miércoles, 11 de abril de 2012

LA PERVERSIDAD DE LAS COALICIONES (CONCERTACESIONES)

Hablábamos en ocasión anterior de la demagogia que encierra la propuesta de los gobiernos de coalición que abandera ahora la señora Josefina Vázquez. Y decíamos que se trataba de un alarde demagógico porque en coalición PANPRI hemos vivido desde diciembre del 88, así que lo único que se pretende es darle continuidad a algo que ya existe y que, incluso, es responsable de todo lo que ha pasado en el país los últimos 23 años.
Es una propuesta, además, tramposa y perversa, puesto que con ella se asegura que se mantendrán intactos los poderes fácticos que han gobernado a sus anchas, al margen de la voluntad popular, desde que Carlos Salinas negoció su estancia en la presidencia, y desde entonces han impedido todo avance democrático convirtiendo las elecciones en meras concertacesiones.
Las concertacesiones las inventaron los salinistas, atenazados por la sombra del fraude del 88, para poder gobernar y asegurarse la permanencia como grupo por “por lo menos 25 años”… Y están a punto de lograrlo. Por eso no son, ni de lejos, una propuesta de democracia. Basta leer los artículos y libros de sus ideólogos. En ninguno de ellos se habla, ni una línea, de que van a dejar de usarse trampas y chanchullos para ganar elecciones. Ellos lo que querían era tener participación del poder, hacer a un lado a los viejos políticos pero no para cambiar sus métodos sino para convertirse en los nuevos amos para repartir el pastel entre quienes ellos quisieran. El polo de izquierda que encabezaba Cuauhtémoc Cárdenas los puso contra las cuerdas, PAN entró al quite, negociaron todo lo negociable, menos el control, y así lo han hecho en los últimos 4 gobiernos.
Su fórmula era muy simple: oxigenar la red de complicidades para que las cosas no cambiaran, “ampliar la coalición gobernante” según sus propias palabras, no para darle una mayor incidencia de los ciudadanos desde luego, sino para dar cierta apariencia de democracia sumando a aquellos sectores “de oposición” que resultaran útiles o afines al proyecto prianista.
No querían una reforma del poder sino hacer “ajustes” y “concesiones”. Hacer elecciones pues, con las cartas marcadas, pero al revés, usando todo el aparato del poder a la inversa de cómo lo hacían en el viejo PRI: contra el PRI y para favorecer a la oposición. Obviamente a la oposición a modo.
En lugar de apoyar al PRI ir en contra del PRI, llevar a campaña candidatos del PRI, y una vez que ganaran, generar conflicto para obligarlos a renunciar y así poderle dar el poder a un panista. Sin tomar en cuenta, claro, ni a la gente ni a los votos.
Igual que ahora, porque después han reproducido esto mediante múltiples variantes. A partir del 2006, por ejemplo, lograron atraerse a una parte de la izquierda, a la izquierda Light; lo cual explica las alianzas panperredistas del 2010 con candidatos del PRI. Incluyendo desde luego, el anzuelo que se lanza hoy de los gobiernos de coalición para evitar el regreso del PRI con el mismo programa que han sostenido por 24 años el PRI y el PAN.
Nada que ver por supuesto con ampliar la influencia de los ciudadanos, mucho menos con ceder poder al la sociedad sino sólo repartir “mejor” el poder. Y esa es, justamente, la perversidad de las concertacesiones, llámense coaliciones o alianzas. Da lo mismo. Que no implican dar mayor poder a la sociedad, al ciudadano sino la continuidad de una serie de intereses y contubernios.
Hay que aclarar que no todos los priístas participan de esta estrategia. Ni todos los panistas ni todos los izquierdistas. Lo que es más, muchos de ellos la rechazan y aún abiertamente la combaten al interior de sus partidos.
El problema es que, como los concertacesionistas tienen los hilos del poder “real” –los medios, muchos recursos, la balanza de la justicia a su favor para presionar y chantajear- quienes no entran a ese esquema la tienen muy difícil.
Pero no imposible.
Fue el caso de Luis Donaldo Colosio, decíamos la semana anterior, quien a ese discurso utilitario opuso otro, el de la reforma del poder, y ni quien se acuerde ya: “Mi propósito es encabezar un gobierno que esté cerca de la gente –decía-, donde la iniciativa popular sea el eje fundamental… ¡El poder ciudadano a la Presidencia de la República! ¡La iniciativa popular a la Presidencia de la República! ¡Viva la organización popular!”. Algo que estorbaba sin duda al destino manifiesto de los animadores del prianismo.
