coherente, es decir, sin el PAN y claramente contra el PRI.
Contrario a lo que dicen los analistas las posturas dentro de la izquierda son más coincidentes que divergentes. ¿O es que puede ser más claro el diagnóstico que comparten AMLO y Manuel Camacho sobre las elecciones del domingo? López Obrador ha dicho que confirman que “es prácticamente inexistente la democracia, porque no se trató de comicios limpios y libres… y así gana hasta una vaca”. Y Camacho afirmó: “Si hubiera libertad habríamos ganado”. Ese pues, es el tema: la falta de condiciones para la democracia.
Porque hay otros elementos para el análisis que no podemos dejar de ver. Y hay que tener mucho cuidado con las lecturas equivocadas.
La explicación de la “debacle” para la izquierda y del “atronador” éxito” del PRI podría no ser tan simple. Y mucho menos tan rosa como la pintan los “opinadores”. Ya lo decíamos la semana anterior, que asumiendo incluso que los procesos electorales vividos en los estados de Coahuila, Nayarit, Hidalgo y el Estado de México pudieran evidenciar las grandes posibilidades que tiene el PRI de recuperar la presidencia nadie puede negar que también demuestran lo que los priístas son capaces de hacer para lograrlo, y lo poco que han cambiado en sus vicios y viejas prácticas. ¿O es que alguien puede concluir honestamente que en esos cuatro estados hubo verdadera competencia –condición indispensable de la democracia- y que existió igualdad entre los contendientes? No. Tan simple como que a las cuatro elecciones fue el PRI en mayor o menor medida con las cartas marcadas, siempre con clara ventaja.
Y lo peor es que estos actos no se reducen a los priístas. Lo vimos en las elecciones de hace un año y también lo hemos visto ahora. Las mañas y las trampas no son privativas del PRI. Lo más triste de nuestra realidad política es que el PAN en el gobierno no ha movido un dedo para cambiar las cosas y no solamente ha adoptado las viejas prácticas sino que las ha sofisticado a tal punto que hoy es común la utilización del aparato judicial del Estado para presionar a los adversarios y la difusión mediática de grabaciones ilegalmente obtenidas en contra de quienes no resultan “convenientes”.
El verdadero debate entonces, no es el que nos quieren meter: sobre las “culpas” en la izquierda y tampoco sobre si se perdió por no ir en alianza con el PAN. El debate debe ser sobre el marco legal que permite tanta porquería y tantas inequidades y sobre cómo, en un escenario como el que se tuvo no sólo en el Edomex sino en Coahuila y en Nayarit podría haber ganado no digamos la izquierda, cualquier partido diferente a los que tienen el poder…
Mesura entonces, es lo que necesita la izquierda. Y no caer en la trampa de los adversarios. En su juego. Y menos en su estrategia.
Dirán: es que un porcentaje “tan alto de diferencia” como el que se tuvo en el Edomex no se explica con esas “minucias” Y se equivocan. Precisamente ese porcentaje es la prueba mayor del tamaño de ficción democrática que vivimos. Y esa realidad no puede prevalecer en la elección del año que viene. En todo caso, el dato de fondo es el grado de insatisfacción ciudadana, pues al tenerse allá un abstencionismo de 57.3% (uno de los más altos del país) el porcentaje de votantes fue de apenas 42.7%, lo que reduce el voto por Eruviel Avila (el festinado 62% de ese porcentaje) a apenas un 28.5%, o sea nada.
Eso es lo importante y en eso es en lo que conviene trabajar: en asegurar la transparencia y confiabilidad de las elecciones presidenciales del 2012 (¿cómo cuidarlas?) y antes de eso en el proceso de selección del candidato presidencial de la izquierda evitando, sobre todo, que éste no sea rehén de la estrategia de “guerra sucia” que hoy arremete con nuevos bríos ni de la apuesta de algunos panistas, apuesta con la cual piensan salvarse de la debacle, reviviendo la alianza PAN-PRD.
Hay dos proyectos en pugna efectivamente. Pero no son el de la alianza de la izquierda con el PAN vs. el del PRI sino el de la izquierda y las fuerzas progresistas vs. el que por más de 25 años han compartido el PAN-PRI.
Por eso el camino para la izquierda no puede ser acercarse al PAN, confundir “madurez” o “moderación” con justificar las políticas del gobierno, porque el riesgo no es sólo volver a las políticas del PRI sino reposicionar al PAN abonándole al juego que se juega desde Los Pinos. Las alianzas del PAN con la izquierda, hay que decirlo claramente, son el tema del panismo que no tiene candidato, pero no de la izquierda que tiene grandes posibilidades siempre y cuando no confunda sus prioridades.
Y lo deseable, en lo que se refiera al método para elegir al candidato, es que no exponga debilidades sino antes bien potencie fortalezas, sobre todo por lo que toca al debate que se plantea entre AMLO y Marcelo Ebrard. Porque si ese debate va a girar en torno a quien es capaz de negociar con la derecha y quien no, o quien si acepta privatizar y quien no, es decir sobre quien encarna a Lula y quien a Hugo Chávez, entonces nos vamos a equivocar.
Alguien que mucho puede ayudar en este camino es, sin duda, Alejandro Encinas. Ojalá se sepa aprovechar su enorme capital político, su capacidad de conciliación de sobra manifiesta en estos meses y su innegable ascendiente entre toda la izquierda, para que abone más a la unidad que se necesita.
Pues unidad, unidad y más unidad es la auténtica lección que se desprende de la elección del domingo 3 para la izquierda.