Por eso hoy cuando nos quieren recetar una nueva versión de aquellas concertacesiones, es indispensable recordarlo. Traer a nuestra memoria el contexto de su campaña, de su asesinato. De todo ese año lleno de mezquindad, maquiavelismo y ambiciones desatadas.
Porque el paso de los años hace el efecto de diluirlo todo. Pero la verdad es que el desenlace de aquella campaña, el crimen mismo, no fueron obra de generación espontánea. Y es bueno valorarlo en su justa dimensión y contexto. Porque a Colosio le quisieron quitar la candidatura, a la mala. Ahora se habla de “rumores”, de “malos entendidos”. Pero al “rumor” de que la sucesión del 94 podría tener una salida “negociada” contribuyó un “error” nada menos que de Carlos Salinas, que cuando anuncia el nombramiento de Manuel Camacho como Comisionado para la Paz en Chiapas, prácticamente su rehabilitación como presidenciable, en lugar de invocar el artículo constitucional referente a la facultad presidencial de nombrar ese tipo de comisiones (el 89), menciona el artículo 82 sobre los requisitos para ser Presidente de la República.
Y al Comisionado al parecer le gustó la idea. Y la alimentó con habilidad desde que se negó a reconocer la candidatura de Colosio, hasta el punto de que por primera vez se habla de una alianza PAN-PRD contra el PRI y tan temprano como el día de la protesta del priísta, el 8 de diciembre de 1993, ya se la imagina así en El Diario de Monterrey: “El libreto para estos comicios parece estar resuelto y ser irreversible –se decía en la nota-. Los protagonistas ya están en el escenario y el autor ya escribió el final de la obra en la soledad de Los Pinos: imagínese que en el New York Times apareciera el primer reportaje, por febrero, de ciertas maniobras de los partidos de oposición mexicanos, de encuentros entre Manuel Camacho, Cuauhtémoc Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos, Pablo Emilio Madero y Cecilia Soto. Se discute una gran alianza… En una conferencia de prensa, los candidatos de oposición anuncian que pedirán a sus respectivos partidos sumarse a una candidatura única, de alianza, en favor de Camacho… El 21 de agosto (día de las elecciones), las autoridades electorales reconocerían que la tendencia de los votos favorecería a Camacho… El corresponsal de CNN informaría al mundo que acababa de suceder un prodigio: terminaba la dictadura del partido más longevo del mundo; desde la casa Blanca, un vocero de Clinton se ufanaría de haber roto el monolítico imperio priísta por el puro impulso del TLC… En Los Pinos, el presidente Salinas se iría a dormir de madrugada, no sin antes telefonear a Camacho: ‘Lo logramos, Manuel. Hasta Clinton se la creyó’”.
La traición decíamos la otra vez, anidaba dentro del partido, en el gobierno. Traición y mezquindad porque no era leal, era a la mala insisto, para asegurar el imperio de la “mayoría conservadora”. Por eso Colosio repetía una y otra vez: “No le temo a la competencia, lo que sí rechazo es la incompetencia política”. Sólo que cuando la incompetencia se disfraza de “acuerdos”, de “concertación” y “política realista”, la democracia poco cuenta y todo lo que suene a reforma o a cambio es satanizado. O llanamente descalificado como “radical”. ¿No hubo hasta quien dijo que Colosio era “demasiado” populachero, un “naco” que no correspondía a la imagen de “sofisticación” que emanaba del salinismo?
Bueno, pues eso es el PRIAN, ampliado con esa parte de la izquierda que nunca aceptará a AMLO por las mismas razones por las que se despreciaba hace 18 años a Colosio.
Lo curioso es que ahora hablan de una alianza “útil” nada menos que entre la señora Vázquez y AMLO, como medida “para salvarnos” del PRI. Una aberración. ¿O es que de verdad alguien se imagina a la señora Vázquez declinando a favor de López Obrador y al PAN asumiendo como suyo el Proyecto Alternativo? ¿Realmente existe esa posibilidad?


Publicado en Unomasuno el 3 de abril de 2012.

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