Publicado en Unomásuno el 12 de julio de 2011.

ELECCIONES AL ESTILO PRI… Y PAN

Iturbide, con la Independencia empezaron los fraudes electorales
Los procesos electorales vividos en los estados de Coahuila, Nayarit, Hidalgo y el Estado de México evidencian, sí, las grandes posibilidades que tiene el PRI de recuperar la presidencia en el 2012 pero también lo que los priístas son capaces de hacer para lograrlo, y lo poco que han cambiado en sus vicios y viejas prácticas.


Simplemente, en ninguno de esos cuatro estados hubo verdadera competencia –condición indispensable de la democracia- porque no existió igualdad entre los contendientes. A las cuatro elecciones fue el PRI en mayor o menor medida con las cartas marcadas, siempre con clara ventaja.

Para asegurar esa ventaja, en el Estado de México modificaron la legislación electoral a fin de acomodar las elecciones a los intereses del gobernador y del PRI, quienes además contaron desde el principio con el aval del Instituto Estatal Electoral, el cual se convirtió de hecho en parte de la estructura gubernamental y priísta para favorecer a su candidato.
De nada valieron las denuncias de la oposición, la evidencia, por ejemplo, del video en el que fue captado un funcionario en una reunión entre priístas y autoridades de Chalco revelando el plan gubernamental para coaccionar masivamente la compra de votos en favor de Eruviel Avila. Los consejeros del IEEM, en lugar de sancionar el hecho, turnaron el caso a la contraloría estatal, encabezada por otro priísta quien, desde luego, no hizo nada ni sancionó a nadie. Y lo mismo pasó con la prohibición de difundir propaganda oficial, con los actos anticipados de campaña y con el excesivo gasto en que incurrió el PRI, que rebasó con mucho los límites legales. Para todo hubo salida y olvido.
En Coahuila, igual. Con tal de asegurar la sucesión dinástica de los hermanos Moreira no se escatimó en poner descaradamente a su servicio el aparato gubernamental completo, auxiliado y encubierto siempre, también, por el organismo electoral, cuya actuación se puso en entredicho desde el año pasado mediante denuncias de corrupción y manejos dudosos del presupuesto pero que por si fuera poco quedó al descubierto en su sumisión al PRI gracias a una conversación que trascendió, vía mensajes de texto, entre el consejero Manuel Gil Navarro y el representante del PRI Ramón Verduzco que le pedía orientar su voto en cierto sentido. Después de votar como le pedía el priísta, Gil Navarro le escribió: “va a favor y por un cariñito”.
En Hidalgo, en el colmo, hubo hasta brigadas de choque priistas, brigadas provenientes del Estado de México, dedicadas lo mismo a comprar votos que a quemar urnas. Se registraron actos de violencia aún antes del día de la elección, particularmente en la región de la huasteca, y por supuesto no faltaron los “regalos”, cemento, varilla, despensas, etc., otorgados con recursos oficiales.
En Nayarit, el mandatario priísta Ney González fue denunciado por todos los partidos ante la Fepade por su ostensible intromisión en las campañas y violaciones a la ley por promoción de obra pública.
Pero lo peor es que estos actos no se redujeron a los priístas
No se piense que las mañas y las trampas son privativas del PRI. Lo más triste de nuestra realidad política es que el PAN en el gobierno no ha movido un dedo para cambiar las cosas. Y así se vio ahora, también, en varios estados. En Coahuila, por ejemplo, adonde el dirigente estatal del PRI, José Luis Flores, acusó a Felipe Calderón de utilizar el aparato del Estado para investigar a funcionarios coahuilenses con tal de inducir a los electores. Y en Nayarit, adonde se presentó una grabación de un funcionario que decía tener indicaciones de beneficiar a los aspirantes panistas y se acusó el delegado de la Sedesol en esa entidad, David Rivera Bernal, por desvío de recursos y programas sociales a favor de la candidata del PAN a la gubernatura Martha Elena García.
Dirán que no esto no sólo pasa en México, que es “la condición humana”; pero el hecho es que cada país ha resuelto sus elecciones mediante leyes que garantizan más o menos su transparencia y confiabilidad. Es decir, que gracias a eso no son lo mismo las elecciones en Estados Unidos o en Francia que en México o en Honduras. Y no por razón de raza o condición económica, por cierto, sino por algo muy simple: por el marco legal e institucional que en cada uno de estos países rige. El punto es que México viene de una tradición antidemocrática muy acendrada que no hemos sabido o querido superar. Prácticas amañadas para torcer la voluntad de los ciudadanos que no datan de hace unos años sino que nacen junto con la nación. Y muy seguramente nos vienen de mucho antes.
Nuestras primeras elecciones, las de 1822 para elegir al Congreso Constituyente, se dieron en medio de anomalías serias. Unos diputados fueron electos de acuerdo a la Constitución española, otros de acuerdo a la convocatoria de la Junta Provisional Gubernativa y otros más por mero nombramiento del “hombre fuerte” del momento, Agustín de Iturbide. Y las segundas, las de 1826, que fueron para elegir los congresos estatales que dos años después iban a tener la facultad de elegir a su vez a nuestro segundo Presidente, fueron según Michael P. Costeloe en muchos aspectos “artificiosas” y pusieron de manifiesto “una agudeza política y una habilidad tal vez inesperadas”.
Se refiere Costeloe a que esas elecciones inauguraron una serie de prácticas que luego serían muy comunes pero no por ello menos condenables. En ese tiempo no había partidos, había logias masónicas, la Yorkina y la Escocesa, que con tal de asegurarse el poder no repararon en recursos. Cada logia adoptó su estrategia para atraer votantes. Los yorkinos aprovecharon el descontento general con los españoles para acusar a los escoceses de querer volver a poner al país al servicio de la corona española y los escoceses por su parte, que no se atrevían a atacar a los yorkinos por sus ideas, muy populares, de democracia y federalismo, emprendieron contra ellos una guerra sucia que alcanzó hasta la vida privada de los candidatos. Al final no hubo debate de ideas sino una competencia de insultos y ataques personales. Por si fuera poco, unos y otros enviaron delegados por todo el país generosamente provistos de fondos para coaccionar y sobornar electores y unos y otros también mandaron imprimir boletas con el nombre de sus candidatos y daban dinero a cambio de que los electores las usaran para votar. Como los yorkinos controlaban el gobierno, los empleados gubernamentales fueron amenazados con el despido si no votaban por sus candidatos. Además, el día de las elecciones apostaron a sus secuaces cerca de los lugares de votación y compraban las listas de los escoceses, y a los que se negaban los echaban con insultos de las mesas de votación. Carlos María Bustamante decía que fue tal el mercadeo de votos que varios votantes llegaron a celebrar subastas en las calles para vender su voto al mejor postor.
Francisco de Paula y Arrangoiz describió así nuestras primeras elecciones: “En México, donde no hay opinión formada en el pueblo; donde las elecciones primarias se hacen al arbitrio de los comisionados para formar los padrones, y las de segundo y tercer grado son el resultado de las intrigas que se ponen en ejercicio con los electores primarios y secundarios, el sistema representativo es una verdadera farsa, muy costosa para el país algunas veces. Así es que cada partido tiene a mano sus diputados y senadores: como en el teatro sucede, se sabe con anticipación quiénes son los actores, cuáles los primeros galanes, los graciosos y los bufones, que de todo hay en los Congresos”.
Lo más lamentable es que, como está a la vista, muchas de esas prácticas se mantienen mejoradas y sofisticadas gracias a la tecnología. Muy grave es que después de lo que pasó en el 2006 y del elevado costo que hemos tenido que pagar por la división que generó la insatisfacción por aquellas elecciones, en 5 años que han pasado desde entonces no se ha logrado una reforma electoral que de realmente certidumbre sobre el proceso del 2012 y ni el IFE ha avanzado en credibilidad, al grado de que incluso no hay acuerdo para designar a sus consejeros pendientes. ¿Qué estarán esperando?

Publicado en Unomásuno el 5 de julio de 2011.